8.3.17

Trump, un divertimento serio

Alfredo Stecher

8.3.2017


Coincidiendo con el Día de la Mujer, muy importante para recordarnos que todos los días del año debemos respeto, reconocimiento y esfuerzos por alcanzar una real igualdad de oportunidades, me toca referirme a uno de los mayores misóginos de la actualidad.
Es tan sui generis y terrible Trump, que no hay artículo o declaración críticos que no incluyan algunos o muchos adjetivos muy poco habituales para su cargo a semanas de su asunción. Se me ha ocurrido algo inusual, hacer una lista de todos los leídos aplicados o aplicables a él.
Seguramente siguen faltando algunos. Cuando escribí esto, hace dos semanas, había llegado a 30, y decidí esperar un día más, a ver si aparecían o se me ocurrían otros. La catarata no paraba, pero hoy he decidido cerrar la lista, decuplicada, para que no me siga ocupando parte del cerebro, una vez bajada a cinco la cantidad diaria de aumento de los calificativos (antes de veinte a treinta). Un divertimento breve se me fue convirtiendo en una ligera pesadilla.
No creí que llegaría a tantos. Es muy inusual que alguien como yo dedique parte de su escaso tiempo a hacer una lista así, expresión de lo preocupante que considero al trumpismo para nuestro futuro como países y como humanidad.
Es muy útil nuestro idioma, que él desprecia, para describir sus características. He optado por no considerar el enorme vocabulario del hampa y excluir palabras poco conocidas. También he tachado algunas palabras que, respecto de otra persona, podrían tener una connotación positiva.
Nadie es perfecto e incluso a dirigentes positivos le pueden calzar algunos de estos adjetivos, pero jamás tantos.
Bastará una lectura veloz, salvo que se quiera ver si alguno quizá no corresponde, aunque lo dudo. Y puede ser una pequeña ayuda para quienes quieran escribir algo sobre el novedoso presidente.
La doctora Hildebrandt podría ir explicando los calificativos menos comunes.
Quizá este divertimento tétrico pueda resultar en un indicador que nos permita expresar cuán inadecuada es una persona para los más altos cargos del Estado.
Pido disculpas a Trump si he omitido algunas de sus facetas que él considera virtuosas -y que no lo son.

He reflexionado sobre qué es lo más peligroso del trumpismo y lo marco con negritas en los calificativos que lo expresan.

absolutista
abusador
abusivo
abyecto
acosador
adicto al Poder
adusto
agitador
agresivo
aislacionista
alarmista
altisonante
ambicioso (en exceso)
amnésico
amoral
antiglobalizador
antipático
antisemita
antidemocrático
apabullante
aplastante
apocalíptico
arbitrario
armamentista
arrogante
artero
astuto
autócrata
autoritario
avasallador
ávido de Poder, fama y dinero
azuzador
bárbaro
belicista
belicoso
berrinchudo
bilioso
bloqueador
bochornoso
bravucón
bribón
brutal
bruto
burdo
burlón
calculador
calumniador
cándido
caótico
caradura
cavernario
cazurro
censurador
chabacano
charlatán
chantajista
chovinista
cínico
clientelista
codicioso
colérico
compulsivo
conchudo
conflictivo
confrontacional
confuso
conspirador
contradictorio
contrafáctico
creído
demagogo
desagradable
desatinado
descalificado
descalificador
descalificador
descarado
desconcertante
descalificador
descarado
desconcertante
desconfiado (extremo)
desconsiderado
descortés
desdeñoso
desenfrenado
desequilibrado
desfachatado
descalificado
descalificador
descarado
desconcertante
desconfiado (en extremo)
desconsiderado
descortés
desdeñoso
desenfrenado
desequilibrado
desfachatado
deshonesto
desmemoriado
desmesurado
despectivo
despiadado
despótico
despreciable
desquiciado
destructivo
desubicado
desvergonzado
dictatorial
difamador
discriminador
disoluto
disparatado
dispendioso
distorsionador
divisivo
divisor
dominante
economicista
efectista
egocéntrico
ególatra
embaucador
embustero
engreído
envidioso
envilecedor
especulador
estafador
estrafalario
exhibicionista
explosivo
explotador
extremista
fabulador
facineroso
falso
fanático
fanfarrón
fantasioso
fatuo
farsante
fascista
fascistoide
fatuo
fóbico
frío
fundamentalista
furioso
gánster
grandilocuente
granuja
grosero
grotesco
hipócrita
histérico
histriónico
homofóbico
hosco
humillante
huraño
ignorante
ilegítimo
ilusionista
imperioso
impertinente
impetuoso
impostor
impredecible
imprevisible
improvisado
imprudente
impúdico
impulsivo
incendiario
incoherente
inconsciente
inconsecuente
inconsistente
inconstante
incontinente verbal
incorregible
inculto
indecente
indecoroso
inefable
inescrupuloso
inestable
infantil
ingenuo
injurioso
injusto
inmisericorde
inmoderado
inmoral
innoble
insensato
insensible
insidioso
insolente
intrigante
insultante
intolerante
intratable
intrigante
iracundo
irrespetuoso
irresponsable
irritable
jactancioso
lujurioso
machista
maleducado
malhablado
malhumorado
malvado
mangonero
maniobrero
manipulador
maniqueo
matón
matonesco
mecedor
mediocre
megalómano
mentiroso
mercantilista
militarista
misógino
montaraz
nacionalista
narciso
nativista
nepotista
no confiable
no realista
obsceno
obsesionado
obsesivo
oclócrata
odioso
oligárquico
opaco
oportunista
opresivo
ordinario
orgulloso
oscurantista
ostentoso
pandillero
paquidermo
patán
patriotero
payaso
peligroso
pendejo
pendenciero
petulante
pícaro
picón
pirómano
pleitista
plutócrata
pomposo
populista
posfáctico
posverdadero
prejuicioso
presuntuoso
primitivo
proclerical
proteccionista exagerado
provocador
rabioso
reaccionario
rencoroso
retardatario
retrógrado
rudo
satanizador
sectario
showman
sicópata
simplón
simulador
siniestro
sinvergüenza
soberbio
soez
superficial
suspicaz
taimado
teatrero
tendencioso
terco
terrible
timador
tirano
torcido
torpe
torturador
tosco
tramposo
tremendista
triunfalista
trol
truculento
truhán
turbio
ultra
unilateralista
utópico
vanidoso
veleta
venenoso
vengativo
ventajista
vertical
vertiginoso
victimario
vil
violento
visceral
vociferante
voluble
voluntarista
vulgar
xenófobo



21.2.17

No hay Trump que por bien no venga

Alfredo Stecher

21.02.2017

Al menos en perspectiva, pero ya con síntomas vigorosos.

Es impresionante la cantidad de pronunciamientos de todo tipo, fuertes y de una inusitada diversidad de fuentes, contra las medidas adoptadas en un mes como presidente, contra la designación de personas reaccionarias, multimillonarias, de lo peor de Wall Street, militares represivos, con altísimos conflictos de interés e infractores de la legislación tributaria (con un par de excepciones notables), y contra el descaro de sus planteamientos contrarios a todos los avances en materia de concepciones y derechos. Algunos llaman a estos despectivamente lo políticamente correcto, pero en realidad deben ser exaltados como tal, muy positivo. Y ha sido enorme la movilización física de protesta, organizada por mujeres, al día siguiente de la asunción de mando (cinco millones de personas en todo el mundo, de ellas tres millones en los EEUU). ¿Y los hombres? Hay un despertar cívico con nuevas formas de protesta y movilización, que genera una inédita atmósfera cultural y política de difusión viral.
Esto evidencia que la democracia y los valores liberales, humanistas y socialistas son capaces de aglutinar a un muy amplio espectro contra las degeneraciones de la política con orientación fascista.
Lo descarnado y desfachatado del trumpismo está produciendo un realineamiento de posiciones y fuerzas sociales y políticas, y ayudando a la activación y confluencia de opiniones y fuerzas democráticas desde gran parte del espectro económico, social y político, con excepción de las posiciones más derechistas, más reaccionarias y de los sin escrúpulos más ávidos de Poder y/o beneficiados o que buscan ser beneficiados económicamente.
Evidentemente la lucha por el progreso social debe ser orientada contra quienes, desde el sistema, enarbolan posiciones contrarias a muchos de los avances políticos y sociales de la humanidad; y a favor de la consolidación y ampliación de todo lo políticamente correcto y económicamente progresivo.
Mientras no lleve a la destrucción física de nuestro mundo -y lamentando los sufrimientos de quienes padecen las consecuencias directas o indirectas de sus políticas-, podemos reconocerle a Trump el ayudarnos a valorar lo ya avanzado. Lo veo como una anomalía temporal más que como un cambio de tendencia mundial.
Ha quedado en evidencia que mucho de lo positivo que vemos dentro de la política mundial y de muchos estados no son adornos de algo nefasto, sino parte de una evolución positiva del sistema capitalista, de democracias y de organismos internacionales, a pesar de sus enormes defectos y deficiencias, que tenemos que defender contra todos los oportunismos y autoritarismos, y, en particular, contra el trumpismo, a la vez que seguir profundizándolos y consolidándolos. Enumero los que tengo presentes, sin orden de importancia:
1.    la conciencia y defensa de los valores universales heredados del humanismo, del liberalismo, del socialismo y de otras fuentes, también religiosas, ampliados en el último medio siglo gracias a movimientos culturales y sociales progresistas y políticos positivos; en particular los derechos de las personas y de colectivos y organizaciones sociales, así como la precisión de sus obligaciones morales y cívicas
2.    un peso creciente de lo ética y moral en la apreciación de conductas y decisiones económicas y políticas
3.    la valoración de la tolerancia, del pluralismo, de la solidaridad, de la multiculturalidad y de la transparencia (esta, en niveles razonables y concerniente a lo público, porque también hay el derecho a la privacidad)
4.    la mantención de los marcos democráticos, la profundización de la democracia y el rechazo a alternativas dictatoriales, civiles o militares, con defensa de derechos de mayorías y minorías, en especial también de los derechos humanos
5.    la crítica a y esfuerzos por corregir la insuficiencia de vocación de servicio público, la desidia, la mediocridad, la disfuncionalidad, los abusos y la corrupción de muchas burocracias estatales a todo nivel, lo que comparten muchas privadas
6.    el fomento de la paz interna y entre países, con notable reducción de los gastos en armamento desde el fin de la Guerra Fría (pero aún muy elevados) con condena a la incitación a la violencia y a la tortura
7.    la tendencia sostenida a una disminución de la violencia militar y civil, a pesar de sus picos terribles
8.    la globalización con sus mayores libertades y facilidad de circulación de ideas, de personas, de bienes y de servicios
9.    mayor respeto por la ciencia, la innovación y el emprendimiento de todo tipo, y un aumento de los apoyos, aún insuficientes, también estatales, con explosión de conocimientos científicos en todos los campos, desde la nano realidad hasta el cosmos, las ciencias naturales, de salud y sociales
10. sostenidos avances en la tecnología, con sus lados de sol y de sombra, como la robotización, que puede aliviar el trabajo a los humanos a la vez que dejar a muchos sin trabajo, y en la cada vez mayor capacidad de informarse (si se supera la desinformación), de hacer denuncias y de organizar protestas, así como de promover el bien, gracias a la informática y las redes sociales
11. el aprecio por la multiculturalidad y el florecimiento de todas las artes, con cada vez mayor responsabilidad social de muchos artistas y del mundo del espectáculo
12. la mejora y difusión de estándares de calidad de productos y procesos, así como de servicios, y un sostenido proceso de mejora y abaratamiento de gran parte de los productos y servicios gracias a las mejoras de productividad y el aumento de la competencia entre empresas y entre países
13. la creciente conciencia y esfuerzos por contrarrestar la excesiva e insultante desigualdad económica entre personas, a la vez que reconocimiento y fomento de la significativa disminución de la pobreza en la mayoría de países
14. los enormes avances en ciencias y tecnologías de salud, así como en medicamentos, tanto de parte de empresas como de instituciones privadas y estatales, junto con revaloración de los aportes de medicinas tradicionales y alternativas
15. los intentos de superar el economicismo en el diseño de políticas públicas y en las privadas de asistencia y de promoción del desarrollo
16. mayor preocupación por la mejora de oportunidades y de la calidad de vida para amplias mayorías, esfuerzos por ampliar la cobertura y mejorar la calidad de los servicios estatales y privados de seguros de salud y de jubilación y desempleo, con preocupación por jubilaciones decentes, por ingresos mínimos razonables para desocupados y por la solidaridad intergeneracional
17. el peso de lo ambiental en las decisiones políticas y económicas, las acciones contra la contaminación del aire, de los paisajes y de las aguas, y en defensa de los ecosistemas naturales
18. el lento aumento de la asunción y de mecanismos de responsabilidad social y ambiental en empresas de todo tipo y tamaño, el desarrollo de una agricultura sostenible, con limitación del uso de agroquímicos, y un crecimiento sostenido de la agricultura orgánica y similares
19. la cada vez mayor conciencia de lo que es más saludable y de lo que es más perjudicial de la alimentación y del entorno
20. la mejora de las normativas y de la política y mecanismos de defensa de los derechos de los consumidores, con ampliación de sellos serios de calidad y de cualidades deseables de los procesos y productos
21. una más fructífera descentralización y una centralización más razonable, con tendencia aún incipiente a una planificación urbana para el logro de ciudades y poblados más vivibles, con acelerado aumento de energías alternativas, a la vez que extensión de muchas ventajas de las ciudades a poblados de menor tamaño
22. una mayor capacidad de prevención, previsión y mitigación de desastres, así como de contrarrestar sus efectos en los damnificados
23. una mejor regulación del sistema financiero para contrarrestar su aspecto parasitario y para disminuir los riesgos de una nueva crisis y depresión, así como luchas contra los monopolios y oligopolios abusadores de su posición de dominio
24. las crecientes ofensivas contra la corrupción, en especial entre negocios y políticos, con mayor eficacia y severidad de las legislaciones contra la corrupción y de las instituciones obligadas a combatirla, y la promoción de una cultura de honestidad en la población y en el Estado
25. los esfuerzos por reformas en la educación, desde la primera infancia, hacia mayores oportunidades y capacidades de todo tipo y perspectivas de mejores vidas, y de defensa frente a la generalización de técnicas liberadoras de mano de obra no calificada o con calificaciones obsoletas
26. el descrédito de la misoginia, por una mayor igualdad de género, el creciente respeto a las personas y comunidades LGBT y la ampliación de derechos para parejas homosexuales
27. la defensa y ampliación del acceso a métodos anticonceptivos y del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo
28. la creciente condena y castigos a la violencia intrafamiliar y a todo tipo de abusos contra menores, en familias e instituciones, privadas y estatales
29. el mayor reconocimiento de derechos y capacidades de las personas con disabilidades
30. el rechazo al racismo, a la xenofobia y al nacionalismo castrador, con valoración humana y económica de la inmigración y de los pueblos originarios
31. el respeto a la religiosidad y al secularismo, y la separación de estados e iglesias, con rechazo a discriminación y condenas por filiación religiosa
32. el peso de la vida personal de implicancias públicas en la valoración de los políticos y funcionarios del Estado
33. el aumento de la indignación y protestas contra abusos, corrupción y desidias, y de la capacidad de expresarlas y canalizarlas
34. la tendencia a una política más inteligente contra el narcotráfico y otras mafias, a mejoras del sistema judicial y de las fuerzas policiales
35. el reconocimiento del valor de las élites mundiales y de las reformas positivas en muchos organismos internacionales mundiales y multi estatales y en las normativas en numerosos campos, incluyendo la adopción de medidas contra el calentamiento global (junto con crítica a su burocratismo y al excesivo costo de su institucionalidad y gestión)
36. el enorme aumento y ampliación de objetivos y mecanismos de la filantropía.
Seguramente la lista debería ser aún más larga; es importante lo que ha avanzado el mundo en el último medio siglo de relativa paz y lo que podemos seguir avanzando cada vez más rápido, de manera sostenida, si evitamos generar reacciones contrarias demasiado fuertes y temporalmente exitosas, como lo personifica Trump.
Es probable que el trumpismo arremeta contra todos o una gran mayoría de puntos de esta lista, y nos ayude a valorarlos más y a mejorarlos, de inmediato o a mediano plazo.
Es seguro que lo positivo todavía sufra otros retrocesos políticos y electorales, especialmente en Europa, y nunca dejará de estar en riesgo, pero creo que en esta coyuntura el auge de lo reaccionario terminará movilizando y uniendo a las fuerzas progresistas de todos los estratos económicos y de la mayoría de segmentos políticos en una mayoría de países.
Cada negación verbal y material de lo señalado aumentará el rechazo a quienes los cometen. Seguirán pasando cosas terribles, en todos los campos y países, en diferentes grados; cada avance provocará una reacción y en algunos casos, retrocesos. Pero, en tanto se han ido incorporando crecientemente en la conciencia intelectual y social, como tesoro cultural de la humanidad, se seguirán batiendo o volverán a batirse en retirada quienes tratan de eliminarlas.
Continúa habiendo esclavismo, se sigue despreciando y maltratando a mujeres y a los diferentes, sigue habiendo recortes a los derechos democráticos, y un largo etcétera, pero tanto la tolerancia a eso como su aceptación va disminuyendo y es muy poco probable que el mundo les restituya su posición dominante y generalmente aceptada, si no sucede un cataclismo.

Eso, siempre que activemos y nos unamos para evitar los retrocesos, lo que exige darle menos importancia a los aspectos en que se discrepa, más bien por ideología, y enfatizar lo que compartimos.

7.2.17

Trump y Clinton

Alfredo Stecher

9.2.2017


Me pregunto cuántos de los que han pensado y escrito que les repugnaba más una victoria de Hillary que una de Trump, y que no derramarían una lágrima si esta perdiera, mantienen esa posición.
Yo no he derramado una lágrima, porque no acostumbro hacerlo en el plano político, pero sí he pasado a tener una máxima preocupación por el triunfo del de lejos más nocivo presidente que han tenido los EEUU en el pasado reciente, que incluye todo el siglo XX (y los ha habido ya bastante nocivos), mientras que no reniego de mi expectativa de que con Clinton hubieran seguido avanzando las posiciones más progresistas en su país y en el mundo, continuando la trayectoria de Obama.
A diferencia de algunas otras personas, considero que el creciente peso alcanzado por políticas contra la discriminación de todo tipo, que Clinton hubiera continuado, no serían un barniz para ocultar lo peor del establishment económico y político, sino expresión de lo más avanzado de este, que mantiene y amplía espacios de evolución positiva de la humanidad (a la vez que muchos de los aspectos negativos del neoliberalismo, pero facilitando su progresiva superación). Hay que agradecer a Trump el facilitar la comprensión y aceptación de esto, al evidenciar cuánto peor que la parte más avanzada del establishment son él mismo, quienes lo rodean y quienes están propuestos para los principales cargos ejecutivos.
No creo necesario repetir la recatafila de medidas reaccionarias que ha adoptado, denunciadas todos los días y semanas por los columnistas y articulistas de los diarios y revistas más serios, por políticos, por artistas, por científicos y por estadistas, así como por decisiones judiciales. Solo quiero remarcar que lo peor son sus repercusiones sobre la cultura y la institucionalidad democrática en su país y muchos otros países, así como sobre la institucionalidad internacional, y el incremento enorme del riesgo de otra gran depresión y de guerras evitables.
Ojalá sus terribles medidas en todos los planos, después de que quizá amainen las tendencias a imitarlo, desde las posiciones más reaccionarias en el mundo, ayuden a que adquieran mayor fuerza y logren unirse los partidos y movimientos más comprometidos con la democracia, los avances sociales y lo positivo de la globalización, desde un abanico político amplio de personas que, con diferentes ideologías, buscan lo mejor para los suyos y nuestro mundo común.

Confío en que así será. Es tarea de todos favorecerlo y lograrlo.

28.1.17

Trump inaugurado -y desencadenado

Alfredo Stecher

28.01.2017


Las primeras poses y medidas del ahora presidente Trump han confirmado el grave peligro que su gestión encierra para los Estados Unidos y para todo el mundo, incluidos nosotros. Hay quienes sostienen que se trata solo de una variante de los poderes dominantes en nuestro sistema económico y político mundial, con la ventaja de  ser más fácilmente desenmascarable y combatible, argumento similar al esgrimido frente al nazismo (Trump no es nazi, y ojalá no se convierta en uno, estimulado por su megalomanía y por los neonazis y neo kukluxklan que lo apoyan con entusiasmo, pero puede favorecer una evolución de nuestras sociedades en ese sentido).
Es cierto que es una variante, pero nefasta, frente a otras que pueden no gustarnos, pero que facilitan o al menos permiten que evolucionemos no solo materialmente sino cultural y socialmente en un sentido positivo. Entre ellas tenemos a la mayoría de los gobiernos democráticos occidentales y al partido demócrata, con el gobierno de Obama como símbolo. Podemos tener mayor o menor afinidad con Hillary Clinton o con Bernie Sanders, y mayores o menores expectativas respecto de las posibilidades de éxito de sus posibles políticas de gobierno, pero ambos ofrecían una continuidad de la gestión Obama, que aprecio, y expresan una posición política radicalmente diferente a la de Trump -dentro del sistema, claro está, en el que, de diferentes formas, estamos todos.
"Estados Unidos primero" recuerda la primer estrofa del himno nacional de Alemania, desde 1922, suprimida después de la IIGM, que comienza con "Alemania, Alemania, sobre todo", que sirvió posteriormente de pilar a la ideología nacionalsocialista y a la tragedia mundial a la que condujo.
Lo que algunas posiciones no entienden, es que, teniendo intereses y defectos en común, ni el establishment económico ni el político son homogéneos, y que sus contradicciones internas son profundas, con tendencia a convertirse en antagónicas. Tampoco lo es el establishment cultural, como se ha evidenciado con las recientes declaraciones militantes de muchas personalidades de esa esfera, junto con pronunciamientos desde el campo científico.
No tienen el mismo sentido histórico las enormes multinacionales más tradicionales, carentes de escrúpulos en temas sociales y ambientales, y frente a sus clientes, que las que están asumiendo responsabilidades empresariales en ese sentido; no tienen el mismo efecto los gigantescos capitales financieros que se atienen a las normas bursátiles y de gestión bancaria, que los que las evaden con la creación de derivados financieros fuera de todo control.
Es cierto que Obama, Clinton, y, quizá de otra manera Sanders, negocian con los grandes capitales de todo tipo para que funcionen en condiciones menos desfavorables o más favorables para nuestras sociedades, pero no imponen simplemente los intereses de estos en contra de lo que la mayoría de la sociedad y de consensos científicos considera aceptable.Y, lo que es aún más importante, tienen políticas que favorecen la democracia, la paz, el desarrollo científico y la globalización con normas gana-gana para todos los países, con concesiones recíprocas, y no de imposición unilateral -aunque sí se nota su mayor poderío.
Claro que para apreciar esto no se puede tener la globalización como el enemigo a combatir, en cuyo caso efectivamente Trump hasta resulta un aliado.

13.1.17

Democracia, cambios y centro político

Alfredo Stecher

13.1.2017


19.1.2017: corrección al artículo:
A través de Compartiendo, artículos distribuidos semanalmente por Fernando Alvarado, del Centro Ideas, he recibido un comentario del doctor Alejandro Grobman, que agradezco y que me lleva a una corrección.
Escribe: Sr. Stecher: Se puede quebrar la solidez de la democracia con declaraciones tales como la que Ud. indica en su texto: “los cambios más profundos no pueden limitarse al control del Gobierno y aparato estatal, tiene que incluir un control o al menos importante de la institucionalidad civil”. Sería bueno que aclare qué quiere decir con ello.
Saludos cordiales, Alexander Grobman
Mi respuesta: Sr. Grobman: Le doy la razón en objetar mi formulación, bastante infeliz, que sin ser mi intención se puede interpretar como control desde el gobierno, pero intenta decir que las mismas opiniones y objetivos que guían al gobierno deben predominar en la sociedad y sus instituciones, para facilitar su éxito. Lamento mi lapsus.

Corrijo el final del cuarto párrafo:
Hay personas que, desde ambos extremos del espectro de autodefiniciones políticas, se mofan de la importancia que asignamos muchas personas a ganar el centro, no con posiciones ni chicha ni limonada, sino convenciéndolo de que la propuesta que se tiene es lo mejor para el país, incluidos ellos, al menos mucho mejor que otras; y que, con metas ambiciosas, se avanzará sin embargo con la moderación y gradualismo necesarios para mantener la estabilidad económica y política.
Esas mofas son intrínsecamente antidemocráticas, porque obvian la necesidad, en democracia, de ganar consensos amplios y obtener una mayoría absoluta o al menos una mayoría relativa, para poder gobernar en alianza con fuerzas menores o con la segunda mayoría. Desde la derecha, se trata de su convicción de que los poderes fácticos que representan pueden imponer su voluntad con ayuda de segmentos reaccionarios del aparato estatal; desde la izquierda, de manera difusa, de que el camino adecuado es una revolución que obligue a las mayorías que no les favorecen en las urnas, a plegarse una vez constatada la bondad de sus políticas iniciales (y la fuerza de su capacidad represiva). En el primer caso, se trata de una dictadura fáctica, en el segundo, de una dictadura a secas, aunque en ambos casos mantengan algunas formas democráticas. Y, por supuesto, hay miles de variantes.
La posición realmente democrática admite que el país -y el mundo- pueden avanzar más y mejor bajo el sistema democrático, aunque gobiernen fuerzas con idearios y prácticas que no compartimos, siempre que no asuman posiciones extremas que llevan a salidas totalitarias.

Se trata de formular y difundir los planteamientos que se considera, con fundamentos, a la vez propulsores de más desarrollo, justicia, equidad y reducción de los males del sistema, y posibles de realizar, en plazos razonables, con prioridades justas y atinadas, y de mejoras en la cultura general, en la escena política y en la dinámica estatal. Se trata de convencer de esto a quienes inicialmente no lo comparten o en quienes suscita dudas. Hay que canalizar el descontento popular legítimo, pero no basta eso para mejorar la sociedad y el país. Y, haciendo eso, hay que fomentar un cambio cultural y la formación de cuadros políticos e instituciones capaces de asumir y desarrollar esas posiciones permanentemente y, en diversos momentos, desde partes del aparato estatal y del Gobierno, así como desde la sociedad civil. El poder necesario para los cambios más profundos no puede limitarse al control del Gobierno y aparato estatal, requiere que las mismas opiniones y objetivos que guían al gobierno predominen en la sociedad y sus instituciones, o al menos en parte importante de la institucionalidad civil, para facilitar su éxito.
Esto es complejo y exige superar el simplismo de muchos políticos, personas y organizaciones, que creen que basta con carisma -que ayuda mucho-, con promesas para todos los gustos -populismo-, con desacreditación de los adversarios-en parte necesaria, con decencia- y con desenmascaramiento de los enemigos. Las batallas a dar son a la vez por alternativas de gobierno y por el fortalecimiento de la democracia.
Como dice el columnista Daniel Innerarity, hay que ganar una batalla conceptual que haga inteligible la idea de una democracia compleja, un conjunto de valores y procedimientos que hay que saber orquestar y equilibrar (participación ciudadana, elecciones libres, juicio de los expertos, soberanía nacional, protección de las minorías, primacía del derecho, deliberación, representación).
La voluntad popular es un factor de base de la democracia, pero no es positiva la que solo expresa ánimos del momento y no lo que se requiere para progresar, que son decisiones reflexionadas sobre opciones elaboradas por élites de todo tipo, con intervención de análisis científicos y de políticos que han evidenciado seriedad, compromiso, consecuencia y resultados positivos para al conjunto del país, y con interiorización de parte de segmentos significativos de la población.
Frente a las posiciones extremas se presenta el dilema de cómo tolerar a la intolerancia, de cómo impedir que hagan daño sin conculcar los derechos que también tienen, y buscando amortiguar o encauzar sus desacuerdos, protestas y alternativas extremas para evitar el daño que causan o pueden causar a la sociedad y al sistema democrático.



6.1.17

Fidel Castro

Alfredo Stecher

6.1.2017


Como en toda muerte, van mis condolencias a quienes sienten que han perdido un ser querido o admirado.
Ha sido impresionante la cantidad de páginas en diarios con reflexiones sobre lo que significó ese líder latinoamericano. Se benefició del aura del Che, pero principalmente de su propia capacidad para hipnotizar a su pueblo y a muchos jóvenes y no tan jóvenes, especialmente en Latinoamérica y Europa. Amainada ya hace décadas esta marea, que fue corresponsable de la muerte inútil y contraproducente de miles de jóvenes, quiero dejar testimonio de lo que significó para mí.
Nunca fui fan de él y de sus políticas, tampoco del Che, aunque reconocí el coraje y las buenas intenciones iniciales de ambos, y admiré la gesta contra la dictadura de Batista. Consideré a la revolución cubana parte del mundo político de izquierda, del que no excluía a nadie mentalmente. Pero, en tanto joven revolucionario socialista, tuve radicales discrepancias con ambos y un creciente rechazo a la megalomanía de Fidel y el fomento del culto a su personalidad.
En retrospectiva (no recuerdo haber tenido conciencia de eso en ese momento), hubiese valorado, como intención, sus declaraciones en 1959, primer año de su ascenso al Poder, ante públicos divididos en los Estados Unidos, sobre no ser comunista y estar por una tercera vía, entre capitalismo, que mata, y comunismo, que suprime libertades, su compromiso con una prensa libre, y su intención de realizar una reforma agraria con generación de pequeños propietarios como parte de una verdadera democracia. En mi primer año en la universidad, 1964, eran esas las ideas que me atrajeron un tiempo hacia posiciones social cristianas, influenciado por la revista Mensaje, de jesuitas chilenos. Pero ya en 1961, Castro, desilusionado, con razón, con los Estados Unidos, en ese tiempo percibido como el imperialismo enemigo de América Latina, se había alineado con la URSS y se identificó con el marxismo – leninismo en su versión más simplista.
Me habían seguido un tiempo causando simpatía la personalidad y la imagen del Che. Pero ya a mediados de los sesenta, antes de su sacrificio en Bolivia, tenía difusas discrepancias con sus ideas económicas y un claro rechazo a su táctica de guerrilla. Consideraba errada la política de exportación de la revolución, ejemplificada en sus gestas fracasadas en África y Bolivia. Desde que abracé la causa socialista, en 1965, me imaginaba su desarrollo como el de una enorme mayoría del pueblo luchando masivamente contra el Estado que la oprimía, obligado a tomar las armas, junto con sectores del Ejército, por cerrárseles el camino democrático.
A fines de los sesenta, cuando un amigo encandilado por esa Revolución regresó de una visita a La Habana y nos contaba sus vivencias, recuerdo haber criticado, junto con otros, las elecciones en cada barrio para respaldar a una lista única, del partido único, y haberlas calificado como no democráticas. Debo confesar que no fui consecuente, durante algún tiempo, respecto del maoísmo, por ceguera ideológica.
De no ser por la estúpida política de los Estados Unidos, sostenida por la fuerza electoral del exilio cubano, probablemente el castrismo hubiera caído hace algunas décadas o hubiera sido obligado a una rápida evolución. Se necesitaban mutuamente, el uno para poder atribuir todos los males a un enemigo externo, el otro para mostrar su dureza y consecuencia, a la vez que iniciaba negocios con la URSS, y, posteriormente, una apertura político-comercial hacia China; y luego el deshielo a partir de Gorbachov. Hay que reconocer al régimen una notable capacidad de aprovechamiento del conflicto con Estados Unidos para mantener alineada una alta proporción y quizá mayoría de la población, algo facilitado por la permanente sangría de cubanos emprendedores, con formación y con habilidades que de otro modo hubieran sido parte de un fuerte movimiento de resistencia interna (en general no particularmente democráticos).
Ha habido cosas admirables en Cuba, en particular la masificación de la educación y del sistema de salud públicos, con algunos avances importantes, pero reproduciendo defectos de la educación occidental y de los sistemas soviéticos. Inicialmente se creó también un amplio aparato cultural, con algo de cine y la labor editorial de la Casa de las Américas, con una apertura que colapsó a raíz del caso Padilla, poeta premiado que, por sus críticas al sistema fue obligado a una denigrante y penosa autocrítica pública, al estilo estalinista, y posteriormente a exiliarse. El caso Padilla provocó la ruptura con la revolución cubana de gran parte de la intelectualidad latinoamericana y mundial que la estaba apoyando; de nuestros cercanos, Mario Vargas Llosa y Jorge Edwards. Y no ha cesado la política de discriminación de minorías sociales.
La política económica y el inmovilismo político con represión y corrupción han llevado a una decadencia de todo, desde los servicios públicos hasta el abastecimiento material, con reemplazo de comida por discursos, racionamiento a niveles muy bajos de ropa y comida, escasez de casi todo, en especial de medicamentos, especialmente visible para el foráneo en La Habana, sus casas y su parque automotor, mientras que las mansiones de los ricos son ocupadas por dirigentes del Partido. En eso juegan un rol importante el embargo norteamericano y la pérdida de sus dos sucesivos auspiciadores, la URSS, por su derrumbe y vuelta al capitalismo en 1991, y Venezuela, por la reciente caída del precio del petróleo y su desgobierno; pero nada impedía a un país con varios recursos naturales, profundizar los lazos con otros países desarrollados y con gran parte de Latinoamérica, a partir de su compromiso con ya no intentar exportar la revolución, si hubiera contado con una base económica diversificada. Sin embargo hay que reconocer que Cuba está entre los países con mejores índices de desarrollo humano (esperanza de vida, alfabetización, nivel educativo y cobertura sanitaria y de salud) y de huella ecológica (por su escasa industrialización).
En tanto economista y crítico del estalinismo desde una óptica bastante democrática consideré un despropósito la política económica basada en la producción de azúcar con la URSS como único cliente, y me escandalizó y sigue escandalizando la disposición explícita de Castro, en 1962, durante la crisis de los misiles, de sacrificar a toda la población de Cuba en un holocausto nuclear. Y, como en todos los países de la órbita soviética, el aparato estatal es policiaco y exhibe todas las taras de ineficiencia y corrupción habituales, con la particularidad de que su poder se basa centralmente en el Ejército, como en Venezuela. Es cierto que la tecnología moderna lo ha obligado a una cierta tolerancia frente a intelectuales disidentes, como Yoani Sánchez (notable y equilibrada bloguera), eso sí, ninguna, frente a protestas callejeras.
Fue exitosa su política de apoyo militar -según Castro, sin interés material-, entre 1975 y 1991, en Angola, colonia portuguesa que, ante su independencia gracias a la revolución de los claveles, en Portugal, fue invadida por fuerzas congoleñas y sudafricanas. La intervención, apoyada por la URSS y China, llevó al despliegue de 350000 soldados cubanos a lo largo de los tres lustros y de más de 50000 profesionales de apoyo, especialmente de salud. No estoy en condiciones de evaluar ese involucramiento militar, pero ha sido en general considerado exitoso; no sé cuánto, para el porvenir de Angola. Sí es evidente que fue un pulseo entre los países comunistas y capitalistas, con involucramiento incluso de la OTAN, en que las fuerzas cubanas fueron el respaldo en terreno a uno de los bandos de luchadores angoleños, el Movimiento Popular para la Liberación de Angola, que terminó ganando la guerra civil desatada tras la independencia.
En la isla la pérdida del apoyo soviético fue compensada, después de un período crítico, por la ayuda venezolana, cuya declinación por la crisis en Venezuela ha llevado a otro período de mayores penurias y ha obligado al régimen cubano, ya bajo Raúl Castro, a una tímida política de reformas económicas, con despliegue de la asfixiada economía de pequeña escala.
La particular habilidad de Fidel para mantener la adhesión a su figura y Poder, se expresa póstumamente en la inteligente medida de no autorizar el uso de su nombre para designar calles y plazas, y con el reemplazo de una posible efigie por una roca sobre la tumba de sus cenizas, en aparente cumplimiento de su rechazo al culto a la personalidad, en su aspecto menos relevante. Lo más importante de este ha sido su omnipresencia, perpetuada a modo dinástico por el nombramiento de su hermano como su sucesor, con los mismos poderes (aunque no con el mismo carisma).
Fidel marcó una época, con un epílogo que parecía interminable y todavía no termina de terminar. Probablemente Trump ayude a alargarlo.