6.4.16

Euforia, preocupación profunda y reflexión

Alfredo Stecher

Es comprensible la euforia de la izquierda, la parte agrupada en el Frente Amplio –la idealista, la que no lo es tanto y la que no lo es- por el avance vertiginoso de la candidata de su candidato en intención de voto. Pero todo izquierdista serio debería reflexionar sobre el efecto de un eventual triunfo electoral prematuro en la gobernabilidad de nuestro país, en un entorno cada vez más problemático.
¡Quién hubiera esperado que gracias a la pésima legislación electoral, la indescriptible miopía o manejo turbio del Jurado Electoral, con descalificación de dos candidatos, lo insulso de Barnechea y la equivocada estrategia electoral de PPK, junto con su deplorable desempeño electoral, iban a llevarnos a una ahora probable segunda vuelta entre dos mujeres! Algo en principio positivo como avance de la mujer en la escena política, pero un terrible dilema para gran parte de los electores y quienes pensamos en perspectiva de cambio con gobernabilidad. El triunfo de cualquiera de las dos, más allá de sus cualidades y defectos personales, puede resultar una pesadilla para nuestro país, por lo que está detrás como ideología y como fuerza política. Es importante que todos pensemos bien nuestros votos.
Es terrible la posibilidad de que gane el fujimorismo, mientras su práctica durante al menos un período gubernamental no evidencie sinceridad del solemne y, en principio, positivo compromiso de Keiko de romper con el legado de su padre, para convertirse en una conservadora populista no mafiosa. Y es sumamente preocupante la posibilidad de que gane Verónika, con base principalmente en su personalidad, energía juvenil y simpatía, criterio principal para muchos votantes, además del interés personal, en un proceso electoral en que el debate programático ha sido un gran ausente.
Para preocuparnos se combinan su escasa experiencia política, la debilidad y problemas serios de su apoyo partidario, pero, aún más, dos problemas gravísimos: la muy equivocada orientación de su plan de gobierno, además de en gran medida incumplible aún en las mejores condiciones, cuya inexistencia es el segundo problema básico, la absoluta insuficiencia de apoyo ciudadano para grandes cambios y la esperable cerrada oposición cerrada de gran parte de: los partidarios de los demás partidos, principalmente de fujimoristas y apristas, desde fuera y desde dentro del Estado, incluidas la policía y fuerzas armadas, de la jerarquía de la iglesia católica y de diversas iglesias evangélicas, del empresariado, de muchos medios de comunicación, de los otros Poderes del Estado, con un Congreso mayoritariamente en contra. En resumen, el peor de los escenarios incluso para grandes cambios necesarios y correctos, pero de visión cortoplacista, y potencialmente catastrófico por cambios incorrectos que implican enfrentamiento con casi todos a la vez, desde concepciones y propuestas de buenas intenciones, pero en gran parte equivocadas.
Tiene valor el antifujimorismo, pero es, aunque mayoritario en la población, una base absolutamente insuficiente para gobernar si no es encabezado por una fuerza política aglutinadora, siguiendo la orientación del Acuerdo Nacional. El Frente Amplio no tiene esa capacidad ni esa voluntad, al contrario, rechaza es imprescindible camino.
Mi apoyo sigue siendo para PPK como mal menor, que combinará lo mejor del mediocre gobierno de Toledo con condiciones para que se desarrolle más una alternativa de izquierda seria, ojalá con inclinación hacia el centro, desde actitudes de colaboración y desde una oposición ojalá constructiva.
Continuaré con un análisis del plan de gobierno del Frente Amplio.



4.4.16

Me encantaría poder votar por una mujer

Alfredo Stecher


Me encantaría poder apoyar a una mujer para y en la presidencia. No solo por ser mujer, sino por su capacidad, muchas veces superior a la de hombres en situación similar. Toda mi vida, desde el colegio, la universidad, mi vida política, en Ideas, en Recursos, en BioLatina, he procurado la mayor participación posible de la mujer, su mayor desarrollo posible y su acceso a los mayores cargos para los que estaban preparadas, inicialmente sin tener conciencia de los movimientos feministas, pero pronto apoyándolos.
Como no puedo apoyar al fujimorismo, espero alguna vez poder apoyar a Mendoza, si evoluciona positivamente, pero no por ser joven (lo seguirá siendo por lustros) sino por seguir estando comprometida con cambios profundos, moderna y ojalá más abierta, con experiencia no solo de maestra y congresista, sino también de gestión política. También estoy muy a favor de una mayor participación de los jóvenes en la política (en realidad, una combinación de todas las edades), pero paso a paso, tanto para evidenciar en la práctica su ética y sus capacidades, como para ampliar y consolidar estas hasta la adquisición de la experiencia necesaria para los cargos más elevados.
Me simpatiza, pero no logro calibrar bien a Mendoza como persona y política, por desconocimiento, pero sí estoy convencido de que no tiene la experiencia necesaria de gestión gubernamental. Por el mismo pie cojea gente como Arana y todo el país debería estar preocupado por la posibilidad de que cogobierne con Mendoza. Ella tiene un equipo económico con experiencia académica y algo de práctica, pero en el plano político bastante cuestionable.
Me parecen muy equivocados algunos puntos de su programa y de su propaganda, pero aprecio otros, en particular su posición a favor de la agricultura ecológica y contra los transgénicos, que efectivamente está ausente en otras candidaturas (no la preocupación ecológica), pero siendo importante, y debiendo seguir luchando por ella, confío que con ayuda de Mendoza, no es lo más importante en la conducción inmediata del país.
Con Mendoza, aunque no se confirmen las denuncias, como preferiría, corremos un enorme albur y la casi certeza de fracaso inmediato y para las siguientes justas electorales por descrédito adicional de la izquierda. En el caso de Susana Villarán la he apoyado un tiempo, equivocándome al valorarla mucho más que lo que la experiencia luego ha mostrado –una gran decepción.
PPK, que no es de la alta aristocracia, como alguien afirma, que estudió con beca, sí es expresión de un enorme éxito personal, anhelo de todos los emprendedores, con capacidad de gestión política demostrada al pasar a priorizar su voluntad de servicio al país (que entiendo también como homenaje a su padre), sabemos de qué pie cojea –y cada vez cojea más (lo del gas es un tema aparte)-, pero no nos causará ningún sobresalto y gobernará democráticamente, bastante bien, como la parte mejor o menos mala del gobierno de Toledo, debida a él, lo que facilitará el desarrollo de alternativas para el futuro, tanto desde la oposición como desde el Estado mismo. Y no necesitará probar tantos errores como algunos creen (con razón) necesitará cometer Barnechea antes de achuntarle a algo (en esto hay exageración, pero no demasiada, porque para evitarlo hay que tener experiencia de gestión, que él no tiene).
Barnechea es hijo de hacendados de Ica, nieto de latifundista vasco, pariente de ex presidentes de Bolivia, graduado de Harvard (que se sepa, sin necesitar beca), todo lo cual no lo descalifica en absoluto, al contrario, es un indicio -no prueba- de alto nivel cultural, algo positivo. Sí lo es su producción de libros-, pero no lo convierte, como dijo fanfarronamente, en realidad en campesino iqueño (algo perdonable, pero inadecuado). Lo que sí lo descalifica es la afirmación de que PPK es lo mismo que el fujimorismo, que obviamente no es cierta, y que disminuye la posibilidad de una necesaria política amplia de alianzas desde el Gobierno o desde la oposición.
Ser de izquierda es con frecuencia un indicador de mayor interés por las mayorías, pero no una prueba de que se las va a favorecer objetivamente a la larga, como han demostrado tantas experiencias populistas (claro que también las de derecha), y otras peores. Muchas veces es más bien una expresión de resentimientos-comprensibles, pero no constructivos.
Es probable que gran parte del electorado de los diferentes candidatos comparta características básicas de ubicación en la vida, y de honestidad o deshonestidad, y que debemos respetar a todos, a la vez que tratar de que conozcan mejor qué significa probablemente para el próximo período presidencial la victoria electoral de cada candidato y partido.
Cuando votamos por un candidato a presidente, debemos pensar en el conjunto del país, aunque nos decepcione respecto de algún área de nuestro especial interés, como para mí, la agricultura orgánica y la moratoria a los transgénicos, lo que hacemos bien en priorizar cuando el voto es por congresistas, entre los que tienen chances de ser electos (si ninguno ad hoc, algunos de los más inteligentes y abiertos).
Si no hay riesgo de que gane un candidato a la presidencia que uno considera malo, como a mi juicio Fujimori, que arrastra un terrible legado político y tampoco tiene capacidad de gestión estatal, podemos darnos el lujo de votar por el que más nos convence, independientemente de sus chances de ganar, con la idea de darle respaldo a su partido y a su proyección a futuro. Y, en el caso de congresistas, si los bastante seguros de entrar cubren nuestras preocupaciones especiales, podemos respaldar a alguien sin chances pero que queremos promover.
Pero ese riesgo es enorme, por lo que debemos sopesar nuestro voto con mucho realismo, que no significa abandonar ideales ni dejar de luchar por ellos.


28.3.16

Nuestro dilema electoral

 Alfredo Stecher


La irresponsabilidad del Congreso y del JNE nos ha llevado a una situación deplorable para nosotros mismos y ante la vista del mundo interesado en nosotros y a favor de la democracia. Asumo, sin certeza, que la legislación que rige las elecciones había sido elaborada con buenas intenciones, pero, como en muchas otras ocasiones, nos ha acercado al infierno político. Eso había sido advertido con mucha antelación y precisión, y no corregido.
No puede ser que, avanzado el proceso, haya incertidumbre sobre quiénes seguirán siendo candidatos; tampoco, que sean eliminadas candidaturas por fallas formales, merecedoras de sanción, pero no de exclusión, en contra del derecho constitucional de los ciudadanos, propiciando un descrédito aún mayor de la política y afectando de manera peligrosa la legitimidad de los resultados electorales. Sería aún peor si termina de ser eliminada la llamada Fuerza Popular, una de las tantas denominaciones y caretas que ha usado el fujimorismo, porque tiene un respaldo firme de cerca de un tercio del electorado y terminaría de deslegitimar estas elecciones. Aunque terminaría de cuestionar la validez de las decisiones de las autoridades electorales, la exclusión de Fujimori sería terrible para la democracia, frente a las de Acuña y Guzmán, graves, pero toleradas por haber tenido un apoyo errático.
Estoy absolutamente en contra de la reinstalación del fujimorismo en el Poder, del que tanto abusó, pesando mucho más sus actos delictivos que algunos aciertos, y estoy en contra de un empresario plagiador en serie que se enriqueció vendiendo una educación de baja calidad a decenas de miles de estudiantes universitarios; estoy también en contra de un advenedizo de la política, de opiniones oscilantes, aupado a un partido intelectualmente serio pero extremadamente débil en lo organizativo. Aparte de sanciones por faltas efectivas, lo que correspondería es una pedagogía política para guiar al electorado hacia alternativas honestas y serias, en las formas y en los contenidos programáticos expresados en sus planes de gobierno, que al menos algunos tienen más o menos coherentes y la intención de cumplir.
A estas alturas no tiene sentido escribir sobre nuestros ex presidentes, felizmente relegados, ni sobre los candidatos del montón marginal, que los hay con algunos méritos y muchos deméritos, sí sobre las principales alternativas al fujimorismo: el otra vez puntero, PPK, de Peruanos para el Kambio, y los empatados en el tercer lugar, Verónika Mendoza, del Frente Amplio, y Alfredo Barnechea, de la Alianza Popular. Los tres comparten la característica de ser honestos (no digo que impolutos), según todo lo que comprobadamente sabemos de ellos (también sabemos que es fácil calumniar), de ser inteligentes y de tener una vocación de servicio público. Los tres tienen personas valiosas en su lista al Congreso. Y los tres no serían mi primera opción si pudiera imaginarme un candidato alternativo entre nuestros ciudadanos más meritorios. Pero el efecto de su elección sería muy diferente.
En el caso de PPK, hay la certeza de que hará una gestión que continuará con lo positivo que tuvo la suya como ministro de Economía y Finanzas y luego presidente del Consejo de Ministros, que junto con otros ministros capaces logró salvarnos de la deriva propia de las características del presidente Toledo. Esto se aúna a experiencia de gestión empresarial, que permite evitar normativas perjudiciales para avanzar hacia un desarrollo sostenible, desde el punto de vista económico, además de mantener la confianza del empresariado serio, así como de facilitarle los conocimientos útiles para controlar al menos serio, y para desenmascarar y castigar al deshonesto y al mafioso. Su programa es el más coherente y sus equipos son de primera categoría, particularmente en economía, pilar de un crecimiento continuo, sin sobresaltos, y en seguridad para ciudadanos y empresas, en especial las de menor tamaño, tema prioritario tanto objetiva como subjetivamente. Supongo que nadie medianamente objetivo creerá que lo positivo en la gestión de Toledo se debe más a nuestro inefable cholo de Harvard que a PPK y algunos otros ministros de calidad.
Mendoza genera simpatías, también mías, por su espíritu rebelde y juventud, pero lo poco que sabemos de sus puntos de vista así como su total falta de experiencia de gestión, no avalan su pretensión de llegar, al menos por ahora, al más alto cargo de la República, con el agravante de un entorno en parte irresponsable en su campaña antiminera y otras posiciones extremas. Y, aunque me identificara con su movimiento y su bastante reducido frente, le recordaría que entre las peores cosas que le pueden pasar a un liderazgo político, es llegar tarde a la historia o triunfar sin que las condiciones estén maduras, así como sin haber desarrollado la suficiente capacidad personal y de equipos humanos, y sin la fuerza social necesaria para respaldar su gestión.
Barnechea tiene el mérito de la seriedad y de la acumulación de experiencias varias, como militante aprista, candidato –y cara bonita- del APRA a la alcaldía de Lima (que estuvo cerca de ganar a Barrantes) y diputado aprista, pero la evidencia de su capacidad de gestión, si se puede considerar tal, se reduce a haber sido asesor principal y director en un organismo internacional, entidades con méritos pero no precisamente de gestión. Aunque no tengo nada contra los intelectuales con experiencia política, y me precio de ser uno entre muchos, creo que esa característica dominante en él no es suficiente para calificarlo como conductor de nuestro país en tiempos aún más difíciles que antes. El partido al que se afilió en los últimos años, Acción Popular, tiene el mérito, aunque modesto, de seguir existiendo, en general de manera decente, algo de por sí notable, pero con poca fuerza social (lo de sus cien mil militantes no lo creen ni ellos mismos), y con el negativo cartel de haber tenido dos gobiernos mediocres, cuya repetición penosa es lo que su triunfo nos auguraría.
Esto significa obviamente que apoyo a PPK, candidato y partido, que recomiendo como el mejor posible o como mal menor, según la perspectiva de cada quien. En un barco con serios defectos y ante tormentas que con seguridad nos esperan, confío más en el capitán con mayor experiencia. Con aún mayor razón tratándose del futuro de todo nuestro país.
Y, en definitiva, en la segunda vuelta frente al fujimorismo, apoyaría a cualquiera de los tres alternativos, perdonando, al menos por el período de su mandato, los errores y faltas cometidos previamente, sin dejar de ejercer la crítica necesaria respecto de su desempeño como presidente; eso sí, cruzando los dedos para que Mendoza no triunfe a destiempo y haciendo votos por que los congresistas de las tres listas generen una mejor legislación o una oposición de calidad, si sucediera lo peor.
Al margen de recomendar el voto a la presidencia por PPK, en cuanto a los candidatos al Congreso, considero preferible votar, entre los que tienen chances de ganar de las listas con mayor apoyo, por los más inteligentes, experimentados y de criterio amplio, aunque no se concuerde totalmente con sus opiniones, y seguir dando la batalla por posiciones y propuestas específicas no consideradas en los planes de gobierno o incluso contradichas. Si algunas bancadas incluyen personas de calidad y peso capaces de contrarrestar a las unilaterales, mediocres o corruptas, podrán, con argumentación y algo de fuerza social, convencer a la presidencia y ganar votaciones en el Congreso. En mi caso se trata de mejoras en varios aspectos de sus planes de gobierno y, en particular, de la agricultura ecológica, el no a los transgénicos y la realista y efectiva defensa de nuestro ambiente y biodiversidad, además de la equidad de género que no es solo un tema de feministas sino responsabilidad de todos, hombres y mujeres, en el marco siempre de la defensa de los intereses de la población y del país en su conjunto.


16.3.16

El panorama electoral a menos de un mes

Alfredo Stecher

El mundo lamentablemente se está acostumbrando a situaciones impresentables, con las elecciones en Estados Unidos llevándose las palmas, expresión de una sociedad en parte muy enferma. Ninguno de sus dos grandes partidos es una maravilla, pero el Republicano está batiendo récord en mala conducta, cosecha de sus largos años de políticas destructivas, con sus candidatos más aventajados en primarias o asambleas electorales (caucus) por estados: Donald Trump, el provocador e irresponsable multibillonario showman y peligroso demagogo, y Ted Cruz, el evangélico extremista contrario a todo avance en políticas sociales, líder del boicot en el Congreso de casi todas las iniciativas del presidente Obama (el más decente y visionario en mucho tiempo). Ambos llevarían a Estados Unidos a perder en lo económico y, lo que es más importante para nosotros, en su tembloroso pero valioso liderazgo mundial favorable a democracias, paz y lucha contra el cambio climático. Como a muchos analistas, me parecía imposible que Trump ganara la nominación y aún más imposible, que ganara la elección –ahora ya no estoy tan seguro. Y eso a pesar de haber en el lado demócrata dos pesos pesados, con Hillary Clinton claramente la más preparada y confiable, pero que suscita muchas resistencias por representar al establishment, a la élite política que gran parte del electorado considera causante de grandes males. Curiosamente Trump, parte del establishment en su vertiente económica, aparece como adalid contra este. Bernie Sanders, hace décadas gobernador del pequeño estado de Vermont, fronterizo con Canadá en el Noreste, auto declarado socialista, merece mucho respeto por su señalamiento de graves problemas y planteamiento de algunas soluciones, pero su posición de rechazo a los tratados de libre comercio, en la que coincide nuestra izquierda, dañaría mucho su economía y la nuestra, además del lastre de su falta de experiencia de gestión gubernamental.
Para no quedarnos atrás, nuestro Congreso se ha preocupado por diseñar una normativa electoral quizá bien intencionada, pero enmarañada e incumplible, y el Jurado Nacional de Elecciones, por aplicarla discrecionalmente, al parecer para favorecer la alicaída candidatura de García – en extraño maridaje con Flores-, de modo que el APRA (y, de paso, el PPC) logre al menos superar la valla del 5% de los votos para la mantención de la inscripción. Y tenemos una carta de reserva, una aunque no muy probable, de todos modos posible e igualmente impresentable victoria del fujimorismo, más por lo que representa en cuanto a un pasado ominoso que por la candidata, seguramente bastante menos dañina que su padre (y todavía mentor). Es un muy preocupante indicador del atraso de nuestra sociedad que ella predomine ampliamente en los sectores económicos D y E, pero también, por un lado, de un realismo oportunista que, pensando en muchos casos que todos los políticos son igual de malos y rateros, valoran lo que han logrado y pueden lograr de positivo por políticas populistas y clientelistas; por otro lado, capaces de obviar el fuerte machismo en sus filas, un síntoma positivo. Es esperanzadora la elevada intención de voto en contra.
Está claro que es inaceptable que fallas administrativas, por lo demás comunes a casi todos los partidos (pero afeitadas por los más avispados), puedan privar al electorado del derecho constitucional de expresar su opción política – lo que correspondería serían sanciones de otro tipo. Si el JNE fuera coherentemente tan legalista e irresponsable, nos quedaríamos sin candidatos y sin elecciones, algo que suele suceder bajo dictaduras que buscan pretextos para perpetuarse o en el marco de una guerra civil, pero inconcebible en un país con varias décadas de democracia, solo muy empañada, pero tampoco eliminada del todo, por el fujimorato.
Lamento el silencio de otros candidatos y aplaudo la protesta de Verónika Mendoza. Pero, ya que no queda más que aceptar diversas fallas de las personas que uno prefiere, mantengo mi posición de apoyar a PPK, que, aunque de poca habilidad para conducir su campaña, ofrece la mayor probabilidad de un gobierno sin sobresaltos, realista, que mantenga la estabilidad económica y política y ataque con firmeza algunos problemas claves, en especial la seguridad ciudadana y de las actividades económicas, así como una inversión pública productiva, y mejore la educación, la salud pública y el funcionamiento del aparato estatal. Sabrá manejar bien la espinosa relación con las necesarias pero poco responsables grandes empresas. Lamento su poco compromiso con el ambiente, pero confío en que se dejará asesorar en este como otros puntos por personas y equipos calificados. A falta de un político comprobadamente destacado e íntegro, la mejor opción es un tecnócrata con esas características, uno de los casos donde el mal menor es lo mejor posible.
Aspiro y debemos todos aspirar a mucho más, pero en este momento me conformo con que no retrocedamos como país por políticas y gestión erradas, porque ningún otro candidato logrará, aunque lo quiera, algo significativamente mejor, sí algo peor, y la mayoría algo mucho peor.

Pero ahora, lo que más necesitamos, es librarnos de sobresaltos que impidan seguir desarrollando y tratar de aglutinar en una alternativa poderosa y de largo aliento, bajo la forma de un partido o frente estable de partidos, que podríamos calificar de centroizquierda, a las muchas fuerzas positivas que han ido emergiendo en casi todos los campos de nuestra realidad, en todas las regiones, desde la sociedad civil y en el propio Estado.

8.3.16

Homenaje a la mujer y sus luchas

Alfredo Stecher 

Felicito al destacado periodista Luis Davelouis, a quien no conozco personalmente, por expresar en Perú21 su solidaridad con las mujeres, a favor de un trato igualitario, enfatizando (y precisando que, en promedio), los mucho mayores riesgos a los que se ven expuestas y la desigualdad de remuneraciones por igual trabajo, lo que lo motiva a afirmar que habría que estar loco para escoger ser mujer, además de entender que muchas mujeres preferirían no serlo. Hace bien en recordar las otras discriminaciones perniciosas, por color de piel, credo, idioma, nacionalidad, estado civil o si le gustan los hombres u otras mujeres (agrego, entre otras).
Me permito hacer algunas anotaciones amistosas, porque lo siento representativo de muchos hombres en camino a la igualdad de género, para contribuir a que la fecha también sea de mayor reflexión sobre el tema:
Las mujeres suelen ganar menos no solo aunque hagan lo mismo, sino incluso haciéndolo con frecuencia mejor. Llegar al mismo cargo o nivel que los hombres, normalmente les ha costado mayor dedicación, muchas veces con un punto de partida de mayor inteligencia, y por lo tanto las ha calificado más, aparte de que, para algunas, en realidad para muchas funciones, suelen tener además algunas características pertinentes, como una mayor sensibilidad, empatía y minuciosidad, más que nosotros.
Efectivamente, por lo que señala, a muchas les da ganas de no haber nacido o no ser mujer. Pero olvida el otro lado, que toda realidad tiene, que es lo que ellas pueden y nosotros no, ser madres, una experiencia envidiable.
Por supuesto que no todas las mujeres son iguales, tampoco todos los hombres, y hay aspectos en que mujeres y hombres no podemos ser iguales. Se trata de igualdad de crianza básica, formación, trato y oportunidades, dentro de un marco legal y reglamentario favorable, en lo que sí podemos ser iguales. Aunque es fundamental y un gran avance en la medida en que esto se logra, no basta con medir con la misma vara. Tenemos que luchar, conjuntamente, hombres y mujeres, feministas o no, para que las mujeres lleguen a ser medidas a partir de condiciones iniciales y de procesos de desarrollo personal comparables a las de los hombres. Es decir, no solo igualdad de medición sino también de oportunidades para lograr lo mismo (o más), y acción para favorecer su empoderamiento que les facilite resistir el machismo.
Davelouis cita a Carolina Trivelli, a la que valoro mucho, como persona y como profesional, una de las que nos han igualado o superado a muchos en campos similares, pero discrepo de su afirmación de que no hay nada que celebrar (sin embargo comparto la intención implícita). Sí tenemos mucho que celebrar, y debemos hacerlo, porque, a pesar de lo muchísimo que falta, por lo que tenemos que seguir luchando, tanto mujeres como hombres, hemos avanzado enormemente (aunque demasiado poco), gracias a las luchas feministas y los esfuerzos de todas las mujeres, de modo que la celebración es también un homenaje a estas luchadoras sociales, intelectuales y políticas. Concuerdo con Carolina en aspirar a que no necesitemos un día especial.
Aportemos todos los días, con nuestro ejemplo y esfuerzos específicos, a que esto llegue a ser realidad, ojalá de manera más significativa, ya dentro de solo un par de generaciones en nuestro medio, comenzando por la educación doméstica e institucional y la actitud de cada quien con su entorno.

¡Frenemos y superemos nuestro machismo,
juntos, mujeres y hombres!

Escribo esto gracias a una comunicación interna de la ONG Centro Ideas, institución de promoción del desarrollo a la que pertenezco, fundada en1978 por tres mujeres y tres hombres, que desde sus inicios ha procurado la igualdad de derechos de las mujeres en su seno y en sus proyectos. Nuestro presidente, Manuel Aguirre, nos recuerda las resistencias y los esfuerzos de muchos hombres, también entre nosotros (y, agrego, también de mujeres) por aceptar el enfoque de género e interiorizarlo en nuestras vidas personales y laborales, así como en nuestras actividades de incidencia política. Y nuestro gerente general, Fernando Alvarado, contribuye con el mencionado artículo de Davelouis. Aclaro que en anteriores directivas ambos cargos fueron ejercidos alternada o simultáneamente por mujeres (ahora con responsabilidades fuera de la institución), que nuestros programas de promoción siguen a cargo de mujeres que prefieren permanecer en sus regiones, y hemos tenido períodos con mayoría femenina en los cargos directivos.


2.3.16

OPCIONES

Alfredo Stecher

Lo positivo en nuestro proceso electoral es que, a diferencia de lo que está pasando en partes de Europa y en Estados Unidos, y a semejanza de otros países latinoamericanos, las mayorías están optando por lo que son o parecen ser posiciones moderadas, centristas. También hay, excepto en el caso de Keiko y PPK, el anhelo por lo nuevo, que no es ninguna garantía de calidad, coincidiendo en eso con la tendencia mundial al hartazgo con el establishment político.

Y es evidente que las campañas contra la corrupción y contra otras facetas delictivas están haciendo mella entre votantes y candidatos, lo que explica el esfuerzo de varios por dotarse de una candidatura a la vicepresidencia no o menos afectadas por denuncias.

Con todo el respeto y simpatía que tengo por Verónika y muchas de las personas que la acompañan, considero que tendrían un efecto parecido a lo que muchos temíamos del Humala original, algo como el primer García, que también se sentía revolucionario.

Lo malo es que esas posiciones centristas son de mala o dudosa calidad y que una de ellas carga además con el lastre fujimorista.

Acuña es impresentable e imprevisible; Guzmán es una incógnita, supongo que también para él mismo; Barnechea de nuevo no tiene nada y, siendo serio, siempre ha sido ni chicha ni limonada y no creo que pueda ganar, con el lastre acciopopulista encima (del que exceptúo a Paniagua y a Acurio). PPK es de medianía y dista de ser el líder que yo preferiría, pero, a pesar de un tufillo populista, al menos no nos traería sobresaltos y podrían madurar, en su movimiento y fuera de él, en el mundo privado de toda escala y en el estatal a todo nivel, fuerzas alternativas mejores y mejor preparadas, quizá entre ellas, y quizá bajo su liderazgo, parte de las de Verónika.

Mucha gente teme que PPK sea plutocrático, por sus antecedentes empresariales y sus millones, pero justamente eso le da independencia respecto de la burocracia del Estado y de la gran empresa, así como un know how de cómo tratar a esta de manera respetuosa y a la vez firme. Y vale lo que he dicho de él en mi comunicación de apoyo (a pesar de no conocerlo personalmente).

En el caso de Guzmán, aparte de su nula experiencia política, del desprecio por las formas (algo, en política, no solo en elecciones, muy importante) y de la variabilidad de sus opiniones en aspectos importantes, a juzgar por algunas noticias no parece ser inmune al nepotismo y su hermana parece ser una joya de desprecio por las formas democráticas al interior de su sacha partido adoptado (según sus bases en Moquegua), y me gustaría conocer sus fuentes de financiamiento.

Otro aspecto bueno, común a otras democracias y a muchísimas entidades de todo tipo, es que hay gente positiva en todas las listas (como lo evidencia la lista de candidatos positivos de Caretas. El gran reto es que logremos tener un partido que aglutine a muchos de ellos y que en él predominen, lo que exige el tipo de liderazgo amplio que nuestro país (y el mundo) necesita. Si no lo impide el infeliz voto preferencial, un típico caso de algo bien intencionado que conduce a su contrario, es de esperar un Congreso más positivo, más bien, menos negativo, lo que no es mucho pedir pero sí difícil de conseguir.

De todos modos veo el vaso medio lleno en vez de medio vacío. Claro que es un vaso chico.

18.2.16

¿Cómo me gustaría que fuera nuestro presidente?

¿Cómo me gustaría que fuera nuestro presidente?

Alfredo Stecher


Mi ideal,  en cuanto a lo personal, que sea (en orden alfabético)

ü  capaz de convencer con argumentos
ü  confiable, digno de confianza
ü  consistente
ü  honesto
ü  inmune ante la corrupción
ü  inteligente
ü  respetuoso
ü  sincero.

Y que
·       evidencie vocación de servicio público y no de servirse del cargo
·       posea una visión de conjunto, amplia y de futuro
·       entienda problemas centrales de nuestro país
·       tenga posiciones correctas en muchos temas fundamentales
·       esté comprometido con el crecimiento económico y la estabilidad política
·       apoye la lucha contra todo tipo de discriminación
·       que esté a favor de igualdad de género y derechos reproductivos de la mujer
·       respete los movimientos sociales y trate de atender sus reivindicaciones
·       presente un programa razonable para el período
·       haga promesas razonables y cumplibles, con voluntad de cumplirlas
·       evite el clientelismo y el populismo
·       tenga carácter, con flexibilidad, sin abdicar de principios
·       sea capaz de delegar, sin perder el control
·       sepa consultar y escuchar, también consejos y críticas
·       cuente con una trayectoria política básicamente positiva
·       haya tenido experiencia positiva de gestión
·       evidencie haber sabido escoger buenos equipos de campaña
·       esté dispuesto a reconocer errores pasados y presentes, y a enmendarlos
·       esté por encima de rivalidades y rencillas menudas, y sepa resolverlas
·       sea capaz de apelar a una amplia base ideológica y de aglutinar a las mejores personas independientemente de su afiliación política
·       garantice no verse involucrado en escándalos por culpa propia
·       tenga un mínimo de carisma.

Todas estas cualidades, no muy frecuentes en nuestra escena política y Estado (tampoco abundan en el mundo privado), debemos irlas cultivando lo más posible en nosotros mismos, en nuestros políticos y en las nuevas generaciones.

Espero que un gobierno suyo tenga probabilidades altas de mejorar nuestra política y nuestro Estado, o al menos de evitar un deterioro aún mayor, mientras vamos generando fuerzas de recambio progresistas realistas en la sociedad y en el Estado.

Ningún candidato reúne todas estas características, pero el que menos se aleja de ese conjunto ideal es Pedro Pablo Kuczynski, PPK, con el símbolo del cuy como elemento integrador.

Destaco en él su trayectoria pública y opiniones positivas de personas cercanas a él, su amplitud de criterio, su sensatez y sentido común, su identificación con el ala más liberal, moderna y con conciencia social del sistema, su capacidad de crear puentes entre empresariado y sectores populares, además de humor y buen humor (rasgos nada desdeñables en política), su convicción, firmeza y disposición a recapacitar, su cultura general y gusto por la música, su disposición a alianzas amplias, su compromiso con gobernar de otra manera, la mayor probabilidad de que los ministros sean personas adecuadas y que la indispensable tecnocracia sea enriquecida con la gente más capaz, seria y lúcida posible, con visión política.

Gane o pierda, en primera o segunda vuelta, él, su partido y sus equipos podrán seguir influyendo poderosamente en la escena política y hasta en la acción del ganador, si es otro. Necesitamos una alternativa capaz a Fujimori y el fujimorismo.


¡Démonos esa oportunidad!

11.12.15

Optimismo frente a la obesidad



Optimismo frente a la obesidad

Alfredo Stecher

11.12.2015



Una intensa dedicación a escribir una amplia mini enciclopedia sobre Alimentación y Salud, a partir de mis artículos sobre el tema en este blog, me ha hecho limitar mi presencia en él. Espero verla publicada en los próximos meses como libro. Inserto hoy una variante de cosas ya dichas, para mantener vivo el tema entre mis lectores y ojalá, contribuir a que prosperen las iniciativas favorables a una alimentación más sana y se cumplan las medidas positivas ya acordadas.

En el Perú la obesidad ha aumentado aceleradamente recién en los últimos lustros. Hay escasez de datos verificados, uno de los incumplimientos de nuestro Estado con relación a la producción y difusión de estadísticas, pero la gravedad del problema salta a la vista, especialmente entre la infancia.

La obesidad y el sobrepeso, como su antesala, se deben a la mala alimentación, tanto por riqueza como por pobreza, y al enorme aumento del sedentarismo. En los años sesenta prácticamente no había obesos en nuestro país. Luego, durante décadas, los desatinos políticos y económicos, tan terribles en otros aspectos, nos protegieron de su incremento: en los años setenta la política económica de la dictadura militar llevaba a que la comida industrial fuera casi un lujo (como me recuerdan mis hijos); en los ochenta, la agudísima crisis económica tuvo consecuencias similares. Recién a lo largo de los noventa los alimentos industriales alcanzaron una mayor presencia, que hizo eclosión desde inicios del nuevo milenio. Y, en paralelo, la profusión de dispositivos electrónicos ha agravado enormemente el sedentarismo, el otro gran enemigo de una vida saludable, cuando el exceso de su uso reduce el tiempo dedicado a movernos, acompañado del enorme aumento de la proporción de empleados de escritorio.

La disponibilidad de harinas refinadas, aceite refinado y azúcar a precios muy bajos, durante un tiempo por subsidios, había llevado ya a un empobrecimiento de la dieta popular, empeorado por el bajo precio y el prestigio social de las bebidas artificiales y azucaradas, el precio decreciente de la comida chatarra rápida, el exceso de sal, así como por el menor precio y la gran facilidad de preparación de las bebidas y comidas de sobre, además agravado por malos programas alimentarios.

Pero felizmente algunas características de nuestro país y de nuestra sociedad (junto con los cambios culturales a nivel mundial que nos permean y en que participamos) constituyen puntos de apoyo importantes en la lucha contra esta epidemia, lo que permite tener un moderado optimismo al respecto.

Porque es más fácil extender costumbres todavía existentes que crearlas desde cero, partir de lo positivo del pasado, en este caso todavía presente, para alcanzar un futuro mejor.

Destaco:

·       La diversidad ecológica y productiva del Perú facilita una alimentación diversa.

·       Nuestras condiciones climáticas permiten tener alimentos frescos todo el año, y algunos prácticamente sin interrupción.

·       Muchos le asignamos todavía mayor importancia al sabor que a la apariencia.

·       La costumbre popular de complementar muchos platos con al menos un pedazo de choclo, de camote o de papa, más limón criollo (sutil) y ají, y el uso intenso de cebolla y ajo.

·       El consumo amplio de papaya, piña y otras frutas con muchas vitaminas, minerales, oligoelementos y fibra, casi siempre disponibles a precios relativamente bajos.

·       Nuestra gran riqueza ictiológica, de un mar menos contaminado que otros, en especial anchoveta, pejerrey, jurel, bonito y mariscos.

·       El disfrute de cebiches.

·       La enorme variedad de papas (además, de diferentes terruños), y la amplia disponibilidad de camote, alimentos excelentes, más yuca.

·       Productos avícolas, gracias a Julio Favre y los Ikeda, algo menos industriales y bastante más baratos que lo habitual en la industria.

·       Las aceitunas, especialmente las negras, maduras, y el aceite de oliva –virgen y extra virgen, relativamente asequibles.

·       La disponibilidad de quinua, otros cereales andinos, y de maca, que teníamos a precios bajos y volveremos a tener gracias al creciente aumento de superficie cultivada y la competencia.

·       Uso de maíz y otros cereales enteros, también trigo para personas sin intolerancia digestiva.

·       El gusto por la sopa.

·       La preferencia, lamentablemente declinante, por la mazamorra y chicha moradas naturales.

·       El peso aún de salsas naturales versus mostaza y tomate industriales.

·       La costumbre de comer cantidades moderadas de carnes, como complemento, no como centro del plato.

·       Precios relativamente altos de productos industriales (no en el caso de harinas, pan, galletas, aceites y azúcar).

·       La costumbre de cocinar en casa, en declive, pero todavía muy presente.

·       Servicio doméstico barato (que ojalá deje progresivamente de serlo).

·       Proliferación de restaurantes con servicio de comida no rápida, pero también rápida, ubicuo, a todo precio, con frecuencia de calidad aceptable.

·       El prestigio de cocinar, aumentado por nuestra revolución gastronómica.

·       Cocina de chifa.

·       Ínfima, pero creciente oferta de productos orgánicos, más saludables.

·       Mejora de calidad nutricional de algunos productos industriales.



La receta culinaria para una vida más saludable es

comida de mayor variedad, más natural, más fresca,

menos procesada, bien combinada.



Y comer con moderación, con gusto, evitando estrés.




8.9.15

Arrepentimiento jubiloso



Arrepentimiento jubiloso

Alfredo Stecher
2015, setiembre
Francisco ha aprovechado la cercanía de un nuevo jubileo católico, de indulgencia plena, que convocó el año pasado, para un gesto importante: autorizar durante ese año (8 de diciembre 2015 a 20 de noviembre 2016) a todos los sacerdotes de todo el mundo a otorgar la absolución del pecado de aborto a todas las mujeres que lo hayan cometido y se arrepientan profundamente de ello. Jubileo viene de la palabra latina que designa alegría de los pastores (de ganado).
Esto se puede interpretar, y lo es, como otro esfuerzo para lograr hacer retornar al redil a tantas almas descarriadas que la rigidez de su Iglesia tiene apartadas. Pero también, y espero que lo sea, como un paso más en el titánico empeño de profundizar el aggiornamiento del dinosaurio vaticano, ampliando los canales de manifestación de la infinita misericordia de Dios. Ya Pablo hizo el primer aggiornamiento al ampliar la misericordia de Jehová, antes reservada solo a los judíos, a todos los creyentes en el Nazareno, independientemente de su filiación nacional (pero al mismo tiempo olvidó el tratamiento igualitario de Jesús hacia las mujeres, entre otros puntos).
Los judíos de varios siglos antes de nuestra Era celebraban después de cada siete por siete años, o sea, 49, un año sabático ordenado por Jehová a Moisés, en el que no cultivaban la tierra, liberaban a sus esclavos, perdonaban las deudas y devolvían a sus dueños anteriores todos los bienes inmuebles que les habían comprado. Luego se les olvidó por completo y las iglesias no lo han retomado, seguramente para no trastornar el orden económico, con lo que concuerdo.
La Iglesia romana recién se acordó de los jubileos a finales del siglo XIII y un Papa, Bonifacio VIII, visionario y quizá modernizante, seguramente interesado en promover el turismo a Roma y la venta de objetos religiosos (sus contrincantes malpensados dijeron que una parte para su bolsillo), convocó al primer jubileo católico, en ocasión del año 1300, con la indicación de que sea celebrado cada 25 años, o excepcionalmente en otras fechas, como este Jubileo de la Misericordia (encomendada a una de las personificaciones de María). Y hay seis ciudades, es decir, sus obispos, que pueden convocarlo ad perpetuum cada 7 años para su jurisdicción (Roma, Jerusalén, Santiago de Compostela y otras tres de España), otras, con autorización especial. Felizmente una minoría significativa de los católicos ha tenido siempre los recursos necesarios para hacer los viajes correspondientes –claro que los/las demás, la inmensa mayoría, no.
Es fácil imaginar qué mujeres, que gustaban del turismo religioso y no morían inoportunamente, accedían anteriormente a la indulgencia por aborto, seguramente las más favorablemente relacionadas con el Poder político o económico, ya que era prerrogativa exclusiva de obispos y del Papa (o sacerdotes cercanos a quienes la habían delegado). O sea que Francisco la está democratizando.
Aunque democratizadora, lo que es un síntoma positivo, la decisión tiene un lado oscuro: la probablemente inmensa mayoría de las muchísimas mujeres que se han sometido a un aborto (solas, por alguna amiga, por curanderas, en consultorios particulares o en clínicas, según su status social y bolsillo, o en hospitales -en los países más modernos que permiten el aborto), lo han hecho como un alivio a una situación personal muy complicada o incluso desesperante, pero también con pesar y dolor espiritual (además de complicaciones por condiciones inadecuadas o mala suerte). Tiene razón Francisco de considerarlo un drama existencial y moral, y que muchas mujeres llevan en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa. Pero entonces ¿por qué se opuso férreamente al aborto en Argentina, rigidizando, en alianza con la Kirchner, la legislación antiabortista? Ojalá el Espíritu Santo que se supone orienta al Papa en asuntos de fe lo ilumine más.
¿Tendrán algunos sacerdotes y obispos, por ejemplo, el bienamado cardenal Cipriani, la empatía necesaria para comprender el grado de arrepentimiento requerido?
Para todas las mujeres significa la oportunidad de redimir su culpa religiosa revivir el dolor, para algunas, quizá muchas, puede terminar siendo un alivio. Pero muchas no tomarán el camino de la confesión. ¿Seguirán excomulgadas? ¿Por qué la misericordia de Dios no se manifiesta en la comprensión divina, ex ante, como la interpretan algunas iglesias evangélicas (no fundamentalistas), la ortodoxa, parte del judaísmo y gran parte del islam, que dejan el aborto, hasta cierto plazo, a la conciencia de la mujer? ¿O por qué no se expresa la misericordia al menos en el momento oportuno, ex post, como lo hacen muchos sacerdotes católicos cercanos al pueblo, con o sin autorización episcopal expresa?
¿Sabrán en el cielo que el 90% de las violaciones de niñas, muchas incluso de menos de 12 años, han sido producidas por su padre, otros parientes o cercanos a la familia, y que, además del trauma terrible, las criaturas muchas veces nacen con deformaciones o retardos debidos a la consanguinidad? Por eso en la mayor parte del mundo “civilizado” el aborto por violación es permitido, incluso fuera de los plazos para otros abortos.
¡Qué dilema para Dios cuando mujeres llegan a tocar a la puerta del cielo, excomulgadas por no haber tenido la oportunidad de acogerse a un jubileo!
Me pregunto qué pasa, aquí y allá, con sus acompañantes (personal de salud, personas que le dieron apoyo sicológico o físico, y los fabricantes y distribuidores de píldoras abortivas), ya que también son excomulgados automáticamente en el mismo momento en que el aborto es consumado exitosamente (claro que solo si son católicos).
Anoto que la Iglesia se ha dejado un campo de decisión discrecional al excluir de la sanción a aquellas personas que no han cumplido los 16 años, las que no conocen esta Ley –se entiende, eclesiástica- o están en error sobre su alcance, las mujeres que fueron forzadas a esta decisión, las que tuvieron un accidente imprevisto ¿?, las que actuaron por miedo ¡! o no estaban en su sano juicio (excepto culpabilidad causada por el alcoholismo). Recordemos que también muchos matrimonios indisolubles fueron disueltos por el Vaticano, como el del presidente peruano Manuel Prado.
Aunque parezca increíble, la Iglesia católica es con esto incluso algo más avanzada y tolerante, menos retrógada, que los legisladores católicos en nuestros países. Conviene que lean el Canon, que además habla de la obligatoriedad de confesarse –con la discreción correspondiente- y no obliga a informar a autoridades para que inicien una acción judicial, punitiva (que debería enfocarse en los violadores).
¿No deberían la Iglesia y esos legisladores arrepentirse de tanta falta de empatía y misericordia?