17.10.14

Vistazos al Perú

Lima, elecciones municipales 2014


Debo confesar que he votado por la lista de Susana Villarán –eso sí, a regañadientes.
Tomando muchos taxis durante dos semanas he constatado una infrecuente casi unanimidad de sus conductores: Susana honesta, con buenas intenciones, pero inepta. Algunos agregaban, con planes positivos. Todo indica que esa percepción popular es correcta.
Yo había activado por medio de Internet contra la revocatoria, por considerarla perversa, y con la esperanza de que Susana aprendiera de la experiencia. Recuerdo y mantengo el respeto expresado entonces por su integridad, su autenticidad, su ética de trabajo y su dedicación al gobierno municipal así como su contagioso optimismo. Pero eso no basta.
Hay quienes explican su debacle electoral por la implacable campaña de la derecha. Aparte de que no existe “la derecha”, sino un abanico de posiciones fuera de “la izquierda” –así como en su seno-, siendo real la campaña adversa, el abultado marcador en contra se debe principalmente a autogoles. No reconocerlo es un serio lastre para su futuro político y el de quienes la rodean.
Efectivamente, para bien, ella y su entorno lograron después de la fallida revocatoria elevar la mira hacia proyectos ambiciosos importantes para nuestra metrópoli, pero ella no corrigió vicios fundamentales de su actuar, la soberbia y, en particular, el amiguismo, fatales tanto en empresas como en política, que, en lo técnico-político, la hicieron escoger su entorno cercano ejecutivo por su grado de amistad con ella y no por su capacidad. Esa actitud incluyó desdeñar, como me consta, el apoyo gratuito, desinteresado – es decir interesado en el mejor desarrollo de nuestro hábitat y en una política decente-, de muy destacados profesionales, o desoír sus consejos.
Y, en el plano específicamente político, aprendió la necesidad de ampliar alianzas hacia el Centro político (los centros), pero el amiguismo la llevó a incluir a la muy cuestionada Pilar Freitas en su lista, con el agravante de aliarse así con el toledismo en momentos en que éste está en descomposición ante las evidencias de fraude e incoherencias de su máximo dirigente.
Sus numerosos autogoles respecto de iniciativas en principio positivas incluyen la implementación del corredor azul sin los alimentadores y con restricciones a otras empresas, lo que causó caos y provocó muy serios inconvenientes y disgustos a muchas personas, en especial a las del Rímac; la desastrosa primera intervención en La Parada, sin su propia presencia en Lima, y la implementación del nuevo Mercado Mayorista con una selección inadecuada de mayoristas y sin abordar temas como el de servicios tan indispensables como la refrigeración; el cierre simultáneo de todas las subidas desde la Costanera entre el límite de Magdalena y San Isidro y Barranco. Me resulta también incomprensible su entusiasta apoyo a la construcción inmediata de la, en el largo plazo, positiva línea 2 del Metro, cuando lo más urgente para nuestra gran ciudad es la implementación pronta de todas las líneas del Metropolitano, a un cuarto de lo presupuestado para esa línea 2 (que seguramente será solo una parte de su costo final).
Lamentablemente los grandes traspiés han opacado además muchas iniciativas positivas menores, en especial en el campo cultural y en la relación con el comercio informal, pero también en infraestructura urbana.
Ha sido contraproducente su obsesión con atacar a Castañeda en vez de dedicar ese precioso tiempo a explicar sus planes y lo ya avanzado en ellos –a diferencia de lo que demuestra el fulgurante ascenso de Enrique Cornejo después del segundo debate.
Comento que en una reunión de compañeros de colegio el único defensor de Susana fue el políticamente más derechista, valorando su coraje para afrontar problemas difíciles (lo que comparto), debiendo romper huevos para hacer la tortilla (lo que es cierto). Eso es necesario, pero hay que cuidar que no caigan en ella todas las cáscaras en pedacitos y la hagan incomible e indigesta.
No es casual que la gestión de Susana haya tenido más apoyo en los sectores A y B, además de una parte de E –en esta caso por la meritoria construcción de muchas escaleras (que ni siquiera son mencionadas en su reiterada propaganda a toda página en La República, en la que figuran otras once iniciativas).
¿Por qué entonces voté por la lista de Susana?
Como, supongo, muchas personas del resto de ese escuálido ni siquiera 10% y tercer lugar -un desastre para alguien que busca la reelección-, no detecté una alternativa menos mala y creo que el país necesita una fuerza política significativa que se considera de izquierda; además recuerdo mi propio origen político y siento afinidad con muchas de las personas de ese campo (aunque también con muchas de otros campos políticos). Y me siento ahora más libre de expresar mis críticas –post elecciones, para no debilitar aún más su campaña.
Tengo la esperanza, ojalá fundada, de que algunos de los concejales elegidos contribuyan a generar un contrapeso que limite la discrecionalidad del nuevo alcalde y de su mayoría y dificulte actos de corrupción. Y que quizá surjan desde la izquierda personas con mayor perspectiva política y capacidad de gestión.