25.5.16

¡Qué miedo que esa señora pueda llegar a ser nuestra presidenta!


25.5.2016

No se trata de la expresión del susto de un machista contumaz – que los hay, y muchos-, sino la exclamación espontánea de una señora amiga mía, de extracción y residencia en un barrio popular, al preguntarle qué le pareció el debate presidencial. En la víspera había estado indecisa, con parte de la familia por PPK y otra por Fujimori (algo que debe estar pasando a muchas.
He tenido una sensación similar, algo que espero que cale, repensándolo, tanto en quienes ahora le están dando ventaja a ella, como en quienes aún estaban indecisos o pensando expresar su voto de desilusión o protesta en blanco o viciado, un error terrible en estas circunstancias.
No es que yo dudara por quién votar, porque el compromiso con la democracia para mí es básico. Pero sí había dado a Keiko el beneficio de la duda después de su intervención final y compromiso solemne para la primera vuelta, en el sentido de observar durante el quinquenio que viene si su compromiso era real, algo que sería positivo para nuestro país.
Pero no, resultó ser un show efectista. La mansa paloma se convirtió como por arte de magia en una arpía, animal mitológico con rostro de mujer y cuerpo de ave de rapiña, picoteando a PPK, cual alumna aplicada de sus asesores, con mentiras y acusaciones terribles en vez de plantear propuestas. Keiko A se convirtió en Keiko B, desdiciéndose para mal.
Lo central que resulta conteniendo la mochila pesada de Keiko es una caja de Pandora de la que, desde la Presidencia, saldrían ataques demoledores a nuestra institucionalidad ya debilitada, en especial hacia el Sistema Judicial que quieren controlar para no tener que responder de los delitos por los que ya están siendo investigados. La firmeza que ella mostraba ante personajes secundarios se desvaneció cuando se trató de su al parecer principal cómplice financista.
Como a muchas otras personas me ha desilusionado algo el desempeño mediocre de PPK como candidato, así como algunos planteamientos suyos con los que discrepo. Pero valoro:
  • ·       su experiencia y su capacidad de gestión durante medio siglo, tanto en el sector público como en el privado, mucho más positivo que negativo –algo clave para hacer las cosas bien desde la Presidencia
  • ·       su conocimiento real de sectores empobrecidos y marginales con los que ha trabajado desde joven, al igual que su padre, notable médico alemán con espíritu de servicio
  • ·       y, principalmente, su respeto por la democracia y las libertades ciudadanas, en el espíritu de Belaunde, que todos los gobiernos después de Fujimori han tratado de respetar.

Prefiero que podamos a través de PPK respaldar lo sustancialmente positivo para nuestro desarrollo y estabilidad, y poder oponerme, en democracia, a lo que me suscite discrepancias, acumulando fuerzas sociales y políticas para mejorar nuestras capacidades de avanzar en y hacia un desarrollo sostenible.

Y no tener que oponernos radicalmente, con enormes costos, a una dictadura fujimorista de fachada democrática, como las que han destrozado la calidad de vida y la convivencia democrática en tantos países.

26.4.16

La encrucijada y los grandes dilemas

Alfredo Stecher


Los votantes estamos - todo nuestro país está -, ante una encrucijada:
O elegimos a Fujimori, y con ello reforzamos el autoritarismo, la corrupción, el populismo clientelista sin freno, con riesgo de vuelta del indebido peso de los militares en la política, y dejamos el presidencialismo sin contrapeso, con un Congreso imposibilitado de cumplir bien su función fiscalizadora, a la vez que propiciamos el inicio de una dinastía de congresistas mediocres a la cabeza del Estado, afectando la democracia y la imagen de nuestro país.
O elegimos a PPK, y con ello apostamos a más democracia, fortalecimiento institucional, combate a la corrupción, meritocracia, mayor inclusión y transparencia, afirmación del carácter laico de nuestro Estado y una política modernizadora, respetuosa de las libertades y de los derechos humanos. Es positivo su compromiso de asegurar la imprescriptibilidad de los delitos de corrupción (aunque sería más adecuado fijar plazos sustancialmente mayores que los actuales, con graduación según el carácter y la magnitud del delito).
Por tener mal desempeño como candidato (y por olvido dela larga trayectoria democrática de PPK en los gobiernos de Belaunde y de Toledo), la votación será básicamente a favor o en contra del fujimorismo. La diferencia en intención de voto es muy reducida.

Por ello los tres candidatos con mayor votación están afrontando enormes dilemas ante la segunda vuelta, igualmente las franjas de electores que dudan por quién votar.
Keiko, qué ofrecer a otras fuerzas por lo alto y por lo bajo para lograr su adhesión y aumentar la probabilidad de triunfar a pesar de la ligera mayoría nacional decididamente anti fujimorista.
PPK, luego de haber cerrado él y sus contrincantes no fujimoristas la mejor opción, la de apuntar con ellos a un gobierno de unidad nacional, qué concesiones hacer, en particular frente a las expectativas de los votantes por Acción Popular de Barnechea, por el Frente Amplio de Mendoza, también por otras fuerzas políticas, y qué actitudes tener para facilitar su adhesión y posteriormente la gobernabilidad desde el Gobierno y desde el Congreso, pero, lo principal, evitar todo lo que pueda aumentar el algo menor voto anti que el de su contrincante.
Verónika, asumir realmente que un gobierno fujimorista, con mayoría congresal, sería un desastre para el país, como ha afirmado, calibrando qué tiene que hacer para tratar de impedirlo, valorando lo que pueda presentar como concesiones, para facilitar el apoyo a PPK de parte de sus votantes más duros y de algunos que viciaron su voto o se abstuvieron, partiendo de interiorizar, como demócrata, que el grueso del país está prefiriendo una política moderada (incluida la parte de votantes suyos que antes habían optado por Acuña y por Guzmán).
Tanto PPK como el FA y sus otros posibles convergentes en la segunda vuelta tienen que convencerse y convencer a los electores de que respaldar explícita o implícitamente el plan de PPK con sus concesiones no constituyen traición sino realismo y responsabilidad por nuestro futuro como país y el mejor camino para a la vez fortalecer su propia organización y posibilidades políticas futuras.
Hay quienes, sintiéndose de izquierda, creen que es preferible que gane el fujimorismo para agudizar las contradicciones, la estrategia impuesta, por ejemplo, por Stalin a los comunistas alemanes que facilitó el triunfo de Hitler. Fujimori no es ni remotamente un Hitler, pero un gobierno suyo, con mayoría absoluta en el Congreso, sí puede hacer enorme daño al Perú, a su gobernabilidad y, en especial, a sus fuerzas más progresistas de todos los colores.

Es muy difícil derrotar a Fujimori. Podría resultar suficiente el anti fujimorismo, pero de repente no. El mejor camino hubiera sido la apuesta por un gobierno de unidad nacional, presidido por PPK, con concesiones recíprocas así como ministros y otros cargos para cuadros de calidad de o cercanos a todos los partidos involucrados, lo que, a partir de una visión de estadista de PPK, hubiera exigido un compromiso nacional de los demás. No es imposible que algo de eso suceda en caso de victoria de PPK. Estamos acostumbrados a que ocurran cosas improbables; ojalá, para variar, ahora positivas, que faciliten la gobernabilidad y avances a reformas y mejoras sustantivas.
De todos modos conviene intensificar la diferenciación entre PPK y Keiko, con más crítica al fujimorismo en algunos aspectos fundamentales, en especial al autoritarismo y a la corrupción, sin caer en agravios personales ni calumnias, evitando además denigrar a sus votantes, que son en general tan peruanos y respetables como todos los demás, dejando abierta la posibilidad de una futura cooperación en algunos temas y quizá el compartir el gobierno.

A la vez, enfatizar las propuestas, para lo cual se tiene que tratar de entender y atender motivaciones centrales de los diversos votantes por PPK y por los otros partidos y alianzas, además de algunos que votaron por Keiko y al menos de una parte de los más de dos millones que votaron en blanco o viciaron su voto y de los más de tres millones que no votaron por diferentes razones. Es importante evitar que algunas propuestas positivas parezcan ser exclusivas de Fujimori (en su plan de gobierno bien elaborado, pero con muchos puntos cuestionables). La forma puede ser el énfasis de PPK y sus voceros en los puntos que ya contiene su programa y en algunos que no tenía considerados.
Todo indica que, a partir del plan de gobierno de PPK, se puede cubrir un amplio abanico de demandas populares realmente progresistas y factibles, que garanticen un crecimiento económico sostenido y sostenible, mejoren la calidad de vida de todos y favorezcan un clima de mayor confianza de todos los actores sociales y económicos, priorizando los siguientes puntos en la campaña –el masculino incluye a las mujeres (a ser ejecutados en la medida en que resulte económicamente factible según el crecimiento que logremos):
1.     Seguridad para la población y los pequeños negocios, con reorganización, reorientación y moralización radicales de la Policía, con inteligencia y sin brutalidad, así como reforma y modernización del Poder Judicial; cambio de la política antidrogas, enfrentamiento sistemático a las mafias y a los remanentes del terrorismo; énfasis en prevención y rehabilitación, no a la pena de muerte.
2.     En educación, mejora general de la estatal, continuando, ampliando y profundizando las reformas en marcha, gratuidad e incremento sustancial de guarderías infantiles y de jardines de infancia, en todos los distritos del país; adaptación de los programas de estudio a los avances científicos y cambios tecnológicos, y ampliación sustancial de becas para estudiantes de formación técnica y superior para las entidades de mayor calidad, estatales y privadas; mayor apoyo a la investigación básica y aplicada así como al desarrollo tecnológico.
3.     En salud, establecer la gratuidad de la atención y elevación de su calidad en todos los establecimientos estatales; y ningún poblado importante ni ningún distrito sin al menos una posta multifuncional bien dotada de personal y de recursos; respeto al derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo.
4.     En alimentación, ampliación sustancial de cobertura, mayor eficiencia y mejor calidad nutricional de los programas asistenciales que cubran todos los distritos rurales y de las periferias urbanas, y bolsones de pobreza en las ciudades, con cooperación activa de los beneficiarios, así como continuación de medidas para estimular y favorecer una mejor nutrición en general, incluyendo estímulos al desarrollo rural y una mayor promoción de la agricultura familiar y de la ecológica, con seguro agrario.
5.     En agua, agua potable y alcantarillado a domicilio para todos los poblados rurales y urbanos, un millón de microreservorios para pequeños productores en toda la Sierra y proyectos de riego reservados para pequeños agricultores y sus asociaciones; defensas ribereñas y reforestación de cuencas.
6.     Combate a la discriminación de todo tipo (racial, de origen geográfico y social, de lengua, de género, sexual y por convicciones políticas y religiosas, así como por discapacidades), y a la violencia interpersonal e intrafamiliar, con estímulos, normas y su fiscalización.
7.     Simplificación de normativas con aumento de efectividad, y reducción sustancial de trámites inútiles o contraproducentes en todos los servicios del Estado así como disminución del tiempo para realizar los necesarios.
8.     Fomento de la inversión y exigencia de calidad y control de la responsabilidad tributaria, social y ambiental de las grandes empresas frente a su entorno, su personal, sus proveedores y sus consumidores, en especial las mineras y de hidrocarburos, así como las de alimentos y medicamentos.
9.     En desarrollo urbano, cooperación con las ciudades para la mejora del transporte público y de mayores facilidades de acceso para los pueblos jóvenes en las laderas de los cerros, y construcción de viviendas sociales de calidad, ampliables.
10. Fomento de deporte y cultura, y ampliación de la infraestructura necesaria (como canchas polideportivas, gimnasios, apoyo para competencias internacionales), fomento de actividades culturales y su estímulo en provincias (como centros culturales, museos, teatro, cine, fotografía, narrativa y poesía, música, artesanía, artes pictóricas y plásticas), respaldo a la arqueología y lingüística.
11. Mejora de la administración pública en todos los niveles, con transparencia y obligación de información periódica, apoyo técnico a las regiones y municipalidades para el diseño e implementación de sus inversiones, ampliación y mejora de la infraestructura de transporte y comunicaciones, freno a la deforestación.
12. Para todo ello, estabilidad económica con crecimiento sostenido, sin descontrol de la inflación, diversificación de la oferta exportable y fomento del turismo receptivo e interno, cuidado para la generación y fortalecimiento de bienes públicos, apoyo a emprendedores, aumento del empleo y seguro de desempleo, reajuste anual del salario mínimo, preservación de los intereses nacionales en los intercambios internacionales, renegociación de contratos por gas de Camisea, mayor reducción de la pobreza, política de buena vecindad.

  1. Debería asumirse, como en el plan de FP, continuar la implementación de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y de la Reconciliación, agregando la continuidad de esa labor, con la mayor objetividad posible, para seguir inmunizando a nuestra sociedad respecto de los flagelos vividos.


Debemos apelar a la responsabilidad y esfuerzo de todos
y a la esperanza y fe en nuestro futuro.

¡Un enérgico no al fujimorismo en la Presidencia
además de su peligrosa mayoría en el Congreso!

¡Por un Perú democrático, moderno y progresista!


13.4.16

Balance: cuatro ganadores: 3 K y todo el país

Alfredo Stecher

Es realmente curioso que hayan ganado tres candidatos con la poco frecuente letra K en sus nombres.
Keiko, por haber tenido de lejos la más alta votación y logrado mayoría –o casi- en el Congreso (no faltarán tránsfugas abiertos o velados para asegurarla), gracias a su carisma y la buena organización de su otra vez novísimo partido.
PPK, por haber pasado, aunque con angustias, a la segunda vuelta, a pesar de un pésimo diseño de su campaña y un desempeño personal muy criticable, con insultos inaceptables a la candidata de izquierda (más la ayudita del JNE sacando al impresentable Acuña y al caudillo Guzmán con leguyeladas).
Verónika, por haber levantado de la casi nada a una izquierda con planteamientos erróneos, pero la más seria dentro de ese fragmentado espectro, gracias a su carisma y serenidad (ayudada por la patanería de PPK, más la eliminación del inefable Guzmán), así como haberla llevado bajo sus propias banderas a una presencia importante en el Congreso.
Nuestro país, por haber mantenido la chance de poder derrotar al fujimorismo en segunda vuelta, a favor de una alternativa ahora claramente mejor, apoyada en el amplio antifujimorismo; y por haber sepultado las carreras de García y Flores, llevado al APRA y al PPC al borde de la insignificancia, y haber probablemente aniquilado al nacionalismo humalista (y de paso al exabrupto llamado Urresti y la carrera política de Susana Villarán), junto con dar algún vuelo a Acción Popular, el más decente de los partidos tradicionales. Las dos alternativas garantizan una cierta estabilidad durante el próximo quinquenio, pero la de Fujimori pocas mejoras reales, clientelismo al por mayor y severos riesgos para la institucionalidad (dependiendo de cuán seria o no es su promesa de cambio).
Lamentablemente también ha salido relativamente ganador, increíblemente, Acuña, por la buena votación obtenida por su seudo partido, Alianza para el Progreso, a pesar de un jefe candidato impresentable. Es necesario analizar las razones, que incluyen la construcción de una organización basada exclusivamente en el clientelismo. Y, a costa de la derrota del nada amplio Frente Amplio, el ultraizquierdista Santos, confirmando su limitada mayoría en Cajamarca, basada en la política antiminera azuzada por ambos así como por los errores pasados y algunos presentes de Yanacocha (más perlas reaccionarias como la declaración del presidente de la Sociedad Nacional de Minería y Petróleo calificando a la ley de consulta como estupidez, solo obstáculo para la inversión en minería, criticada eso sí por sus pares a nivel internacional).

Es esperable que algunos candidatos jefes de partido, en particular, García, negocien con Fujimori su apoyo, a cambio de garantías personales y quizá de cargos públicos para gente suya, pero su capacidad de trasvasar sus votos al fujimorismo es reducida (aunque puede ser suficiente para que gane si no hay una amplia coalición de fuerzas anti fujimoristas). Yo prefiero las posiciones propositivas, pero, en este caso, la única posibilidad de vencer al adversario común es usar el anti, fundamental mientras no se evidencie un cambio positivo sustancial en la conducción del fujimorismo a través de Keiko, no por palabras sino por su comportamiento, ojalá desde la oposición; por lo pronto está comenzando muy mal.
Mucho depende de la decisión del Frente Amplio de sumarse, de abstenerse o de dar libertad a sus votantes (la minoría significativa que no se la tomarán por su cuenta), que puede darle la victoria al fujimorismo. En este momento histórico es fundamental una política realmente amplia, con concesiones mutuas, de todos los que se oponen de verdad al fujimorismo.
¿Tendrán Verónika y sus cercanos la madurez suficiente para no facilitar el triunfo de Keiko? Sería muy triste y dañino para nuestro futuro como país y para su futuro político si no. ¿Entenderán que Fujimori, con mayoría en el Congreso, nos puede hacer mucho daño? ¿Que, a pesar de sus muchos defectos, PPK garantiza un gobierno del mayor éxito económico posible en las actuales circunstancias, indispensable para un más significativo crecimiento de los ingresos, la continuación de la reducción de la desigualdad, y una mayor redistribución (en parte por más educación y salud públicas, ojalá de mejor calidad), sin intentos, como en caso de victoria de Fujimori, de desfigurar nuestra endeble democracia con una mayor manipulación y deterioro de las instituciones, y corrupción aún más generalizada.
Llamar a la unidad contra Fujimori es no traicionar a sus propios electores.
Aunque ahora no parece en absoluto, no niego la posibilidad de que Keiko pueda evolucionar tanto que le sea posible cumplir con su reciente solemne promesa y ser menos perjudicial, pero, mientras no lo demuestre desde la conducción de su partido y de su mayoría parlamentaria, PPK es claramente la mejor opción o el mal menor, según la perspectiva de cada quien en el amplio espectro muy crítico del fujimorismo o que lo abomina.



9.4.16

¿Qué nos espera?

 Alfredo Stecher

¿Qué es lo menos malo que nos puede pasar este domingo de elecciones tan irregulares?
Que pasen a segunda vuelta Fujimori y PPK (los demás no tienen chances). Es una alternativa con serias deficiencias (he bajado bastante mis expectativas en PPK), pero la escena política no ha generado algo mejor.
Si así termina la primera vuelta, la irrupción y ascenso de Verónika Mendoza podrían terminar siendo principalmente algo muy positivo: el refuerzo de algunas demandas económicas y sociales justas, la reaparición con mayor fuerza de la izquierda en la escena política, como oportunidad para generar una alternativa, a través de una oposición seria y la construcción de un partido democrático de masas, y para acumular experiencia; un susto para la derecha, lo suficiente para obligarla a ser menos de derecha, no tanto como para que tire el tablero, en este caso económico, porque no es tiempo de golpes militares.
¿Qué podemos esperar de PPK?
Lo mejor, una eficiente implementación de su programa de gobierno, con vacíos y algunos problemas, pero positivo y realista, cuyo contenido y aplicación podrían ser mejorados por presión intelectual, social y política, en un marco de menor corrupción, con mayor capacidad que otros para presionar a las grandes empresas a adoptar y aplicar la responsabilidad social que se les exige y que muchos pregonan; lo peor, que resulte un gobierno no mucho mejor que el de Toledo, en parte por boicot de otras fuerzas, en parte por empeoramiento de la economía mundial, uno más de la sucesión de gobiernos mediocres.
Bajo estos sin embargo mejoró mucho la situación económica del país y de una enorme mayoría de la población, en particular su calidad de vida; con aún demasiada desigualdad económica y social, pero con tendencia decreciente, debida a grandes inversiones privadas y del Estado, así como a la pujanza de nuestros emprendedores, también a profundos cambios culturales, a presión sobre las grandes empresas, y a algunas políticas positivas gracias a los diversos movimientos sociales, además de mayor sensibilidad respecto de la corrupción.
¿Por qué sería potencialmente nefasta una eventual victoria de Verónika en la segunda vuelta, a pesar de sus cualidades personales?
Porque no tiene ni la experiencia, ni los cuadros necesarios, ni el suficiente respaldo político y social, y enfrentaría boicot activo o pasivo desde partes del propio Estado, pero, principalmente, porque su plan de gobierno y lo que el Frente Amplio ha proyectado de este a la opinión pública y a las fuerzas económicas, es una política ilusa y sectaria, generadora de grandes problemas y de una enorme inestabilidad política y económica.
¿Alguien cree que la mitad de la intención de voto por su candidatura, procedente de quienes primero apostaron por Acuña y luego por Guzmán, es un voto de izquierda?
Se trata de orientaciones en parte centristas, en parte para dar la contra al establishment, apostando por alguien novedoso (también PPK, porque pocos lo recuerdan vivamente), pero que dejarían de apoyar al gobierno apenas sus primeras medidas les recuerden el primer gobierno de García. Cuando el Frente Amplio aparecía entre Otros, la gran mayoría de intención de votos no fujimorista iba dirigida a candidatos centristas, como Guzmán, y populistas, como Acuña, obviamente sin noción programática.
¿Tendría que suceder lo más negativo?
Sí, por las inconsistencias, falta de priorizaciones, economicismo, y de gran parte del plan de gobierno, y el carácter ultra de diversos aspectos, unido a su cortoplacismo, a pesar de la participación de personas con calidad profesional, pero en parte con poco realismo, más bien académica y de poca destreza política, con énfasis en lo cuantitativo, en que se nota también la presión negativa de Tierra y Dignidad. Se nota la falta de experiencia en gestión, escasa en nuestro país, más grave en la izquierda, por exclusión y autoexclusión.
La parte macroeconómica, aunque con algunos problemas importantes, es de lo más coherente (hay partes que podría asumir PPK), pero, en conjunto, con un defecto gravísimo: En la ciencia económica existen las palabras mágicas “ceteris paribus”, es decir, si todo lo demás no cambia, lo que permite construir lindos modelos, como los que fundamentaron la nefasta economía neoliberal (felizmente nunca del todo aplicada en nuestro país). En esos modelos todo cuadra, excepto que, en contra de su supuesto iluso, todo cambia siempre, aún más cuando una fuerza política no realista, como el APRA del primer gobierno de García, logra ganar las elecciones, o, bajo otro signo, que triunfe el FA. A partir de ese momento gran parte de los supuestos del modelo económico se derrumba. Algo de consecuencias que pueden ser terribles. Felizmente la ciencia económica ha avanzado mucho, recuperando su carácter inicial de ciencia social, como lo evidencian muchos premios Nobel de las últimas décadas.
¿Eso implica renegar de objetivos justos y correctos, progresivamente alcanzables?
De ningún modo, la pedagogía política debe incluir todo, con empatía y cuidado, la práctica debe centrarse en lo que permiten las fuerzas. Hay que evitar dogmatismo y extremismo, partir con realismo de las capacidades existentes y de lo ya avanzado, corrigiendo paulatinamente lo negativo, jerarquizando, priorizando algunos temas más importantes y urgentes, evitando los mayores riesgos, con tolerancia, propiciando el diálogo y la concertación con quienes están dispuestos, con decisión a la vez que cautela, con flexibilidad en lo por ahora secundario, para lograr alianzas amplias y sólidas, ser cautelosos, asumir algunos conflictos en lo prioritario pero evitar o minimizar los demás, y evitar polarización aislante, avanzar paso a paso, generando y aprovechando condiciones propicias, estar atentos al ánimo popular, tratando de encauzarlo positivamente.
¡Cuán difícil es lograr lo mejor para las grandes mayorías y mayor peso en la escena internacional!
¡Cuán fácil es traer abajo lo avanzado o incluso pasar a ser un Estado fallido!
¡La izquierda haría bien en basarse en el Acuerdo Nacional!
¡Avancemos!

alfredostecher.blogspot.com

8.4.16

Euforia, preocupación profunda y reflexión

 Alfredo Stecher

Es comprensible la euforia de la izquierda, la parte agrupada en el Frente Amplio –la idealista, la que no lo es tanto y la que no lo es- por el avance vertiginoso de su candidata en intención de voto. Pero todo izquierdista serio debería reflexionar sobre el efecto de un eventual triunfo electoral prematuro en la gobernabilidad de nuestro país y en el futuro de la izquierda, en un entorno cada vez más problemático.
¡Quién hubiera esperado que gracias a la pésima legislación electoral, la indescriptible miopía o manejo turbio del Jurado Electoral, con descalificación de dos candidatos, lo insulso de Barnechea y la equivocada estrategia electoral de PPK, junto con su deplorable desempeño electoral, iban a llevarnos a una ahora probable segunda vuelta entre dos mujeres! Algo en principio positivo como avance de la mujer en la escena política, pero un terrible dilema para gran parte de los electores, en especial para quienes pensamos en perspectiva de cambio con gobernabilidad. El triunfo de cualquiera de las dos, más allá de sus cualidades y defectos personales, puede resultar una pesadilla para nuestro país, por su entorno y lo que está detrás como ideología y como fuerza política. Es importante que todos pensemos bien nuestros votos.
Es terrible la posibilidad de que gane el fujimorismo, mientras su práctica durante al menos un período gubernamental no evidencie sinceridad del solemne y, en principio, positivo compromiso de Keiko de romper con el legado de su padre, para convertirse en una conservadora populista no mafiosa. Y es sumamente preocupante la posibilidad de que gane Verónika, con base principalmente en su personalidad, energía juvenil y simpatía, criterio principal para muchos votantes, además del interés personal, en un proceso electoral en que el debate programático ha sido un gran ausente.
Para preocuparnos se combinan su escasa experiencia política, la debilidad y problemas serios de su apoyo partidario, pero, aún más, dos problemas gravísimos: la muy equivocada orientación de su plan de gobierno, además de ser en gran medida incumplible aún en las mejores condiciones, cuya inexistencia es el segundo problema básico, la absoluta insuficiencia de apoyo ciudadano para grandes cambios y la esperable cerrada oposición de gran parte de los partidarios de los demás partidos, principalmente de fujimoristas y apristas, desde fuera y desde dentro del Estado, incluidas la policía y fuerzas armadas, de la jerarquía de la iglesia católica y de diversas iglesias evangélicas, del empresariado, de muchos medios de comunicación, de los otros Poderes del Estado, con un Congreso mayoritariamente en contra. En resumen, el peor de los escenarios incluso para grandes cambios necesarios y correctos, pero con visión cortoplacista, y potencialmente catastrófico por cambios incorrectos que implican enfrentamientos con casi todos a la vez, desde concepciones y propuestas de buenas intenciones, pero en gran parte equivocadas.
Tiene valor el antifujimorismo, pero es, aunque mayoritario en la población, una base absolutamente insuficiente para gobernar si no es encabezado por una fuerza política aglutinadora, siguiendo la orientación del Acuerdo Nacional. El Frente Amplio no tiene esa capacidad ni esa voluntad, al contrario, rechaza ese imprescindible camino.
Mi apoyo sigue siendo para PPK como mal menor, que combinará lo mejor del mediocre gobierno de Toledo con condiciones para que se desarrolle más una alternativa de izquierda seria, ojalá con inclinación hacia el centro, desde actitudes de colaboración y desde una oposición ojalá constructiva.
Continuaré con un análisis del plan de gobierno del Frente Amplio.



7.4.16

Ataque a PPK en un vil artículo en la revista Poder

Alfredo Stecher


El 6 de abril apareció un artículo de Pedro José Llosa en la buena revista Poder, con el título La dama y el vagabundo (tomado de la película de Walt Disney), que contiene un ataque ridículo e inaceptable contra PPK.
Aclaro que no tengo vínculo con el Partido PPK ni por su candidato, ni lo conozco personalmente. Para quienes no lo saben, preciso que por mi salud ni quiero ni puedo asumir cargos, sí seguir como analista político independiente.
Mis apreciaciones sobre PPK, al que, sin ser impoluto, considero el menos malo de los candidatos, se basan en su buen desempeño como ministro de Toledo, responsable, junto a otros, de lo positivo que sí hubo en ese gobierno. No es casual la enorme diferencia entre la intención de voto por PPK y la de Toledo. Sí tengo amistad con algunos de esos ministros y sus viceministros, que siempre me han relatado una imagen de PPK positiva, de ponderación y buen criterio que priman sobre sus errores de entonces y en su mala campaña electoral.
Es clave recordar que ese período, de destacado manejo económico, ha sido el único en los últimos lustros en que la Policía Nacional ha mejorado significativamente su organización, su efectividad y su moral, con respeto de la normatividad, mejorada, todo lo cual en los siguientes gobiernos ha empeorado terriblemente, agravando la inseguridad para la ciudadanía, sus familias y sus negocios, especialmente para los pequeños.
Polemizando con Llosa: Es increíble considerar a PPK el más fujimorista de los fujimoristas, con argumentos aplicables a muchas personas también absolutamente no fujimoristas, y caracterizarlo a partir de un exabrupto y una disculpa chueca (algo lamentablemente humano y demasiado frecuente). De allí a acusarlo de pobreza moral hay un enorme trecho.
Considero a Verónika Mendoza inteligente y honesta, superior en tacto político, además de otras virtudes, pero me preocupan el riesgo de que una amplia opinión anti izquierda facilite el triunfo del fujimorismo, y que el llegar ahora a la presidencia, prematuramente, sin las necesarias condiciones, puede tener consecuencias probablemente terribles para nuestro país y significar su inmolación política. Tengo por ella mis mayores simpatías, pero considero absolutamente insuficiente su experiencia política y al parecer nula, la de gestión, algo clave para gobernar bien. Aún eso podría ser en parte remediado, si se basara en un partido de izquierda con visión amplia y realista, sólido y con algunas experiencias de gobierno resaltables, a cualquier nivel, e iniciativas legislativas importantes. Pero ni siquiera cuenta con cuadros con nivel de estadistas, como se expresa en su lamentable Plan de Gobierno. Reconozco que la acompañan muchos intelectuales y algunos políticos con cualidades positivas (pero en general insuficientes). Tengo mucho respeto por varios y amistad con algunos. Pero lo que vale en esto es el análisis político y no la amistad. Hago votos por que Verónika desarrolle su liderazgo con una política amplia, que la prepare a ella, a nuestra sociedad y a su partido (rompiendo con el fundamentalismo ultra) para ser más adelante una exitosa presidenta y gobierno. Estoy dispuesto a apoyarla en eso desde lejos.
Hay tantas experiencias en la historia latinoamericana y mundial, incluso en el presente, de intentos de cambio radical inmediato de modelo que terminaron en desastres. Aprendamos de lo que nos enseña el pasado.
En mis frecuentes escritos en blog propugno cambios radicales, algunos en la misma perspectiva que Frente Amplio, pero al ritmo que las capacidades propias y las correlaciones de fuerzas permiten, lo que exige una inmediata pero cautelosa y progresiva mejora del Estado, aprovechando lo positivo de la actual normatividad y anulando en lo posible lo negativo, con impactos en todos los ámbitos de la sociedad; la concentración de esfuerzos en lo más apremiante para la ciudadanía, la corrupción, la inequidad, la inseguridad y la injusticia; así como en lo que es clave para nuestro futuro, reformar integralmente la educación, priorizando la calidad y no lo cuantitativo (en que también se debe avanzar), con énfasis en la parvularia y primaria; complementándolo con la generalización de guarderías para una mejor atención material y pedagógica a la primera infancia y para facilitar el trabajo de las madres fuera del domicilio, todo lo cual generará mejores ciudadanos.
Teniendo algunos serios vacíos, el Plan de Gobierno de PPK es el más sólido.
Tener un buen plan y aplicarlo bien exige visión de estadista, suficiente estabilidad, política amplia de alianzas y no enfrentarse con casi todos a la vez, algo siempre erróneo y pernicioso, sin un amplio respaldo ni una muy amplia mayoría congresal, que posibilitarían ampliar algo el abanico de objetivos inmediatos. Cada período de gobierno debe atacar los problemas centrales más urgentes en la medida de las fuerzas disponibles, manteniendo un marco de crecimiento económico y preparando las condiciones para las siguientes profundas transformaciones. Fallar puede tener nefastas consecuencias.
Con su referencia a borceguíes, o sea botas, Llosa insinúa que PPK es militarista, algo francamente ridículo, como es también una total falta de respeto calificarlo de vagabundo. Es insólito culparlo de plegarse a la primera bandera que lo ayude a llegar al Poder, que es una mentira. A diferencia de varios otros candidatos ha construido su propio partido para eso. Hasta Mendoza se basa en un partido que no es el suyo, por seguir con inscripción electoral (Tierra y Libertad, de negativo ultrismo, que ha marcado su Plan de Gobierno).
Han bajado mis simpatías por PPK, pero me sigue pareciendo el mal menor para nuestro querido Perú, ante dos alternativas de potencial terrible. Además toda polarización entre extremos es sumamente peligrosa.


6.4.16

Euforia, preocupación profunda y reflexión

Alfredo Stecher

Es comprensible la euforia de la izquierda, la parte agrupada en el Frente Amplio –la idealista, la que no lo es tanto y la que no lo es- por el avance vertiginoso de la candidata de su candidato en intención de voto. Pero todo izquierdista serio debería reflexionar sobre el efecto de un eventual triunfo electoral prematuro en la gobernabilidad de nuestro país, en un entorno cada vez más problemático.
¡Quién hubiera esperado que gracias a la pésima legislación electoral, la indescriptible miopía o manejo turbio del Jurado Electoral, con descalificación de dos candidatos, lo insulso de Barnechea y la equivocada estrategia electoral de PPK, junto con su deplorable desempeño electoral, iban a llevarnos a una ahora probable segunda vuelta entre dos mujeres! Algo en principio positivo como avance de la mujer en la escena política, pero un terrible dilema para gran parte de los electores y quienes pensamos en perspectiva de cambio con gobernabilidad. El triunfo de cualquiera de las dos, más allá de sus cualidades y defectos personales, puede resultar una pesadilla para nuestro país, por lo que está detrás como ideología y como fuerza política. Es importante que todos pensemos bien nuestros votos.
Es terrible la posibilidad de que gane el fujimorismo, mientras su práctica durante al menos un período gubernamental no evidencie sinceridad del solemne y, en principio, positivo compromiso de Keiko de romper con el legado de su padre, para convertirse en una conservadora populista no mafiosa. Y es sumamente preocupante la posibilidad de que gane Verónika, con base principalmente en su personalidad, energía juvenil y simpatía, criterio principal para muchos votantes, además del interés personal, en un proceso electoral en que el debate programático ha sido un gran ausente.
Para preocuparnos se combinan su escasa experiencia política, la debilidad y problemas serios de su apoyo partidario, pero, aún más, dos problemas gravísimos: la muy equivocada orientación de su plan de gobierno, además de en gran medida incumplible aún en las mejores condiciones, cuya inexistencia es el segundo problema básico, la absoluta insuficiencia de apoyo ciudadano para grandes cambios y la esperable cerrada oposición cerrada de gran parte de: los partidarios de los demás partidos, principalmente de fujimoristas y apristas, desde fuera y desde dentro del Estado, incluidas la policía y fuerzas armadas, de la jerarquía de la iglesia católica y de diversas iglesias evangélicas, del empresariado, de muchos medios de comunicación, de los otros Poderes del Estado, con un Congreso mayoritariamente en contra. En resumen, el peor de los escenarios incluso para grandes cambios necesarios y correctos, pero de visión cortoplacista, y potencialmente catastrófico por cambios incorrectos que implican enfrentamiento con casi todos a la vez, desde concepciones y propuestas de buenas intenciones, pero en gran parte equivocadas.
Tiene valor el antifujimorismo, pero es, aunque mayoritario en la población, una base absolutamente insuficiente para gobernar si no es encabezado por una fuerza política aglutinadora, siguiendo la orientación del Acuerdo Nacional. El Frente Amplio no tiene esa capacidad ni esa voluntad, al contrario, rechaza es imprescindible camino.
Mi apoyo sigue siendo para PPK como mal menor, que combinará lo mejor del mediocre gobierno de Toledo con condiciones para que se desarrolle más una alternativa de izquierda seria, ojalá con inclinación hacia el centro, desde actitudes de colaboración y desde una oposición ojalá constructiva.
Continuaré con un análisis del plan de gobierno del Frente Amplio.



4.4.16

Me encantaría poder votar por una mujer

Alfredo Stecher


Me encantaría poder apoyar a una mujer para y en la presidencia. No solo por ser mujer, sino por su capacidad, muchas veces superior a la de hombres en situación similar. Toda mi vida, desde el colegio, la universidad, mi vida política, en Ideas, en Recursos, en BioLatina, he procurado la mayor participación posible de la mujer, su mayor desarrollo posible y su acceso a los mayores cargos para los que estaban preparadas, inicialmente sin tener conciencia de los movimientos feministas, pero pronto apoyándolos.
Como no puedo apoyar al fujimorismo, espero alguna vez poder apoyar a Mendoza, si evoluciona positivamente, pero no por ser joven (lo seguirá siendo por lustros) sino por seguir estando comprometida con cambios profundos, moderna y ojalá más abierta, con experiencia no solo de maestra y congresista, sino también de gestión política. También estoy muy a favor de una mayor participación de los jóvenes en la política (en realidad, una combinación de todas las edades), pero paso a paso, tanto para evidenciar en la práctica su ética y sus capacidades, como para ampliar y consolidar estas hasta la adquisición de la experiencia necesaria para los cargos más elevados.
Me simpatiza, pero no logro calibrar bien a Mendoza como persona y política, por desconocimiento, pero sí estoy convencido de que no tiene la experiencia necesaria de gestión gubernamental. Por el mismo pie cojea gente como Arana y todo el país debería estar preocupado por la posibilidad de que cogobierne con Mendoza. Ella tiene un equipo económico con experiencia académica y algo de práctica, pero en el plano político bastante cuestionable.
Me parecen muy equivocados algunos puntos de su programa y de su propaganda, pero aprecio otros, en particular su posición a favor de la agricultura ecológica y contra los transgénicos, que efectivamente está ausente en otras candidaturas (no la preocupación ecológica), pero siendo importante, y debiendo seguir luchando por ella, confío que con ayuda de Mendoza, no es lo más importante en la conducción inmediata del país.
Con Mendoza, aunque no se confirmen las denuncias, como preferiría, corremos un enorme albur y la casi certeza de fracaso inmediato y para las siguientes justas electorales por descrédito adicional de la izquierda. En el caso de Susana Villarán la he apoyado un tiempo, equivocándome al valorarla mucho más que lo que la experiencia luego ha mostrado –una gran decepción.
PPK, que no es de la alta aristocracia, como alguien afirma, que estudió con beca, sí es expresión de un enorme éxito personal, anhelo de todos los emprendedores, con capacidad de gestión política demostrada al pasar a priorizar su voluntad de servicio al país (que entiendo también como homenaje a su padre), sabemos de qué pie cojea –y cada vez cojea más (lo del gas es un tema aparte)-, pero no nos causará ningún sobresalto y gobernará democráticamente, bastante bien, como la parte mejor o menos mala del gobierno de Toledo, debida a él, lo que facilitará el desarrollo de alternativas para el futuro, tanto desde la oposición como desde el Estado mismo. Y no necesitará probar tantos errores como algunos creen (con razón) necesitará cometer Barnechea antes de achuntarle a algo (en esto hay exageración, pero no demasiada, porque para evitarlo hay que tener experiencia de gestión, que él no tiene).
Barnechea es hijo de hacendados de Ica, nieto de latifundista vasco, pariente de ex presidentes de Bolivia, graduado de Harvard (que se sepa, sin necesitar beca), todo lo cual no lo descalifica en absoluto, al contrario, es un indicio -no prueba- de alto nivel cultural, algo positivo. Sí lo es su producción de libros-, pero no lo convierte, como dijo fanfarronamente, en realidad en campesino iqueño (algo perdonable, pero inadecuado). Lo que sí lo descalifica es la afirmación de que PPK es lo mismo que el fujimorismo, que obviamente no es cierta, y que disminuye la posibilidad de una necesaria política amplia de alianzas desde el Gobierno o desde la oposición.
Ser de izquierda es con frecuencia un indicador de mayor interés por las mayorías, pero no una prueba de que se las va a favorecer objetivamente a la larga, como han demostrado tantas experiencias populistas (claro que también las de derecha), y otras peores. Muchas veces es más bien una expresión de resentimientos-comprensibles, pero no constructivos.
Es probable que gran parte del electorado de los diferentes candidatos comparta características básicas de ubicación en la vida, y de honestidad o deshonestidad, y que debemos respetar a todos, a la vez que tratar de que conozcan mejor qué significa probablemente para el próximo período presidencial la victoria electoral de cada candidato y partido.
Cuando votamos por un candidato a presidente, debemos pensar en el conjunto del país, aunque nos decepcione respecto de algún área de nuestro especial interés, como para mí, la agricultura orgánica y la moratoria a los transgénicos, lo que hacemos bien en priorizar cuando el voto es por congresistas, entre los que tienen chances de ser electos (si ninguno ad hoc, algunos de los más inteligentes y abiertos).
Si no hay riesgo de que gane un candidato a la presidencia que uno considera malo, como a mi juicio Fujimori, que arrastra un terrible legado político y tampoco tiene capacidad de gestión estatal, podemos darnos el lujo de votar por el que más nos convence, independientemente de sus chances de ganar, con la idea de darle respaldo a su partido y a su proyección a futuro. Y, en el caso de congresistas, si los bastante seguros de entrar cubren nuestras preocupaciones especiales, podemos respaldar a alguien sin chances pero que queremos promover.
Pero ese riesgo es enorme, por lo que debemos sopesar nuestro voto con mucho realismo, que no significa abandonar ideales ni dejar de luchar por ellos.


28.3.16

Nuestro dilema electoral

 Alfredo Stecher


La irresponsabilidad del Congreso y del JNE nos ha llevado a una situación deplorable para nosotros mismos y ante la vista del mundo interesado en nosotros y a favor de la democracia. Asumo, sin certeza, que la legislación que rige las elecciones había sido elaborada con buenas intenciones, pero, como en muchas otras ocasiones, nos ha acercado al infierno político. Eso había sido advertido con mucha antelación y precisión, y no corregido.
No puede ser que, avanzado el proceso, haya incertidumbre sobre quiénes seguirán siendo candidatos; tampoco, que sean eliminadas candidaturas por fallas formales, merecedoras de sanción, pero no de exclusión, en contra del derecho constitucional de los ciudadanos, propiciando un descrédito aún mayor de la política y afectando de manera peligrosa la legitimidad de los resultados electorales. Sería aún peor si termina de ser eliminada la llamada Fuerza Popular, una de las tantas denominaciones y caretas que ha usado el fujimorismo, porque tiene un respaldo firme de cerca de un tercio del electorado y terminaría de deslegitimar estas elecciones. Aunque terminaría de cuestionar la validez de las decisiones de las autoridades electorales, la exclusión de Fujimori sería terrible para la democracia, frente a las de Acuña y Guzmán, graves, pero toleradas por haber tenido un apoyo errático.
Estoy absolutamente en contra de la reinstalación del fujimorismo en el Poder, del que tanto abusó, pesando mucho más sus actos delictivos que algunos aciertos, y estoy en contra de un empresario plagiador en serie que se enriqueció vendiendo una educación de baja calidad a decenas de miles de estudiantes universitarios; estoy también en contra de un advenedizo de la política, de opiniones oscilantes, aupado a un partido intelectualmente serio pero extremadamente débil en lo organizativo. Aparte de sanciones por faltas efectivas, lo que correspondería es una pedagogía política para guiar al electorado hacia alternativas honestas y serias, en las formas y en los contenidos programáticos expresados en sus planes de gobierno, que al menos algunos tienen más o menos coherentes y la intención de cumplir.
A estas alturas no tiene sentido escribir sobre nuestros ex presidentes, felizmente relegados, ni sobre los candidatos del montón marginal, que los hay con algunos méritos y muchos deméritos, sí sobre las principales alternativas al fujimorismo: el otra vez puntero, PPK, de Peruanos para el Kambio, y los empatados en el tercer lugar, Verónika Mendoza, del Frente Amplio, y Alfredo Barnechea, de la Alianza Popular. Los tres comparten la característica de ser honestos (no digo que impolutos), según todo lo que comprobadamente sabemos de ellos (también sabemos que es fácil calumniar), de ser inteligentes y de tener una vocación de servicio público. Los tres tienen personas valiosas en su lista al Congreso. Y los tres no serían mi primera opción si pudiera imaginarme un candidato alternativo entre nuestros ciudadanos más meritorios. Pero el efecto de su elección sería muy diferente.
En el caso de PPK, hay la certeza de que hará una gestión que continuará con lo positivo que tuvo la suya como ministro de Economía y Finanzas y luego presidente del Consejo de Ministros, que junto con otros ministros capaces logró salvarnos de la deriva propia de las características del presidente Toledo. Esto se aúna a experiencia de gestión empresarial, que permite evitar normativas perjudiciales para avanzar hacia un desarrollo sostenible, desde el punto de vista económico, además de mantener la confianza del empresariado serio, así como de facilitarle los conocimientos útiles para controlar al menos serio, y para desenmascarar y castigar al deshonesto y al mafioso. Su programa es el más coherente y sus equipos son de primera categoría, particularmente en economía, pilar de un crecimiento continuo, sin sobresaltos, y en seguridad para ciudadanos y empresas, en especial las de menor tamaño, tema prioritario tanto objetiva como subjetivamente. Supongo que nadie medianamente objetivo creerá que lo positivo en la gestión de Toledo se debe más a nuestro inefable cholo de Harvard que a PPK y algunos otros ministros de calidad.
Mendoza genera simpatías, también mías, por su espíritu rebelde y juventud, pero lo poco que sabemos de sus puntos de vista así como su total falta de experiencia de gestión, no avalan su pretensión de llegar, al menos por ahora, al más alto cargo de la República, con el agravante de un entorno en parte irresponsable en su campaña antiminera y otras posiciones extremas. Y, aunque me identificara con su movimiento y su bastante reducido frente, le recordaría que entre las peores cosas que le pueden pasar a un liderazgo político, es llegar tarde a la historia o triunfar sin que las condiciones estén maduras, así como sin haber desarrollado la suficiente capacidad personal y de equipos humanos, y sin la fuerza social necesaria para respaldar su gestión.
Barnechea tiene el mérito de la seriedad y de la acumulación de experiencias varias, como militante aprista, candidato –y cara bonita- del APRA a la alcaldía de Lima (que estuvo cerca de ganar a Barrantes) y diputado aprista, pero la evidencia de su capacidad de gestión, si se puede considerar tal, se reduce a haber sido asesor principal y director en un organismo internacional, entidades con méritos pero no precisamente de gestión. Aunque no tengo nada contra los intelectuales con experiencia política, y me precio de ser uno entre muchos, creo que esa característica dominante en él no es suficiente para calificarlo como conductor de nuestro país en tiempos aún más difíciles que antes. El partido al que se afilió en los últimos años, Acción Popular, tiene el mérito, aunque modesto, de seguir existiendo, en general de manera decente, algo de por sí notable, pero con poca fuerza social (lo de sus cien mil militantes no lo creen ni ellos mismos), y con el negativo cartel de haber tenido dos gobiernos mediocres, cuya repetición penosa es lo que su triunfo nos auguraría.
Esto significa obviamente que apoyo a PPK, candidato y partido, que recomiendo como el mejor posible o como mal menor, según la perspectiva de cada quien. En un barco con serios defectos y ante tormentas que con seguridad nos esperan, confío más en el capitán con mayor experiencia. Con aún mayor razón tratándose del futuro de todo nuestro país.
Y, en definitiva, en la segunda vuelta frente al fujimorismo, apoyaría a cualquiera de los tres alternativos, perdonando, al menos por el período de su mandato, los errores y faltas cometidos previamente, sin dejar de ejercer la crítica necesaria respecto de su desempeño como presidente; eso sí, cruzando los dedos para que Mendoza no triunfe a destiempo y haciendo votos por que los congresistas de las tres listas generen una mejor legislación o una oposición de calidad, si sucediera lo peor.
Al margen de recomendar el voto a la presidencia por PPK, en cuanto a los candidatos al Congreso, considero preferible votar, entre los que tienen chances de ganar de las listas con mayor apoyo, por los más inteligentes, experimentados y de criterio amplio, aunque no se concuerde totalmente con sus opiniones, y seguir dando la batalla por posiciones y propuestas específicas no consideradas en los planes de gobierno o incluso contradichas. Si algunas bancadas incluyen personas de calidad y peso capaces de contrarrestar a las unilaterales, mediocres o corruptas, podrán, con argumentación y algo de fuerza social, convencer a la presidencia y ganar votaciones en el Congreso. En mi caso se trata de mejoras en varios aspectos de sus planes de gobierno y, en particular, de la agricultura ecológica, el no a los transgénicos y la realista y efectiva defensa de nuestro ambiente y biodiversidad, además de la equidad de género que no es solo un tema de feministas sino responsabilidad de todos, hombres y mujeres, en el marco siempre de la defensa de los intereses de la población y del país en su conjunto.


16.3.16

El panorama electoral a menos de un mes

Alfredo Stecher

El mundo lamentablemente se está acostumbrando a situaciones impresentables, con las elecciones en Estados Unidos llevándose las palmas, expresión de una sociedad en parte muy enferma. Ninguno de sus dos grandes partidos es una maravilla, pero el Republicano está batiendo récord en mala conducta, cosecha de sus largos años de políticas destructivas, con sus candidatos más aventajados en primarias o asambleas electorales (caucus) por estados: Donald Trump, el provocador e irresponsable multibillonario showman y peligroso demagogo, y Ted Cruz, el evangélico extremista contrario a todo avance en políticas sociales, líder del boicot en el Congreso de casi todas las iniciativas del presidente Obama (el más decente y visionario en mucho tiempo). Ambos llevarían a Estados Unidos a perder en lo económico y, lo que es más importante para nosotros, en su tembloroso pero valioso liderazgo mundial favorable a democracias, paz y lucha contra el cambio climático. Como a muchos analistas, me parecía imposible que Trump ganara la nominación y aún más imposible, que ganara la elección –ahora ya no estoy tan seguro. Y eso a pesar de haber en el lado demócrata dos pesos pesados, con Hillary Clinton claramente la más preparada y confiable, pero que suscita muchas resistencias por representar al establishment, a la élite política que gran parte del electorado considera causante de grandes males. Curiosamente Trump, parte del establishment en su vertiente económica, aparece como adalid contra este. Bernie Sanders, hace décadas gobernador del pequeño estado de Vermont, fronterizo con Canadá en el Noreste, auto declarado socialista, merece mucho respeto por su señalamiento de graves problemas y planteamiento de algunas soluciones, pero su posición de rechazo a los tratados de libre comercio, en la que coincide nuestra izquierda, dañaría mucho su economía y la nuestra, además del lastre de su falta de experiencia de gestión gubernamental.
Para no quedarnos atrás, nuestro Congreso se ha preocupado por diseñar una normativa electoral quizá bien intencionada, pero enmarañada e incumplible, y el Jurado Nacional de Elecciones, por aplicarla discrecionalmente, al parecer para favorecer la alicaída candidatura de García – en extraño maridaje con Flores-, de modo que el APRA (y, de paso, el PPC) logre al menos superar la valla del 5% de los votos para la mantención de la inscripción. Y tenemos una carta de reserva, una aunque no muy probable, de todos modos posible e igualmente impresentable victoria del fujimorismo, más por lo que representa en cuanto a un pasado ominoso que por la candidata, seguramente bastante menos dañina que su padre (y todavía mentor). Es un muy preocupante indicador del atraso de nuestra sociedad que ella predomine ampliamente en los sectores económicos D y E, pero también, por un lado, de un realismo oportunista que, pensando en muchos casos que todos los políticos son igual de malos y rateros, valoran lo que han logrado y pueden lograr de positivo por políticas populistas y clientelistas; por otro lado, capaces de obviar el fuerte machismo en sus filas, un síntoma positivo. Es esperanzadora la elevada intención de voto en contra.
Está claro que es inaceptable que fallas administrativas, por lo demás comunes a casi todos los partidos (pero afeitadas por los más avispados), puedan privar al electorado del derecho constitucional de expresar su opción política – lo que correspondería serían sanciones de otro tipo. Si el JNE fuera coherentemente tan legalista e irresponsable, nos quedaríamos sin candidatos y sin elecciones, algo que suele suceder bajo dictaduras que buscan pretextos para perpetuarse o en el marco de una guerra civil, pero inconcebible en un país con varias décadas de democracia, solo muy empañada, pero tampoco eliminada del todo, por el fujimorato.
Lamento el silencio de otros candidatos y aplaudo la protesta de Verónika Mendoza. Pero, ya que no queda más que aceptar diversas fallas de las personas que uno prefiere, mantengo mi posición de apoyar a PPK, que, aunque de poca habilidad para conducir su campaña, ofrece la mayor probabilidad de un gobierno sin sobresaltos, realista, que mantenga la estabilidad económica y política y ataque con firmeza algunos problemas claves, en especial la seguridad ciudadana y de las actividades económicas, así como una inversión pública productiva, y mejore la educación, la salud pública y el funcionamiento del aparato estatal. Sabrá manejar bien la espinosa relación con las necesarias pero poco responsables grandes empresas. Lamento su poco compromiso con el ambiente, pero confío en que se dejará asesorar en este como otros puntos por personas y equipos calificados. A falta de un político comprobadamente destacado e íntegro, la mejor opción es un tecnócrata con esas características, uno de los casos donde el mal menor es lo mejor posible.
Aspiro y debemos todos aspirar a mucho más, pero en este momento me conformo con que no retrocedamos como país por políticas y gestión erradas, porque ningún otro candidato logrará, aunque lo quiera, algo significativamente mejor, sí algo peor, y la mayoría algo mucho peor.

Pero ahora, lo que más necesitamos, es librarnos de sobresaltos que impidan seguir desarrollando y tratar de aglutinar en una alternativa poderosa y de largo aliento, bajo la forma de un partido o frente estable de partidos, que podríamos calificar de centroizquierda, a las muchas fuerzas positivas que han ido emergiendo en casi todos los campos de nuestra realidad, en todas las regiones, desde la sociedad civil y en el propio Estado.