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30.12.16


¿Feliz Año 2017? Sí, lo más posible

Alfredo Stecher


Siempre tiene sentido desear un feliz año, para los demás y para uno mismo, aunque las probabilidades de que resulte así no parezcan muy altas para mucha gente. Lo peor es dejar que el pesimismo nos domine, lo que es la mejor receta para obtener que el año sea menos feliz. El optimismo, ver el vaso medio lleno, puede contribuir a que resulte más feliz que lo esperado o temido.

¿Qué es lo mejor posible?
Que en lo personal estemos libres de catástrofes y grandes angustias económicas y de salud, así como en las relaciones personales, y que podamos hacer con éxito y satisfacción lo que nos toca y lo que queremos hacer, en un marco de relaciones humanas gratificantes, y logremos sobreponernos bien a los problemas y reveses que nos puedan suceder, lo que deseo a mis lectores.
Sin orden de priorización, señalo tendencias positivas reales que hay que reforzar o evitar que se debiliten:
          Que continúen exitosamente los innumerables esfuerzos para lograr un mundo mejor, para lo cual la humanidad nunca ha tenido tantos conocimientos y herramientas, y que se generalice la conciencia de que, con todos sus en parte terribles defectos, ya es un mundo mejor que en cualquier momento previo del desarrollo de la humanidad, con menos pobreza, menos desnutrición crónica, mayor esperanza de vida, menor porcentaje de muertes por enfermedades, menos víctimas de guerras y delincuencia, con impresionantes avances y ritmo de avance de las ciencias y tecnologías, y con un enorme florecimiento cultural que integra lo mejor de la cultura pasada, por lo que vale la pena cuidar lo alcanzado y tomarlo como base para seguir avanzando.
          Que se continúe removiendo obstáculos al desarrollo de la humanidad e impidiendo que aumenten.
          Que nuestras sociedades se vuelvan más inclusivas, más solidarias y con oportunidades para todos, cada vez más sustentables o sostenibles, y que nuestros Estados lo fomenten.
          Que se profundice y generalice la crítica de lo negativo de grandes empresas y empresas en general, así como de los científicos, políticos y funcionarios, pero con conciencia de que la mayoría son también parte de la solución y que hay cambios positivos en su seno y en sus conciencias.
          Que nuestros Estados mejoren su orientación y desempeño, contrarrestando las incompetencias, la desidia, la falta de vocación de servicio público, el burocratismo y la corrupción en su seno, y que, como sociedades, cuestionemos los fundamentalismos tanto del libre mercado como de la preeminencia absoluta del Estado.
          Que cada estamento económico y social, en particular también el empresarial, conviertan en realidad sus proclamas sobre responsabilidades, como algunos ya están haciendo crecientemente por convicción o presión externa.
          Que el criterio para la preeminencia de intervenciones estatales, privadas o mixtas sea su eficiencia y transparencia, antes que ideológico miope.
          Que siga disminuyendo la desigualdad entre países pobres y ricos, y que, en los más desarrollados, se invierta la tendencia a un aumento de la desigualdad en su interior; que sigan disminuyendo la extrema pobreza y el hambre en el mundo, y que sigan aumentando la expectativa de vida y disminuyendo la prevalencia y la gravedad de las enfermedades curables o prevenibles, así como reduciendo el porcentaje de muertes por conflictos bélicos, homicidios y accidentes.
          Que se desarrollen y apliquen brújulas éticas positivas de diversas fuentes de inspiración, laicas o religiosas, y que se fomente un pragmatismo realista guiado por principios.
          Que en nuestro país y en el mundo aumenten su peso las diversas corrientes culturales y políticas que asumen una posición más constructiva y de visión de más largo plazo, con un compromiso firme por la paz y por el bien de la humanidad, cualquiera que sea su orientación ideológica o religiosa.
          Que aumenten las iniciativas por hacer nuestra común tierra más vivible, disminuyendo las fuentes y gravedad de contaminación, especialmente en los océanos, a la vez que ampliando y cuidando espacios para la conservación de las especies y disminuyendo los factores destructores y perturbadores.
          Que se fomente un desarrollo y aplicación responsables de medicamentos y agroquímicos, así como una revaloración realista de lo natural, sin deificarlo, tanto en prevención y curación de enfermedades como de cultivos y crianzas, y se priorice la mejora de la alimentación, con una creciente participación de entidades sin fines de lucro, estatales y supranacionales, y mayor responsabilidad de muchas grandes empresas, que ya se va dando; es fundamental respetar los tortuosos avances de las ciencias, sabiendo resistir sus lados oscuros y limitaciones, evitando lo más posible su subordinación a lo crematístico, a la vez que superar las supersticiones.
          Que vayamos logrando un equilibrio entre ciudad y campo, industrialización y agricultura, y todo lo conexo.
          Que se siga buscando y encontrado la relación más constructiva y justa entre la centralización y la descentralización, ambas indispensables.
          Que la sociedad y el Estado reconozcan y premien los méritos, el empeño y el desempeño por encima de la procedencia y los atributos formales de las personas.
          Que las políticas estatales y privadas valoren los aportes de todas las generaciones, desde la juventud hasta la tercera y cuarta edad.
          Que se diseñe e implemente políticas favorables a los intereses legítimos de asalariados, campesinos y otros trabajadores por cuenta propia, y se contribuya a una mayor tasa de éxito de emprendedores de iniciativas legítimas.
          Que se procure tener sistemas previsionales para salud, jubilación y desocupación, públicos y privados, que compensen adecuadamente a sus cotizantes y eviten situaciones de abandono.
          Que podamos beneficiarnos todos de las nuevas tecnologías y de su vertiginoso despliegue, y proteger a los grandes sectores que se están viendo perjudicados o desplazados por ellas.
          Que se vayan fortaleciendo e incrementando su impacto movimientos como los de disminución de residuos y de reciclaje, de comercio justo y de comida lenta, junto con el de ciudades sustentables, y que hagamos un uso responsable de los plásticos, con preferencia de los realmente biodegradables.
          Que aumenten la valoración de las ciencias y políticas ambientales, así como la conciencia mundial sobre la contaminación y sobre el cambio climático, más las medidas que dependen de la humanidad para frenarlo y para prevenir o aprovechar sus efectos, de modo que se mantenga los compromisos de lucha contra el cambio climático y la supervisión de su cumplimiento.
          Que en todas partes y en todos los estratos y ocupaciones sociales vaya disminuyendo el peso del sesgo economicista, especialmente fuerte tanto en el neoliberalismo como en muchas corrientes socialistas, que pone por delante los resultados económicos de toda iniciativa privada o estatal, en desmedro de las demás dimensiones de la realidad, y que se corrija el cortoplacismo con miradas de mediano y largo plazo.
          Que se consolide la globalización con una creciente libertad de movimiento de bienes, servicios, ideas y personas, y aumenten tanto la conciencia de la necesidad de compensar sus efectos negativos para amplias capas sociales, como las capacidades y las iniciativas para lograr éxitos, en particular también en la subordinación del capital financiero, en una mayor reducción de las desigualdades, comenzando por las más injustas e indignantes, y en la convergencia cultural, con respeto de las minorías de todo tipo.
          Que se refuerce y sea más eficiente la institucionalidad supranacional.
          Que se siga fortaleciendo la lucha contra los abusos de los monopolios y oligopolios, así como de los carteles de delincuentes, y que la necesaria lucha contra el abuso de drogas y la delincuencia sea encaminada adecuadamente de modo de no favorecer incrementos de la violencia y evitar injusticias.
          Que, a pesar del muy elevado nivel de endeudamiento estatal y privado a escala mundial, así como de la aún insuficiente y débil regulación del sector financiero y de la banca, logremos evitar una nueva depresión o minimizar su impacto.
          Que se avance en la superación de la antigua división entre izquierdas y derechas y se vaya consensuando la necesidad de regulaciones estatales e internacionales eficientes para el funcionamiento mejor posible de los mercados, con intervenciones de cada Estado en aquello en que es más eficiente que el sector privado o donde este requiere de un contrapeso o complemento.
          Que la positiva valoración y protección de lo propio no sean un obstáculo para una mayor y fructífera integración, entre personas, entidades, regiones y países.
          Que se reduzcan y dejen de construirse muros separadores y desintegradores como el antiguo de Berlín y las dos Alemanias, así como el presente entre EEUU y México.
          Que los conflictos entre países sean resueltos por vías pacíficas, con mediaciones y arbitrajes internacionales, y que aumenten los frenos a la proliferación de armas.
          Que disminuyan la retórica agresiva y las pequeñas provocaciones de las mayores potencias -EEUU, China y Rusia-, que eviten choques los países poderosos parcialmente alineados con ellas -como Irán, Turquía, Israel, India y Pakistán-, y que no se sumen las grandes potencias intermedias -Gran Bretaña, Francia, Alemania y Japón, dos de ellas, además de Israel, también con armamento nuclear; que la beligerancia de Trump, Putin y Xiping se vea moderada por sus dificultades económicas, aunque siga apareciendo en la retórica para uso interno.
          Que Europa mantenga su misión y logre superar los desgarramientos internos y la burocratización.
          Que sea debilitado aún más el ISIS, hacia su derrota total, y que su Yihad, como la de Al Qaeda y de otras tendencias, después de una intensificación que ya estamos viviendo, comience a extinguirse, aunque sea lentamente, en parte por una mayor resistencia desde el propio islam, al que le falta aún en gran parte recorrer el camino en que felizmente han avanzado las principales corrientes del cristianismo durante el último medio milenio, aunque no diversas sectas, en lo que la laicidad del Estado juega un rol central.
          Que pierda fuerza el judaísmo ultraortodoxo y se encuentre modos de superación del conflicto con el mundo árabe, a la vez que en éste avancen las fuerzas democráticas.
          Que aumenten la valoración y la práctica de la responsabilidad, del respeto, de la tolerancia, de la confianza, de la transparencia, de la veracidad, de la rendición de cuentas, y sean frenados el odio, la discriminación y la demonización de los diferentes, a la vez que protegidos y apoyados estos.
          Que la realidad, la evidencia empírica obtenida con métodos científicos, aunque contraríe nuestras convicciones y prejuicios, sea el criterio básico para la toma de decisiones.
          Que se aceleren los avances notables, pero ni remotamente suficientes, en la superación de la discriminación de género y de otros diferentes, con reconocimiento al derecho al aborto y a las uniones civiles no tradicionales, así como en el freno a la violencia intrafamiliar.
          Que lleguen a un clímax y luego disminuyan los movimientos xenófobos, racistas y discriminatorios de todo tipo, y que la valoración de lo nacional sea acompañada de un creciente cosmopolitismo, de sentirnos a la vez ciudadanos del mundo.
          Que vayan disminuyendo las tendencias intelectuales y políticas que afectan la gobernabilidad democrática, en todas las instituciones y en el conjunto de cada país, gracias a personas de mirada más amplia, con voluntad de servicio público y de convicciones democráticas igualitarias más profundas, y que eso permita una reforma de los partidos políticos, instrumentos básicos para el funcionamiento de las democracias.
          Que se reformen y fortalezcan los sistemas judiciales y de seguridad interna, con criterios de prevención y equidad, que incluyan los delitos y crímenes de cuello y corbata, con énfasis en la corrupción y en los delitos económicos de gran escala; y que se tienda a un sistema carcelario con reales posibilidades de rehabilitación.
          Que se contrarreste los oportunismos de toda laya y que sean frenadas las tendencias populistas de todo tipo que, so pretexto de representar la voluntad popular, solo buscan ganar, fortalecer o perennizar su propio Poder; que comiencen a perder o sigan perdiendo fuerza los que se autodefinen de derecha y de izquierda y socavan los fundamentos de las democracias que predominan en la mayor parte del mundo o en los países que al menos mantienen un marco democrático formal, y que se debiliten y vayan desapareciendo dictaduras de todo tipo, enfrentadas por movimientos pacíficos, a la vez que subordinándose realmente los militares al Poder civil.
          Que se entienda que, a escalas mayores que las locales de pequeña escala, donde puede funcionar una democracia directa, y salvo casos excepcionales, que justifican un plebiscito o referéndum, la democracia representativa sigue siendo el mejor o menos malo de los mecanismos de gobierno y de toma de decisión, tanto mejor mientras más involucre a la ciudadanía, mientras más participativo sea.
          Que se interiorice que las encuestas son un medio de sondear la opinión pública, de cierta utilidad, pero que no pueden ni deben definir las tomas de decisiones.
          Que se frene, desarmándolas ideológica y políticamente, las posiciones demagógicas, extremistas, fundamentalistas y fanáticas de todo signo, y la radicalización estéril o contraproducente.
          Que sea orientada y canalizada constructivamente la justa indignación con los abusos y las inequidades; y que paulatinamente vayamos enfatizando propuestas más que reclamos.
          Que las posiciones culturales y sociales de avanzada, lo menospreciado por muchos como lo "políticamente correcto", sigan luchando por ganar espacio social, político y legal, pero tratando de no generar reacciones airadas de quienes se sienten amenazados en sus posiciones y agredidos en sus creencias, lo que agudiza el conflicto social y favorece retrocesos.
          Que, sin dejar de atender los aún gravísimos problemas en salud, de pobreza y de servicios básicos, sigan logrando mayor peso y sigan implementándose paulatinamente los consensos que se han ido generando sobre la prioridad de la educación para la sociedad, la economía y la política, desde la primera infancia, y sobre la necesidad de cambiar los paradigmas y métodos para la mejora y más adecuada medición de sus resultados, con priorización de la curiosidad, la creatividad, el razonamiento, la responsabilidad y autodisciplina, la solidaridad, el trabajo en equipo así como el dominio de tecnologías y la apertura ante su constante y cada vez más rápida evolución, debiendo la educación formal respetar lo recomendado para cada edad.
          Que se incremente la apertura para aprender del otro, y enseñar al otro, en el país y en el mundo, y el desarrollo de una visión de la realidad con sus múltiples lados, grados y matices.
          Que aumente nuestra capacidad de construir puentes entre ideas, personas, grupos sociales y sociedades, y que se auto reformen paulatinamente las diversas élites que han ido perdiendo la confianza de la sociedad.
          Que sigan aumentando y mejorando su orientación e impacto las innumerables y muy diversas iniciativas de mecenazgo y filantropía desde una enorme variedad de personas y entidades.
          Que aumente la conciencia de lo positiva que es en general la inmigración para los países receptores, de personas de todos los estratos sociales y capacidades laborales, que incrementa la riqueza cultural, aumenta la productividad y el bienestar, y que, por ello, se amplíen la actitud y los mecanismos de acogida así como el castigo social y judicial a quienes abusen de los migrantes, a la vez que se adopte medidas inteligentes y focalizadas de detección y castigo de la ínfima minoría que delinque; corresponde una regulación cauta de sus flujos, con priorización de la eliminación de sus causas en los países emisores, a la vez que con compensaciones para esos países que pierden con ella una parte de lo mejor de sus capacidades y algo de su riqueza.
          Que aumente la comprensión de los aspectos positivos del sistema político y económico mundial y del modelo en cada país, así como de las necesarias y posibles correcciones de sus defectos, y que eso se dé en personalidades de todos los estratos sociales y ocupaciones, y que el Brexit, Trump y los partidos xenófobos y autoritarios queden como símbolos de lo que hay que evitar.
Todo esto es parte de la ansiada inflexión en el proceso de lenta descomposición que amenaza con dominar la escena mundial, frente a las enormes y crecientes fuerzas ideológicas, sociales, científicas, tecnológicas, económicas y políticas que nos hacen cada vez más capaces de construir un mundo mucho mejor.
¿Y qué es lo esperable?
Que haya al menos algunos avances en varios de los ejes de lo mejor posible o al menos no se dé un punto de inflexión hacia lo negativo en muchos de estos, lo que variará según las sociedades y las políticas de cada país, así como según las políticas internacionales.
Que sigan predominando las tendencias positivas, aunque por ahora, estén entre lo esperable un aumento y oscurecimiento de los nubarrones peligrosos que van apareciendo en el horizonte, y se intensifiquen los chubascos que van mojando a cada vez más países y sociedades, hasta provocar tragedias enormes, como los derivados de dictaduras, de la Yihad y de ISIS en el Medio Oriente, el Norte de África y, en episodios aislados, pero de gran impacto, en países desarrollados; curiosamente un enorme riesgo proviene ahora de Estados Unidos, todavía la única superpotencia, por Trump, después de ocho años de políticas orientadas a la reducción de fuentes de conflictos y de conflictos, bajo Obama.
Nadie de los actuales máximos dirigentes está realmente dispuesto a desencadenar un holocausto nuclear, pero, al priorizar los intereses nacionales sobre los comunes, y los egos de sus principales dirigentes sobre los intereses de las mayorías, las grandes potencias se van deslizando por un tobogán cuya forma es un misterio, que puede ir cambiando; desde pendiente aún suave, que puede terminar en un plano pero también en una pendiente más pronunciada, de pronóstico incierto, cuando cambien las personas y grupos al mando. Jugar con fuego aumenta el riesgo de incendio, fomentar el desarrollo de las armas nucleares aumenta las probabilidades, hasta ahora mínimas, de que algún día puedan ser usadas, con efectos inevitablemente desastrosos. Es importante tener en cuenta que la retórica puede tener efectos reales.
Nuestro mundo, mucho mejor que en cualquier período anterior, está viviendo una creciente tensión entre lo que nos hace progresar y lo que amenaza con destruir al menos parte de lo avanzado, con un riesgo aún pequeño, pero en aumento, de un colapso de la civilización. No olvidemos que fue un solo disparo, el asesinato del archiduque de Austria, el que desencadenó la inesperada Primera Guerra Mundial, y que bastó un loco megalómano, Hitler, para desencadenar la Segunda, las dos terribles anomalías en el lento proceso de reducción de la violencia en el mundo.
Felizmente es también esperable que se fortalezcan y aumenten las posiciones y voces más razonables en y desde todos los campos, sean personajes políticos, científicos, académicos, maestros, escritores, personalidades de diversas esferas artísticas, empresarios, dirigentes sociales, personas vinculadas al deporte, policías retirados y ex militares, ciudadanos en general y jóvenes en el ciberespacio; y desde todos los países, con tanto mayor calidad y fuerza cuanto más democráticos son estos, asumiendo y desarrollando los valores que nos han heredado el liberalismo y el socialismo, así como las filosofías orientales y helénicas, y lo mejor de la tradición judeo-cristiana, entre otros: en particular las libertades y responsabilidades individuales, así como los derechos y obligaciones sociales, más los marcos políticos más propicios a su afirmación, las diversas formas de democracia. Y que siga fortaleciéndose la vigencia de los derechos humanos.
Podemos aspirar, ojalá no ilusamente, a que las posiciones erróneas y destructivas de Trump terminen chocando con la realidad y con lo más avanzado del establishment político y económico norteamericano, incluida una parte del republicano, de modo que se vea obligado a reconsiderarlas.
Es concebible que sigan aumentando las presiones e iniciativas también positivas desde grupos religiosos en el sentido de aplicar con mayor fuerza lo positivo de sus doctrinas, en particular las más identificadas con Jesús, como lo ejemplifica el Papa Francisco, y desde las posiciones más tolerantes del islamismo.
Hay indicios alentadores en el sentido de que la intolerancia y la insensatez de los extremos fundamentalistas está contribuyendo al fortalecimiento de posiciones de centro más equilibradas e integradoras, en resistencia y combate a sus ideas erróneas y peligrosas.

Todo esto depende también de nosotros (pasada la oportunidad de Santa Claus):
De mí, de cada quien que lee este artículo e invocaciones similares, y de todas las personas de buena voluntad, como se decía antaño:
          Apuntar a más, al amor al prójimo, pero al menos mirar al prójimo con una sonrisa en vez de con indiferencia o con desprecio, y tratar a todos con respeto.
          Es clave que cada vez más personas e instituciones tengamos las antenas orientadas a captar y a reforzar los mensajes más realistas y constructivos, y lancemos, apoyemos o asumamos las iniciativas y movimientos que contribuyan más al progreso del conjunto de nuestras sociedades.
          Y tendremos más y mejores respuestas cuanto más y mejores preguntas nos hagamos respecto de nuestros objetivos, de nuestras responsabilidades y de nuestras capacidades, sin dejar de disfrutar de lo positivo que nos va brindando la vida; eso nos facilitará generar mejores condiciones para lo que tratamos de hacer, aumentar nuestra capacidad de aprovechar oportunidades para nosotros mismos y para lo que promovemos, y esquivar riesgos evitables.
          Mientras más nos nazca espontáneamente lo positivo, en lo que hacemos y lo que dejamos de hacer, más positivamente influirá en las nuevas generaciones a nuestro cargo o cercanas a nosotros -el ejemplo es la mejor pedagogía.

Cierto, es otra manera de expresar mi orientación programática, siempre sujeta a correcciones y enriquecimiento. Felizmente el título me ha puesto una barrera infranqueable que me obliga a terminar ahora esta versión.


20.9.16

Nuestra matriz energética

Alfredo Stecher

En el Grupo de los Cien por el ambiente, del que formo parte, mi amigo Samuel Morante ha levantado preguntas muy pertinentes respecto del tema energético, que me ha motivado a reflexionar al respecto.
No soy especialista en el tema, pero, en tanto economista y analista político debo tener, y tengo, como lo esperamos de los políticos que tienen que tomar las decisiones, criterios generales que considero válidos, pero que estoy dispuesto, como siempre, a revisar a ante contraargumentos serios.
El objetivo es que, a la larga, como plantea Alfredo Novoa, también del Grupo, nuestra matriz energética sea balanceada y sostenible, lo que exige, en el camino, que nuestra energía se produzca progresivamente a menor costo económico, social y ambiental, con aumento de fuentes de energías renovables y disminución de las no renovables, comenzando por las más contaminantes y menos eficientes; algunas contaminantes eficientes deberán quedar como reserva para períodos críticos. Eso puede exigir compensaciones razonables si las inversiones realizadas fueron legales, considerando las depreciaciones declaradas y descontando posibles omisiones de pagos tributarios y multas no pagadas.
Necesitamos un camino viable para que tengamos, con plazos sucesivos razonables, la energía eléctrica necesaria para todo el año, al menor costo económico, social y ambiental, con la mayor interconexión nacional económicamente viable y con interconexiones que permitan exportar la excedente e importar la que falte en momentos de menor disponibilidad, al menor costo posible. Al parecer, como señala el ex ministro de los gobiernos de Paniagua y Toledo, Herrera Descalzi, tenemos ya un exceso por la normativa que pasa al consumidor final el costo de la energía, con la consiguiente mayor inversión. Ante eso no entiendo su posición de que las interconexiones que nos permitirían exportarla recién se darían en unas décadas, no años.
Es lógico que haya intereses económicos que se opongan a otros -ninguna decisión está libre de efectos económicos diferentes- y hay que considerarlos para encontrar el camino más eficaz en lo técnico y político.
Hay que diseñar un proceso de instalaciones sucesivas de plantas de energía eólica y solar, en lugares que, siendo técnicamente adecuados y faciliten la viabilidad económica, además de tener menos problemas y menor costo de garantizar su seguridad frente a robos y atentados, donde perturben menos al ambiente, en particular a la fauna silvestre, a la población más cercana y al paisaje (es imposible que no perturben a nadie). La preocupación paisajística vale para lugares especialmente apreciados, pero por lo demás también es un valor paisajístico la combinación de naturaleza y técnica, con ciertas consideraciones estéticas. Es importante que veamos la técnica y sus expresiones visibles no solo como un riesgo sino también como un activo que aumenta nuestra riqueza.
Y, a medida que resulten económicamente viables, debemos abordar también el aprovechamiento de la energía oceánica, en condiciones favorables por la ausencia de tormentas, y quizá también la geotérmica.
A pesar de que son algo contaminantes, aunque en mucho menor grado que sus fuentes, conviene explorar más el aprovechamiento de la biomasa de vertederos de basura y de residuos orgánicos industriales, en lo posible usando la más apropiada para la producción de compost para la agricultura, a modo de complemento de su producción artesanal o agroindustrial, del guano de isla y de posible producción con excedentes vegetales en la Selva.
También se necesitará hidroeléctricas de embalse, donde causen menos daño de todo tipo, incluido el arqueológico, prefiriendo las menos expuestas a colmatación, y, preferentemente, centrales de pasada, respetando los derechos de agua de la agricultura y poblaciones entre la toma y las turbinas, en ambos casos lo menos expuestas a riesgos climáticos. Probablemente lo más adecuado será una mayor cantidad de centrales más pequeñas en la vertiente oriental, por su mayor y más estable disponibilidad de agua. En la occidental las represas, aunque causen algún trastorno temporal, son también reservas de agua para los períodos secos.
Nuevas urbanizaciones con generación de energía solar, quizá incluso casas aisladas, deberían tener la opción de conectarse con la red de distribución eléctrica y vender sus excedentes de electricidad.
El Ministerio de Energía y Minas está priorizando el gas, a partir del gasoducto del Sur, que efectivamente debe ser aprovechado, para rentabilizar la inversión, para el nodo energético del Sur y la atención a las poblaciones en su trayecto, considerando la menor contaminación respecto de las centrales a carbón y petróleo; esto incluye la central térmica de Quillabamba y la masificación de uso de gas natural para uso doméstico. También considera la generación hidroeléctrica.
Toda inversión en generación eléctrica tendrá, además de efectos adversos, algunos positivos para el desarrollo de su entorno, incluido mucho empleo para su instalación y algo, para su mantenimiento, y efectos positivos para las industrias y servicios relacionados.

El Ministerio debería aprobar los proyectos de inversión que minimicen los daños ambientales y sociales y que sean planteados por las empresas con trayectoria más seria tanto en la construcción y mantenimiento, en lo técnico, lo laboral y en las relaciones con el entorno, como en la comercialización de la energía.

17.9.16

Lo que no requiere de facultades legislativas


Valoro la voluntad de legislar, reglamentar inteligentemente y desreglamentar lo contraproducente, pero pienso que también hay que darle mucho énfasis a mejorar continuamente lo que se puede hacer incluso con la normatividad existente o fácilmente modificable. Todo cambio y mejoras bien hechos, facilitarán otros mientras no perdamos el impulso. Y eso debemos lograrlo principalmente con estímulos, que incluyen ambientes de trabajo positivos y colaborativos, reconocimientos oportunos y a veces mejoras pecuniarias, y con sanciones justas centradas en quienes fomentan o toleran negligentemente las infracciones e ineficiencias. En esto es clave colocar en puestos de mayor responsabilidad y de mando medio a las personas más aptas para ello, con la mejor calificación profesional y/o experiencia (que vale más que muchos cartones), independiente de su filiación política o afinidad personal, lo que se ve facilitado, si se lo proponen los ministros, por el carácter minoritario del partido de gobierno.
El gobierno hará bien en mantener y mejorar los programas sociales existentes, con énfasis en el fortalecimiento de capacidades y la cooperación, con sistemas de control serios, y solo agregar algunos que ataquen problemas diferentes o de manera significativamente diferente, que no se puede lograr con modificaciones en los previos.
En todo lo que las afecte directamente, hay que organizar una participación informada e inteligente de la población, tanto rural como urbana, tratando de entender sus intereses reales y sus sentimientos, además de contrarrestar a quienes buscan solo aprovecharse de estos.
Aunque lo económico es la base, el desarrollo y el propio crecimiento económico requieren también avanzar en el campo cultural, al que se tiene que dar más énfasis y mayores recursos, facilitando y estimulando la acción en ese plano de la sociedad civil y de las instituciones educativas y culturales. Eso exige superar el economicismo, la primacía reduccionista y simplista de lo económico sobre toda otra consideración, que permea el Estado y la sociedad, no solo por culpa de los economistas. Lo tenemos en el afán de ganancias sin escrúpulos, excesivas y de corto plazo de personas, negocios y empresas de todo tipo y tamaño, en la mezquindad en las relaciones interpersonales, en ingenierías e intervenciones sociales y en la priorización de metas y resultados económicos en muchas políticas públicas.
Es fundamental contrarrestar el economicismo lo más posible en todas las políticas y programas concretos -comenzando por plantearse la pregunta-, y también en la ampliación o reforzamiento de las temáticas no principalmente económicas o más urgentes.
Necesitamos una mayor inversión de calidad en ciencias básicas y aplicadas de todo tipo, en alianza con lo más avanzado en el mundo, con cooperación no solo económica sino en métodos y resultados, así como intercambios de personas, sin exigencia de rentabilidad económica, pero premiando los resultados que contribuyan en la práctica a mejoras económicas, sociales y culturales.
A título de ejemplos de otras iniciativas deberíamos instaurar y dotar de mayores recursos a premios culturales, promover más concursos culturales de todo tipo, como música, danza, teatro, cine, y fortalecer las entidades relacionadas; además ampliar considerablemente las capacidades y los proyectos de arqueología -no solo de la prehistoria-, cooperando con entidades y proyectos del exterior, propiciando la museología moderna, fomentando los laboratorios necesarios; eso tendrá impactos positivos para nuestra identidad nacional y en las poblaciones cercanas, en su conciencia y autoestima, y en aumento del turismo cultural. Lo mismo vale para los estudios históricos con énfasis en sus contextos sociales, políticos y geográficos. En todo deberíamos tener fondos de contraparte para inversiones de calidad desde el exterior.
Todo ello debería encargarse a entidades autónomas, sujetas a políticas de Estado y no por período gubernamental, con independencia en sus decisiones sustantivas, supervisadas respecto del cumplimiento de sus normas de funcionamiento por una superintendencia autónoma, igualmente supervisada por Contraloría.
Debería desarrollarse una política amplia y con muchos recursos respecto del otorgamiento de becas internacionales por concurso, en alianza con entidades educativas y de investigación, así como fundaciones con esos fines de todo el mundo.

Confío en la seriedad de los propósitos y en la calificación de quienes nos gobiernan, y nos corresponde a todos colaborar en su mejor orientación, aplicación y éxito, con observación, propuestas y críticas constructivas, además de participación en persona, de ser posible.

14.9.16

Crecer más rápido y mejor

Comentarios al pedido de facultades legislativas de parte de Fernando Zavala

Todos, o casi todos, coincidimos en la necesidad de crecer también económicamente para lograr un mayor bienestar de todos, a la vez que una disminución de los desequilibrios extremos en la distribución de la riqueza; y que para eso se requiere de empatía y eficacia, dos cualidades en que nuestro presidente del Consejo de Ministros destaca, por vocación y por experiencia.
Estoy de acuerdo con promover la formalización de los negocios, facilitándola, pero, basándome también en los planteamientos de Richard Webb, considero que solo para una parte de los formalizados y de quienes dependen de ellos esto significa una mejora, y como país tenemos que buscar un equilibrio entre formalización y aprovechamiento de lo positivo de la informalidad, que canaliza enormes energías y moviliza grandes recursos, beneficioso para los sectores más pobres de la población e incluso para capas medias, a la vez que reduce la presión salarial a las empresas formales. Muchos pequeños negocios no tienen en la actualidad ninguna posibilidad real de formalizarse sin quebrar. Por eso debemos darle a la formalización un horizonte adecuadamente largo. Hay que tener en cuenta además que forzar la formalización solo aumentará la corrupción y el descontento.
Tanto para la gente como para la economía, incluida la formalización, están entre lo más significativo la anunciada simplificación y estandarización de trámites administrativos, con poda de lo superfluo y énfasis en lo significativo, lo que permitirá además reducir la burocracia inútil y fortalecer la útil.
En todo habrá resistencias activas y pasivas, incomprensión, no saber cómo hacerlo y la comisión de errores, pero poniéndole prioridad, reclutando a profesionales con experiencia de gestión pública y privada y atreviéndose a romper algunos huevos puede ser un colosal avance para el país y para nuestro crecimiento.
En realidad no podremos garantizar la seguridad de todos los ciudadanos y todos los emprendimientos económicos (que de ambos se trata), sí reducir significativamente los índices de criminalidad con medidas preventivas, disuasivas y de castigos justos proporcionales al tipo y grado de delito cometido, centrándose en las asociaciones criminales y mafias. Eso debe aplicarse con igual firmeza a los delitos de cuello blanco, comenzando, como se señala, con la lucha contra el lavado de activos y el financiamiento de terrorismo, además de la lucha contra las mafias del narcotráfico. A eso contribuirá la creación de la Autoridad Nacional de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Datos Personales, así como de la Procuraduría General del Estado, con autonomía funcional, técnica y administrativa, y con selección de los procuradores a través de un concurso público. No se menciona la educación, quizá por considerarla bien encaminada y no necesitar por ahora cambios legislativos, pero incluso en el tema de seguridad vale la pena relacionar la reducción de criminalidad a futuro a una educación que forme no solo mejores profesionales, técnicos, trabajadores y tantas otras categorías de personas, sino también mejores personas y ciudadanos, menos proclives al delito o con menores carencias que los empujen hacia eso, proceso que comienza desde la cuna y la primera infancia.
Es fundamental la importancia asignada a agua y saneamiento, que, además de indispensables para mejorar la salud y para el bienestar, impulsarán las industrias conexas, las ingenierías, así como la descentralización económica nacional y de Lima Metropolitana.

No tenemos tiempo que perder, saludo la sensación de urgencia y la decisión de actuar en consonancia, con prisa pero a paso pausado y firme, con la transparencia anunciada e institucionalizada, en los planes, las ejecuciones, los concursos y los nombramientos, asociando el Estado, donde resulta positivo, con las empresas y otras entidades probas nacionales y extranjeras, ampliando alianzas y reduciendo resistencias, con la seriedad y humor característicos de PPK.

8.4.16

Euforia, preocupación profunda y reflexión

 Alfredo Stecher

Es comprensible la euforia de la izquierda, la parte agrupada en el Frente Amplio –la idealista, la que no lo es tanto y la que no lo es- por el avance vertiginoso de su candidata en intención de voto. Pero todo izquierdista serio debería reflexionar sobre el efecto de un eventual triunfo electoral prematuro en la gobernabilidad de nuestro país y en el futuro de la izquierda, en un entorno cada vez más problemático.
¡Quién hubiera esperado que gracias a la pésima legislación electoral, la indescriptible miopía o manejo turbio del Jurado Electoral, con descalificación de dos candidatos, lo insulso de Barnechea y la equivocada estrategia electoral de PPK, junto con su deplorable desempeño electoral, iban a llevarnos a una ahora probable segunda vuelta entre dos mujeres! Algo en principio positivo como avance de la mujer en la escena política, pero un terrible dilema para gran parte de los electores, en especial para quienes pensamos en perspectiva de cambio con gobernabilidad. El triunfo de cualquiera de las dos, más allá de sus cualidades y defectos personales, puede resultar una pesadilla para nuestro país, por su entorno y lo que está detrás como ideología y como fuerza política. Es importante que todos pensemos bien nuestros votos.
Es terrible la posibilidad de que gane el fujimorismo, mientras su práctica durante al menos un período gubernamental no evidencie sinceridad del solemne y, en principio, positivo compromiso de Keiko de romper con el legado de su padre, para convertirse en una conservadora populista no mafiosa. Y es sumamente preocupante la posibilidad de que gane Verónika, con base principalmente en su personalidad, energía juvenil y simpatía, criterio principal para muchos votantes, además del interés personal, en un proceso electoral en que el debate programático ha sido un gran ausente.
Para preocuparnos se combinan su escasa experiencia política, la debilidad y problemas serios de su apoyo partidario, pero, aún más, dos problemas gravísimos: la muy equivocada orientación de su plan de gobierno, además de ser en gran medida incumplible aún en las mejores condiciones, cuya inexistencia es el segundo problema básico, la absoluta insuficiencia de apoyo ciudadano para grandes cambios y la esperable cerrada oposición de gran parte de los partidarios de los demás partidos, principalmente de fujimoristas y apristas, desde fuera y desde dentro del Estado, incluidas la policía y fuerzas armadas, de la jerarquía de la iglesia católica y de diversas iglesias evangélicas, del empresariado, de muchos medios de comunicación, de los otros Poderes del Estado, con un Congreso mayoritariamente en contra. En resumen, el peor de los escenarios incluso para grandes cambios necesarios y correctos, pero con visión cortoplacista, y potencialmente catastrófico por cambios incorrectos que implican enfrentamientos con casi todos a la vez, desde concepciones y propuestas de buenas intenciones, pero en gran parte equivocadas.
Tiene valor el antifujimorismo, pero es, aunque mayoritario en la población, una base absolutamente insuficiente para gobernar si no es encabezado por una fuerza política aglutinadora, siguiendo la orientación del Acuerdo Nacional. El Frente Amplio no tiene esa capacidad ni esa voluntad, al contrario, rechaza ese imprescindible camino.
Mi apoyo sigue siendo para PPK como mal menor, que combinará lo mejor del mediocre gobierno de Toledo con condiciones para que se desarrolle más una alternativa de izquierda seria, ojalá con inclinación hacia el centro, desde actitudes de colaboración y desde una oposición ojalá constructiva.
Continuaré con un análisis del plan de gobierno del Frente Amplio.



7.4.16

Ataque a PPK en un vil artículo en la revista Poder

Alfredo Stecher


El 6 de abril apareció un artículo de Pedro José Llosa en la buena revista Poder, con el título La dama y el vagabundo (tomado de la película de Walt Disney), que contiene un ataque ridículo e inaceptable contra PPK.
Aclaro que no tengo vínculo con el Partido PPK ni por su candidato, ni lo conozco personalmente. Para quienes no lo saben, preciso que por mi salud ni quiero ni puedo asumir cargos, sí seguir como analista político independiente.
Mis apreciaciones sobre PPK, al que, sin ser impoluto, considero el menos malo de los candidatos, se basan en su buen desempeño como ministro de Toledo, responsable, junto a otros, de lo positivo que sí hubo en ese gobierno. No es casual la enorme diferencia entre la intención de voto por PPK y la de Toledo. Sí tengo amistad con algunos de esos ministros y sus viceministros, que siempre me han relatado una imagen de PPK positiva, de ponderación y buen criterio que priman sobre sus errores de entonces y en su mala campaña electoral.
Es clave recordar que ese período, de destacado manejo económico, ha sido el único en los últimos lustros en que la Policía Nacional ha mejorado significativamente su organización, su efectividad y su moral, con respeto de la normatividad, mejorada, todo lo cual en los siguientes gobiernos ha empeorado terriblemente, agravando la inseguridad para la ciudadanía, sus familias y sus negocios, especialmente para los pequeños.
Polemizando con Llosa: Es increíble considerar a PPK el más fujimorista de los fujimoristas, con argumentos aplicables a muchas personas también absolutamente no fujimoristas, y caracterizarlo a partir de un exabrupto y una disculpa chueca (algo lamentablemente humano y demasiado frecuente). De allí a acusarlo de pobreza moral hay un enorme trecho.
Considero a Verónika Mendoza inteligente y honesta, superior en tacto político, además de otras virtudes, pero me preocupan el riesgo de que una amplia opinión anti izquierda facilite el triunfo del fujimorismo, y que el llegar ahora a la presidencia, prematuramente, sin las necesarias condiciones, puede tener consecuencias probablemente terribles para nuestro país y significar su inmolación política. Tengo por ella mis mayores simpatías, pero considero absolutamente insuficiente su experiencia política y al parecer nula, la de gestión, algo clave para gobernar bien. Aún eso podría ser en parte remediado, si se basara en un partido de izquierda con visión amplia y realista, sólido y con algunas experiencias de gobierno resaltables, a cualquier nivel, e iniciativas legislativas importantes. Pero ni siquiera cuenta con cuadros con nivel de estadistas, como se expresa en su lamentable Plan de Gobierno. Reconozco que la acompañan muchos intelectuales y algunos políticos con cualidades positivas (pero en general insuficientes). Tengo mucho respeto por varios y amistad con algunos. Pero lo que vale en esto es el análisis político y no la amistad. Hago votos por que Verónika desarrolle su liderazgo con una política amplia, que la prepare a ella, a nuestra sociedad y a su partido (rompiendo con el fundamentalismo ultra) para ser más adelante una exitosa presidenta y gobierno. Estoy dispuesto a apoyarla en eso desde lejos.
Hay tantas experiencias en la historia latinoamericana y mundial, incluso en el presente, de intentos de cambio radical inmediato de modelo que terminaron en desastres. Aprendamos de lo que nos enseña el pasado.
En mis frecuentes escritos en blog propugno cambios radicales, algunos en la misma perspectiva que Frente Amplio, pero al ritmo que las capacidades propias y las correlaciones de fuerzas permiten, lo que exige una inmediata pero cautelosa y progresiva mejora del Estado, aprovechando lo positivo de la actual normatividad y anulando en lo posible lo negativo, con impactos en todos los ámbitos de la sociedad; la concentración de esfuerzos en lo más apremiante para la ciudadanía, la corrupción, la inequidad, la inseguridad y la injusticia; así como en lo que es clave para nuestro futuro, reformar integralmente la educación, priorizando la calidad y no lo cuantitativo (en que también se debe avanzar), con énfasis en la parvularia y primaria; complementándolo con la generalización de guarderías para una mejor atención material y pedagógica a la primera infancia y para facilitar el trabajo de las madres fuera del domicilio, todo lo cual generará mejores ciudadanos.
Teniendo algunos serios vacíos, el Plan de Gobierno de PPK es el más sólido.
Tener un buen plan y aplicarlo bien exige visión de estadista, suficiente estabilidad, política amplia de alianzas y no enfrentarse con casi todos a la vez, algo siempre erróneo y pernicioso, sin un amplio respaldo ni una muy amplia mayoría congresal, que posibilitarían ampliar algo el abanico de objetivos inmediatos. Cada período de gobierno debe atacar los problemas centrales más urgentes en la medida de las fuerzas disponibles, manteniendo un marco de crecimiento económico y preparando las condiciones para las siguientes profundas transformaciones. Fallar puede tener nefastas consecuencias.
Con su referencia a borceguíes, o sea botas, Llosa insinúa que PPK es militarista, algo francamente ridículo, como es también una total falta de respeto calificarlo de vagabundo. Es insólito culparlo de plegarse a la primera bandera que lo ayude a llegar al Poder, que es una mentira. A diferencia de varios otros candidatos ha construido su propio partido para eso. Hasta Mendoza se basa en un partido que no es el suyo, por seguir con inscripción electoral (Tierra y Libertad, de negativo ultrismo, que ha marcado su Plan de Gobierno).
Han bajado mis simpatías por PPK, pero me sigue pareciendo el mal menor para nuestro querido Perú, ante dos alternativas de potencial terrible. Además toda polarización entre extremos es sumamente peligrosa.


6.4.16

Euforia, preocupación profunda y reflexión

Alfredo Stecher

Es comprensible la euforia de la izquierda, la parte agrupada en el Frente Amplio –la idealista, la que no lo es tanto y la que no lo es- por el avance vertiginoso de la candidata de su candidato en intención de voto. Pero todo izquierdista serio debería reflexionar sobre el efecto de un eventual triunfo electoral prematuro en la gobernabilidad de nuestro país, en un entorno cada vez más problemático.
¡Quién hubiera esperado que gracias a la pésima legislación electoral, la indescriptible miopía o manejo turbio del Jurado Electoral, con descalificación de dos candidatos, lo insulso de Barnechea y la equivocada estrategia electoral de PPK, junto con su deplorable desempeño electoral, iban a llevarnos a una ahora probable segunda vuelta entre dos mujeres! Algo en principio positivo como avance de la mujer en la escena política, pero un terrible dilema para gran parte de los electores y quienes pensamos en perspectiva de cambio con gobernabilidad. El triunfo de cualquiera de las dos, más allá de sus cualidades y defectos personales, puede resultar una pesadilla para nuestro país, por lo que está detrás como ideología y como fuerza política. Es importante que todos pensemos bien nuestros votos.
Es terrible la posibilidad de que gane el fujimorismo, mientras su práctica durante al menos un período gubernamental no evidencie sinceridad del solemne y, en principio, positivo compromiso de Keiko de romper con el legado de su padre, para convertirse en una conservadora populista no mafiosa. Y es sumamente preocupante la posibilidad de que gane Verónika, con base principalmente en su personalidad, energía juvenil y simpatía, criterio principal para muchos votantes, además del interés personal, en un proceso electoral en que el debate programático ha sido un gran ausente.
Para preocuparnos se combinan su escasa experiencia política, la debilidad y problemas serios de su apoyo partidario, pero, aún más, dos problemas gravísimos: la muy equivocada orientación de su plan de gobierno, además de en gran medida incumplible aún en las mejores condiciones, cuya inexistencia es el segundo problema básico, la absoluta insuficiencia de apoyo ciudadano para grandes cambios y la esperable cerrada oposición cerrada de gran parte de: los partidarios de los demás partidos, principalmente de fujimoristas y apristas, desde fuera y desde dentro del Estado, incluidas la policía y fuerzas armadas, de la jerarquía de la iglesia católica y de diversas iglesias evangélicas, del empresariado, de muchos medios de comunicación, de los otros Poderes del Estado, con un Congreso mayoritariamente en contra. En resumen, el peor de los escenarios incluso para grandes cambios necesarios y correctos, pero de visión cortoplacista, y potencialmente catastrófico por cambios incorrectos que implican enfrentamiento con casi todos a la vez, desde concepciones y propuestas de buenas intenciones, pero en gran parte equivocadas.
Tiene valor el antifujimorismo, pero es, aunque mayoritario en la población, una base absolutamente insuficiente para gobernar si no es encabezado por una fuerza política aglutinadora, siguiendo la orientación del Acuerdo Nacional. El Frente Amplio no tiene esa capacidad ni esa voluntad, al contrario, rechaza es imprescindible camino.
Mi apoyo sigue siendo para PPK como mal menor, que combinará lo mejor del mediocre gobierno de Toledo con condiciones para que se desarrolle más una alternativa de izquierda seria, ojalá con inclinación hacia el centro, desde actitudes de colaboración y desde una oposición ojalá constructiva.
Continuaré con un análisis del plan de gobierno del Frente Amplio.



4.4.16

Me encantaría poder votar por una mujer

Alfredo Stecher


Me encantaría poder apoyar a una mujer para y en la presidencia. No solo por ser mujer, sino por su capacidad, muchas veces superior a la de hombres en situación similar. Toda mi vida, desde el colegio, la universidad, mi vida política, en Ideas, en Recursos, en BioLatina, he procurado la mayor participación posible de la mujer, su mayor desarrollo posible y su acceso a los mayores cargos para los que estaban preparadas, inicialmente sin tener conciencia de los movimientos feministas, pero pronto apoyándolos.
Como no puedo apoyar al fujimorismo, espero alguna vez poder apoyar a Mendoza, si evoluciona positivamente, pero no por ser joven (lo seguirá siendo por lustros) sino por seguir estando comprometida con cambios profundos, moderna y ojalá más abierta, con experiencia no solo de maestra y congresista, sino también de gestión política. También estoy muy a favor de una mayor participación de los jóvenes en la política (en realidad, una combinación de todas las edades), pero paso a paso, tanto para evidenciar en la práctica su ética y sus capacidades, como para ampliar y consolidar estas hasta la adquisición de la experiencia necesaria para los cargos más elevados.
Me simpatiza, pero no logro calibrar bien a Mendoza como persona y política, por desconocimiento, pero sí estoy convencido de que no tiene la experiencia necesaria de gestión gubernamental. Por el mismo pie cojea gente como Arana y todo el país debería estar preocupado por la posibilidad de que cogobierne con Mendoza. Ella tiene un equipo económico con experiencia académica y algo de práctica, pero en el plano político bastante cuestionable.
Me parecen muy equivocados algunos puntos de su programa y de su propaganda, pero aprecio otros, en particular su posición a favor de la agricultura ecológica y contra los transgénicos, que efectivamente está ausente en otras candidaturas (no la preocupación ecológica), pero siendo importante, y debiendo seguir luchando por ella, confío que con ayuda de Mendoza, no es lo más importante en la conducción inmediata del país.
Con Mendoza, aunque no se confirmen las denuncias, como preferiría, corremos un enorme albur y la casi certeza de fracaso inmediato y para las siguientes justas electorales por descrédito adicional de la izquierda. En el caso de Susana Villarán la he apoyado un tiempo, equivocándome al valorarla mucho más que lo que la experiencia luego ha mostrado –una gran decepción.
PPK, que no es de la alta aristocracia, como alguien afirma, que estudió con beca, sí es expresión de un enorme éxito personal, anhelo de todos los emprendedores, con capacidad de gestión política demostrada al pasar a priorizar su voluntad de servicio al país (que entiendo también como homenaje a su padre), sabemos de qué pie cojea –y cada vez cojea más (lo del gas es un tema aparte)-, pero no nos causará ningún sobresalto y gobernará democráticamente, bastante bien, como la parte mejor o menos mala del gobierno de Toledo, debida a él, lo que facilitará el desarrollo de alternativas para el futuro, tanto desde la oposición como desde el Estado mismo. Y no necesitará probar tantos errores como algunos creen (con razón) necesitará cometer Barnechea antes de achuntarle a algo (en esto hay exageración, pero no demasiada, porque para evitarlo hay que tener experiencia de gestión, que él no tiene).
Barnechea es hijo de hacendados de Ica, nieto de latifundista vasco, pariente de ex presidentes de Bolivia, graduado de Harvard (que se sepa, sin necesitar beca), todo lo cual no lo descalifica en absoluto, al contrario, es un indicio -no prueba- de alto nivel cultural, algo positivo. Sí lo es su producción de libros-, pero no lo convierte, como dijo fanfarronamente, en realidad en campesino iqueño (algo perdonable, pero inadecuado). Lo que sí lo descalifica es la afirmación de que PPK es lo mismo que el fujimorismo, que obviamente no es cierta, y que disminuye la posibilidad de una necesaria política amplia de alianzas desde el Gobierno o desde la oposición.
Ser de izquierda es con frecuencia un indicador de mayor interés por las mayorías, pero no una prueba de que se las va a favorecer objetivamente a la larga, como han demostrado tantas experiencias populistas (claro que también las de derecha), y otras peores. Muchas veces es más bien una expresión de resentimientos-comprensibles, pero no constructivos.
Es probable que gran parte del electorado de los diferentes candidatos comparta características básicas de ubicación en la vida, y de honestidad o deshonestidad, y que debemos respetar a todos, a la vez que tratar de que conozcan mejor qué significa probablemente para el próximo período presidencial la victoria electoral de cada candidato y partido.
Cuando votamos por un candidato a presidente, debemos pensar en el conjunto del país, aunque nos decepcione respecto de algún área de nuestro especial interés, como para mí, la agricultura orgánica y la moratoria a los transgénicos, lo que hacemos bien en priorizar cuando el voto es por congresistas, entre los que tienen chances de ser electos (si ninguno ad hoc, algunos de los más inteligentes y abiertos).
Si no hay riesgo de que gane un candidato a la presidencia que uno considera malo, como a mi juicio Fujimori, que arrastra un terrible legado político y tampoco tiene capacidad de gestión estatal, podemos darnos el lujo de votar por el que más nos convence, independientemente de sus chances de ganar, con la idea de darle respaldo a su partido y a su proyección a futuro. Y, en el caso de congresistas, si los bastante seguros de entrar cubren nuestras preocupaciones especiales, podemos respaldar a alguien sin chances pero que queremos promover.
Pero ese riesgo es enorme, por lo que debemos sopesar nuestro voto con mucho realismo, que no significa abandonar ideales ni dejar de luchar por ellos.


28.3.16

Nuestro dilema electoral

 Alfredo Stecher


La irresponsabilidad del Congreso y del JNE nos ha llevado a una situación deplorable para nosotros mismos y ante la vista del mundo interesado en nosotros y a favor de la democracia. Asumo, sin certeza, que la legislación que rige las elecciones había sido elaborada con buenas intenciones, pero, como en muchas otras ocasiones, nos ha acercado al infierno político. Eso había sido advertido con mucha antelación y precisión, y no corregido.
No puede ser que, avanzado el proceso, haya incertidumbre sobre quiénes seguirán siendo candidatos; tampoco, que sean eliminadas candidaturas por fallas formales, merecedoras de sanción, pero no de exclusión, en contra del derecho constitucional de los ciudadanos, propiciando un descrédito aún mayor de la política y afectando de manera peligrosa la legitimidad de los resultados electorales. Sería aún peor si termina de ser eliminada la llamada Fuerza Popular, una de las tantas denominaciones y caretas que ha usado el fujimorismo, porque tiene un respaldo firme de cerca de un tercio del electorado y terminaría de deslegitimar estas elecciones. Aunque terminaría de cuestionar la validez de las decisiones de las autoridades electorales, la exclusión de Fujimori sería terrible para la democracia, frente a las de Acuña y Guzmán, graves, pero toleradas por haber tenido un apoyo errático.
Estoy absolutamente en contra de la reinstalación del fujimorismo en el Poder, del que tanto abusó, pesando mucho más sus actos delictivos que algunos aciertos, y estoy en contra de un empresario plagiador en serie que se enriqueció vendiendo una educación de baja calidad a decenas de miles de estudiantes universitarios; estoy también en contra de un advenedizo de la política, de opiniones oscilantes, aupado a un partido intelectualmente serio pero extremadamente débil en lo organizativo. Aparte de sanciones por faltas efectivas, lo que correspondería es una pedagogía política para guiar al electorado hacia alternativas honestas y serias, en las formas y en los contenidos programáticos expresados en sus planes de gobierno, que al menos algunos tienen más o menos coherentes y la intención de cumplir.
A estas alturas no tiene sentido escribir sobre nuestros ex presidentes, felizmente relegados, ni sobre los candidatos del montón marginal, que los hay con algunos méritos y muchos deméritos, sí sobre las principales alternativas al fujimorismo: el otra vez puntero, PPK, de Peruanos para el Kambio, y los empatados en el tercer lugar, Verónika Mendoza, del Frente Amplio, y Alfredo Barnechea, de la Alianza Popular. Los tres comparten la característica de ser honestos (no digo que impolutos), según todo lo que comprobadamente sabemos de ellos (también sabemos que es fácil calumniar), de ser inteligentes y de tener una vocación de servicio público. Los tres tienen personas valiosas en su lista al Congreso. Y los tres no serían mi primera opción si pudiera imaginarme un candidato alternativo entre nuestros ciudadanos más meritorios. Pero el efecto de su elección sería muy diferente.
En el caso de PPK, hay la certeza de que hará una gestión que continuará con lo positivo que tuvo la suya como ministro de Economía y Finanzas y luego presidente del Consejo de Ministros, que junto con otros ministros capaces logró salvarnos de la deriva propia de las características del presidente Toledo. Esto se aúna a experiencia de gestión empresarial, que permite evitar normativas perjudiciales para avanzar hacia un desarrollo sostenible, desde el punto de vista económico, además de mantener la confianza del empresariado serio, así como de facilitarle los conocimientos útiles para controlar al menos serio, y para desenmascarar y castigar al deshonesto y al mafioso. Su programa es el más coherente y sus equipos son de primera categoría, particularmente en economía, pilar de un crecimiento continuo, sin sobresaltos, y en seguridad para ciudadanos y empresas, en especial las de menor tamaño, tema prioritario tanto objetiva como subjetivamente. Supongo que nadie medianamente objetivo creerá que lo positivo en la gestión de Toledo se debe más a nuestro inefable cholo de Harvard que a PPK y algunos otros ministros de calidad.
Mendoza genera simpatías, también mías, por su espíritu rebelde y juventud, pero lo poco que sabemos de sus puntos de vista así como su total falta de experiencia de gestión, no avalan su pretensión de llegar, al menos por ahora, al más alto cargo de la República, con el agravante de un entorno en parte irresponsable en su campaña antiminera y otras posiciones extremas. Y, aunque me identificara con su movimiento y su bastante reducido frente, le recordaría que entre las peores cosas que le pueden pasar a un liderazgo político, es llegar tarde a la historia o triunfar sin que las condiciones estén maduras, así como sin haber desarrollado la suficiente capacidad personal y de equipos humanos, y sin la fuerza social necesaria para respaldar su gestión.
Barnechea tiene el mérito de la seriedad y de la acumulación de experiencias varias, como militante aprista, candidato –y cara bonita- del APRA a la alcaldía de Lima (que estuvo cerca de ganar a Barrantes) y diputado aprista, pero la evidencia de su capacidad de gestión, si se puede considerar tal, se reduce a haber sido asesor principal y director en un organismo internacional, entidades con méritos pero no precisamente de gestión. Aunque no tengo nada contra los intelectuales con experiencia política, y me precio de ser uno entre muchos, creo que esa característica dominante en él no es suficiente para calificarlo como conductor de nuestro país en tiempos aún más difíciles que antes. El partido al que se afilió en los últimos años, Acción Popular, tiene el mérito, aunque modesto, de seguir existiendo, en general de manera decente, algo de por sí notable, pero con poca fuerza social (lo de sus cien mil militantes no lo creen ni ellos mismos), y con el negativo cartel de haber tenido dos gobiernos mediocres, cuya repetición penosa es lo que su triunfo nos auguraría.
Esto significa obviamente que apoyo a PPK, candidato y partido, que recomiendo como el mejor posible o como mal menor, según la perspectiva de cada quien. En un barco con serios defectos y ante tormentas que con seguridad nos esperan, confío más en el capitán con mayor experiencia. Con aún mayor razón tratándose del futuro de todo nuestro país.
Y, en definitiva, en la segunda vuelta frente al fujimorismo, apoyaría a cualquiera de los tres alternativos, perdonando, al menos por el período de su mandato, los errores y faltas cometidos previamente, sin dejar de ejercer la crítica necesaria respecto de su desempeño como presidente; eso sí, cruzando los dedos para que Mendoza no triunfe a destiempo y haciendo votos por que los congresistas de las tres listas generen una mejor legislación o una oposición de calidad, si sucediera lo peor.
Al margen de recomendar el voto a la presidencia por PPK, en cuanto a los candidatos al Congreso, considero preferible votar, entre los que tienen chances de ganar de las listas con mayor apoyo, por los más inteligentes, experimentados y de criterio amplio, aunque no se concuerde totalmente con sus opiniones, y seguir dando la batalla por posiciones y propuestas específicas no consideradas en los planes de gobierno o incluso contradichas. Si algunas bancadas incluyen personas de calidad y peso capaces de contrarrestar a las unilaterales, mediocres o corruptas, podrán, con argumentación y algo de fuerza social, convencer a la presidencia y ganar votaciones en el Congreso. En mi caso se trata de mejoras en varios aspectos de sus planes de gobierno y, en particular, de la agricultura ecológica, el no a los transgénicos y la realista y efectiva defensa de nuestro ambiente y biodiversidad, además de la equidad de género que no es solo un tema de feministas sino responsabilidad de todos, hombres y mujeres, en el marco siempre de la defensa de los intereses de la población y del país en su conjunto.


16.3.16

El panorama electoral a menos de un mes

Alfredo Stecher

El mundo lamentablemente se está acostumbrando a situaciones impresentables, con las elecciones en Estados Unidos llevándose las palmas, expresión de una sociedad en parte muy enferma. Ninguno de sus dos grandes partidos es una maravilla, pero el Republicano está batiendo récord en mala conducta, cosecha de sus largos años de políticas destructivas, con sus candidatos más aventajados en primarias o asambleas electorales (caucus) por estados: Donald Trump, el provocador e irresponsable multibillonario showman y peligroso demagogo, y Ted Cruz, el evangélico extremista contrario a todo avance en políticas sociales, líder del boicot en el Congreso de casi todas las iniciativas del presidente Obama (el más decente y visionario en mucho tiempo). Ambos llevarían a Estados Unidos a perder en lo económico y, lo que es más importante para nosotros, en su tembloroso pero valioso liderazgo mundial favorable a democracias, paz y lucha contra el cambio climático. Como a muchos analistas, me parecía imposible que Trump ganara la nominación y aún más imposible, que ganara la elección –ahora ya no estoy tan seguro. Y eso a pesar de haber en el lado demócrata dos pesos pesados, con Hillary Clinton claramente la más preparada y confiable, pero que suscita muchas resistencias por representar al establishment, a la élite política que gran parte del electorado considera causante de grandes males. Curiosamente Trump, parte del establishment en su vertiente económica, aparece como adalid contra este. Bernie Sanders, hace décadas gobernador del pequeño estado de Vermont, fronterizo con Canadá en el Noreste, auto declarado socialista, merece mucho respeto por su señalamiento de graves problemas y planteamiento de algunas soluciones, pero su posición de rechazo a los tratados de libre comercio, en la que coincide nuestra izquierda, dañaría mucho su economía y la nuestra, además del lastre de su falta de experiencia de gestión gubernamental.
Para no quedarnos atrás, nuestro Congreso se ha preocupado por diseñar una normativa electoral quizá bien intencionada, pero enmarañada e incumplible, y el Jurado Nacional de Elecciones, por aplicarla discrecionalmente, al parecer para favorecer la alicaída candidatura de García – en extraño maridaje con Flores-, de modo que el APRA (y, de paso, el PPC) logre al menos superar la valla del 5% de los votos para la mantención de la inscripción. Y tenemos una carta de reserva, una aunque no muy probable, de todos modos posible e igualmente impresentable victoria del fujimorismo, más por lo que representa en cuanto a un pasado ominoso que por la candidata, seguramente bastante menos dañina que su padre (y todavía mentor). Es un muy preocupante indicador del atraso de nuestra sociedad que ella predomine ampliamente en los sectores económicos D y E, pero también, por un lado, de un realismo oportunista que, pensando en muchos casos que todos los políticos son igual de malos y rateros, valoran lo que han logrado y pueden lograr de positivo por políticas populistas y clientelistas; por otro lado, capaces de obviar el fuerte machismo en sus filas, un síntoma positivo. Es esperanzadora la elevada intención de voto en contra.
Está claro que es inaceptable que fallas administrativas, por lo demás comunes a casi todos los partidos (pero afeitadas por los más avispados), puedan privar al electorado del derecho constitucional de expresar su opción política – lo que correspondería serían sanciones de otro tipo. Si el JNE fuera coherentemente tan legalista e irresponsable, nos quedaríamos sin candidatos y sin elecciones, algo que suele suceder bajo dictaduras que buscan pretextos para perpetuarse o en el marco de una guerra civil, pero inconcebible en un país con varias décadas de democracia, solo muy empañada, pero tampoco eliminada del todo, por el fujimorato.
Lamento el silencio de otros candidatos y aplaudo la protesta de Verónika Mendoza. Pero, ya que no queda más que aceptar diversas fallas de las personas que uno prefiere, mantengo mi posición de apoyar a PPK, que, aunque de poca habilidad para conducir su campaña, ofrece la mayor probabilidad de un gobierno sin sobresaltos, realista, que mantenga la estabilidad económica y política y ataque con firmeza algunos problemas claves, en especial la seguridad ciudadana y de las actividades económicas, así como una inversión pública productiva, y mejore la educación, la salud pública y el funcionamiento del aparato estatal. Sabrá manejar bien la espinosa relación con las necesarias pero poco responsables grandes empresas. Lamento su poco compromiso con el ambiente, pero confío en que se dejará asesorar en este como otros puntos por personas y equipos calificados. A falta de un político comprobadamente destacado e íntegro, la mejor opción es un tecnócrata con esas características, uno de los casos donde el mal menor es lo mejor posible.
Aspiro y debemos todos aspirar a mucho más, pero en este momento me conformo con que no retrocedamos como país por políticas y gestión erradas, porque ningún otro candidato logrará, aunque lo quiera, algo significativamente mejor, sí algo peor, y la mayoría algo mucho peor.

Pero ahora, lo que más necesitamos, es librarnos de sobresaltos que impidan seguir desarrollando y tratar de aglutinar en una alternativa poderosa y de largo aliento, bajo la forma de un partido o frente estable de partidos, que podríamos calificar de centroizquierda, a las muchas fuerzas positivas que han ido emergiendo en casi todos los campos de nuestra realidad, en todas las regiones, desde la sociedad civil y en el propio Estado.

2.3.16

OPCIONES

Alfredo Stecher

Lo positivo en nuestro proceso electoral es que, a diferencia de lo que está pasando en partes de Europa y en Estados Unidos, y a semejanza de otros países latinoamericanos, las mayorías están optando por lo que son o parecen ser posiciones moderadas, centristas. También hay, excepto en el caso de Keiko y PPK, el anhelo por lo nuevo, que no es ninguna garantía de calidad, coincidiendo en eso con la tendencia mundial al hartazgo con el establishment político.

Y es evidente que las campañas contra la corrupción y contra otras facetas delictivas están haciendo mella entre votantes y candidatos, lo que explica el esfuerzo de varios por dotarse de una candidatura a la vicepresidencia no o menos afectadas por denuncias.

Con todo el respeto y simpatía que tengo por Verónika y muchas de las personas que la acompañan, considero que tendrían un efecto parecido a lo que muchos temíamos del Humala original, algo como el primer García, que también se sentía revolucionario.

Lo malo es que esas posiciones centristas son de mala o dudosa calidad y que una de ellas carga además con el lastre fujimorista.

Acuña es impresentable e imprevisible; Guzmán es una incógnita, supongo que también para él mismo; Barnechea de nuevo no tiene nada y, siendo serio, siempre ha sido ni chicha ni limonada y no creo que pueda ganar, con el lastre acciopopulista encima (del que exceptúo a Paniagua y a Acurio). PPK es de medianía y dista de ser el líder que yo preferiría, pero, a pesar de un tufillo populista, al menos no nos traería sobresaltos y podrían madurar, en su movimiento y fuera de él, en el mundo privado de toda escala y en el estatal a todo nivel, fuerzas alternativas mejores y mejor preparadas, quizá entre ellas, y quizá bajo su liderazgo, parte de las de Verónika.

Mucha gente teme que PPK sea plutocrático, por sus antecedentes empresariales y sus millones, pero justamente eso le da independencia respecto de la burocracia del Estado y de la gran empresa, así como un know how de cómo tratar a esta de manera respetuosa y a la vez firme. Y vale lo que he dicho de él en mi comunicación de apoyo (a pesar de no conocerlo personalmente).

En el caso de Guzmán, aparte de su nula experiencia política, del desprecio por las formas (algo, en política, no solo en elecciones, muy importante) y de la variabilidad de sus opiniones en aspectos importantes, a juzgar por algunas noticias no parece ser inmune al nepotismo y su hermana parece ser una joya de desprecio por las formas democráticas al interior de su sacha partido adoptado (según sus bases en Moquegua), y me gustaría conocer sus fuentes de financiamiento.

Otro aspecto bueno, común a otras democracias y a muchísimas entidades de todo tipo, es que hay gente positiva en todas las listas (como lo evidencia la lista de candidatos positivos de Caretas. El gran reto es que logremos tener un partido que aglutine a muchos de ellos y que en él predominen, lo que exige el tipo de liderazgo amplio que nuestro país (y el mundo) necesita. Si no lo impide el infeliz voto preferencial, un típico caso de algo bien intencionado que conduce a su contrario, es de esperar un Congreso más positivo, más bien, menos negativo, lo que no es mucho pedir pero sí difícil de conseguir.

De todos modos veo el vaso medio lleno en vez de medio vacío. Claro que es un vaso chico.