14.9.16

Crecer más rápido y mejor

Comentarios al pedido de facultades legislativas de parte de Fernando Zavala

Todos, o casi todos, coincidimos en la necesidad de crecer también económicamente para lograr un mayor bienestar de todos, a la vez que una disminución de los desequilibrios extremos en la distribución de la riqueza; y que para eso se requiere de empatía y eficacia, dos cualidades en que nuestro presidente del Consejo de Ministros destaca, por vocación y por experiencia.
Estoy de acuerdo con promover la formalización de los negocios, facilitándola, pero, basándome también en los planteamientos de Richard Webb, considero que solo para una parte de los formalizados y de quienes dependen de ellos esto significa una mejora, y como país tenemos que buscar un equilibrio entre formalización y aprovechamiento de lo positivo de la informalidad, que canaliza enormes energías y moviliza grandes recursos, beneficioso para los sectores más pobres de la población e incluso para capas medias, a la vez que reduce la presión salarial a las empresas formales. Muchos pequeños negocios no tienen en la actualidad ninguna posibilidad real de formalizarse sin quebrar. Por eso debemos darle a la formalización un horizonte adecuadamente largo. Hay que tener en cuenta además que forzar la formalización solo aumentará la corrupción y el descontento.
Tanto para la gente como para la economía, incluida la formalización, están entre lo más significativo la anunciada simplificación y estandarización de trámites administrativos, con poda de lo superfluo y énfasis en lo significativo, lo que permitirá además reducir la burocracia inútil y fortalecer la útil.
En todo habrá resistencias activas y pasivas, incomprensión, no saber cómo hacerlo y la comisión de errores, pero poniéndole prioridad, reclutando a profesionales con experiencia de gestión pública y privada y atreviéndose a romper algunos huevos puede ser un colosal avance para el país y para nuestro crecimiento.
En realidad no podremos garantizar la seguridad de todos los ciudadanos y todos los emprendimientos económicos (que de ambos se trata), sí reducir significativamente los índices de criminalidad con medidas preventivas, disuasivas y de castigos justos proporcionales al tipo y grado de delito cometido, centrándose en las asociaciones criminales y mafias. Eso debe aplicarse con igual firmeza a los delitos de cuello blanco, comenzando, como se señala, con la lucha contra el lavado de activos y el financiamiento de terrorismo, además de la lucha contra las mafias del narcotráfico. A eso contribuirá la creación de la Autoridad Nacional de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Datos Personales, así como de la Procuraduría General del Estado, con autonomía funcional, técnica y administrativa, y con selección de los procuradores a través de un concurso público. No se menciona la educación, quizá por considerarla bien encaminada y no necesitar por ahora cambios legislativos, pero incluso en el tema de seguridad vale la pena relacionar la reducción de criminalidad a futuro a una educación que forme no solo mejores profesionales, técnicos, trabajadores y tantas otras categorías de personas, sino también mejores personas y ciudadanos, menos proclives al delito o con menores carencias que los empujen hacia eso, proceso que comienza desde la cuna y la primera infancia.
Es fundamental la importancia asignada a agua y saneamiento, que, además de indispensables para mejorar la salud y para el bienestar, impulsarán las industrias conexas, las ingenierías, así como la descentralización económica nacional y de Lima Metropolitana.

No tenemos tiempo que perder, saludo la sensación de urgencia y la decisión de actuar en consonancia, con prisa pero a paso pausado y firme, con la transparencia anunciada e institucionalizada, en los planes, las ejecuciones, los concursos y los nombramientos, asociando el Estado, donde resulta positivo, con las empresas y otras entidades probas nacionales y extranjeras, ampliando alianzas y reduciendo resistencias, con la seriedad y humor característicos de PPK.

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